Monday, 5 April 2021

4 de Mayo: ¿La irresponsabilidad mantendrá el poder en Madrid?

El 4 de Mayo habrá elecciones en Madrid, y todas las encuestas confirman que el Partido Popular será el gran ganador. No está claro si tendrá o no la mayoría para poder gobernar: mucho dependerá de la supervivencia de Ciudadanos. Si C’s conseguirá superar el 5% de los votos y conseguir, por lo menos, los 7 diputados correspondientes, es muy probable que la derecha tenga mayoría, si no, todo está todavía por ver.

Hay varias razones que explican este éxito del PP. Algunas de ellas son de simple “matemática electoral”. En 2019, en el momento de máximo auge de Ciudadanos, el PSOE ganó las elecciones y el PP se hundió. Esto significa que en Madrid C’s quitó votos casi exclusivamente al PP, y prácticamente ninguno al PSOE. Es lógico pensar que ahora que C’s se hunde casi todos estos votos vuelvan al PP. 

Por otro lado, el PP de Madrid está muy escorado a la derecha, más que en otras comunidades. La gestión de Ayuso es esencialmente la que podría hacer VOX. Esto hace que VOX no sea una opción tan apetecible para la derecha del PP, y reducirá mucho el trasvaso de PP a VOX que se ha verificado en otras comunidades.

También, tradicionalmente, en Madrid la derecha vota más que la izquierda. La participación roza el 75% en los barrios más ricos y en general "de derechas", y se queda en el 60% en los barrios "de izquierda". El hecho que las elecciones sean un martes y que el gobierno regional se haya negado a declarar el 4 de Mayo festivo también los ayudará (y hay más que una sospecha que esta es la razón real por no declarar festivo el día de las elecciones).

Pero hay más razones para este éxito previsto, y la más absurda es la siguiente: Ayuso no ganará las elecciones a pesar de su gestión irresponsable, las ganará gracias a ella. Madrid premia la irresponsabilidad, premia a quien pone el derecho a la caña por encima del derecho a la salud, a quien ignora la atención primaria y abre el interior de bares y restaurantes. Madrid es el epitome de la cultura del egoísmo, de la cerrazón y de la insolidaridad en que vivimos: a muchos madrileños les interesa sólo lo que ven y sólo lo que les afecta directamente. Los hospitales, las UCIs colapsadas no se ven, el vino en el interior de un bar, sí. "Lo que no me afecta directamente, no existe": esta es la ideología en que vivimos, y esto es lo que Madrid va a votar.

Hace unos meses, una enfermera de Madrid publicó una carta abierta hablando de su desesperante situación en el trabajo. Allí habló de una conversación que tuvo con el hijo de unos amigos, un joven que se saltaba las medidas y se iba de fiesta. Lo que el chico le dijo no podría ser más claro (cito de memoria): “a mi me gusta ir de fiestas, y en cuanto no le pase nada a mi familia, los muertos me dan igual”. Temo que esta sea la mentalidad de muchos madrileños. Es esta mentalidad la que premia la nefasta gestión de Ayuso y que le dará la victoria.

En muchos casos la desinformación ha ayudado a propagar el discurso del gobierno regional, dándole esencialmente la hegemonía y difundiendo la sensación de un éxito de gestión que está muy lejos de la realidad. Hasta se ha llegado al absurdo de hablar de "milagro madrileño" para calificar el descontrol que hemos vivido en nuestra comunidad. Lo sorprendente es que los datos están allí. El dato epidemiológico que más directamente se relaciona con las medidas es el número de contagiados (el número de muerto depende también de otras variables, por tanto no es la mejor medida del éxito de las medidas. Usarlo es un poco como medir el tiempo desde la última comida usando el hambre que se tiene: el hambre depende de muchos factores por tanto, a pesar de ser una buena medida para saber cuando cenar, no es un buen sustituto del reloj para saber cuando coger el tren de las 17). 

Si consideramos la incidencia acumulada desde el 1 de Julio (más o menos cuando las CCAA recuperaron sus competencias), hasta el 1/4/2021, Madrid tiene unos 8.200 casos por cada 100.000 habitantes: el valor más alto de España. Es un dato que es fácil esconder si se tiene una buena máquina de propaganda: los datos oficiales sólo dan la IA a corto plazo (IA-14 días e IA-7 días) y muchas veces hay comunidades con una IA más alta que Madrid. Lo que no se considera es que Madrid está siempre entre las primeras dos o tres, mientras las que hoy están por encima de Madrid mañana están muy por debajo. Así, mirando siempre al caso temporáneamente peor, no se nota que Madrid ha tenido una ola más larga que los demás, y que los casos se acumulan, un problema de que hablé en ocasión del comienzo de la tercera ola.

Por ejemplo, en Madrid se hacían comparaciones con Valencia cuando Valencia tenía una IA de 1.200 y Madrid una de 900. No se habla mucho, por otro lado, del hecho que en poco más de un mes Valencia ha reducido si IA a menos de 30, mientras Madrid está en más de 250 (datos del 1/4/2021). Valencia ha aprendido la lección del desastre de enero, cierra la hostelería a las 18 e impone estrictas limitaciones a la movilidad. Medidas incómodas, pero que funcionan. Las cañas se pagan con muertos.

Hay quien usa como justificante para estos malos datos la densidad media de población en Madrid, olvidando que la densidad media no es necesariamente la variable epidemiológicamente más significativa: la densidad mediana lo es mucho más. Me explico. Consideramos el caso de Alberta, en Canadá. Alberta es un territorio enorme (660.000 Km2) con pocos habitantes (4 millones). Su densidad media es muy baja (6 habitantes per Km2). Por otro lado, más de la mitad de los habitantes de Alberta viven en Calgary: el resto del territorio es como si no existiera. Desde un punto de vista epidemiológico, la situación de Alberta es la misma que habría si fuera un estado muy pequeño que sólo incluye la ciudad de Calgary y pocas más.

Hay muchas consideraciones de este estilo que se pueden hacer sobre el desastre de la gestión de Madrid, pero, como he dicho, parece que el discurso del gobierno regional se ha vuelto hegemónico, los mensajes basados en datos ciertos y consideraciones racionales no consiguen difundirse por encima del autobombo del "milagro". Y, temo, no consiguen difundirse principalmente por la visión egoísta del problema que muchos tienen y por el fenómeno de la "burbuja informativa": se oye sólo lo que nos gusta oír, sólo lo que confirma nuestros prejuicios y nuestras ideas preconcebida. Si lo que me interesa es salir a cenar y no me interesa la situación en los hospitales en cuanto no me toca directamente, pues, escucho quien habla de milagro y considero falsedad lo que dicen los que se oponen.

Dada esta actitud de parte de los madrileños, hay que reconocer que el gobierno de Ayuso es su gobierno ideal. Quien aprecia las medidas populista que hacen mella en la prensa, tendrá gobiernos populistas. Gastar dinero en reforzar la atención primaria era la medida más necesaria, pero este dinero "no se ve". Mejor construir un hospital inútil, sin contratar a médicos para trabajar allí, pero que permite una bonita ceremonia de inauguración y declarar "yo he construido un hospital". Quien se queda en la superficie de las cosas, no las analiza y se cree estos proclamas, tiene sus representantes ideales en la Comunidad de Madrid.

La presidente de la comunidad ha convocado elecciones en un momento en que se siente fuerte, y las encuestas le dan la razón. Hay quien dice que sólo un milagro podría hacer caer su gobierno. Pero... ¿quien dice que los milagros no se pueden realizar?

Monday, 29 March 2021

El suicidio arquitectónico de Madrid

Tras dos años de trabajos, la reforma de la estación de tribunal en Madrid ha llegado a su conclusión. Se trata de una reforma importante y necesaria para mejorar las instalaciones y permitir el acceso a las personas con movilidad reducida. Pero se trata también de una ocasión perdida: es una pena que, en lugar de recuperar y valorizar las baldosas blancas típicas de las estaciones de metro de Madrid, la reforma las ha eliminado y remplazado con anónimas planchas de metal que eliminan la "personalidad" de la estación y que en unos veinte años ya habrán envejecido. Si no se quería recuperar el aspecto original de la estación, había otras soluciones que permitían mantener su unicidad. Se podía, así como se hace por ejemplo en Paris, encomendar el diseño de su aspecto a un artista (en Paris distintas estaciones han sido decoradas por diferentes artistas, con un muy buen resultado). Pero no: como demasiadas veces sucede en la historia reciente de Madrid, se ha preferido la uniformidad anodina y la baja calidad a la unicidad y la duración.

 La falta de respeto para la historia del Metro puede parecer un asunto menor (y, en muchos sentido, lo es), pero es el epitome de la falta de respeto de Madrid hacia sigo misma.

 Madrid es una ciudad que, sobre todo en los años '60, '70 y '80 del Siglo pasado ha trabajado muy duro en destruirse. Desde el derrumbe de palacios (El Palacio del Duque de Uceda en la Plaza de Colon es un ejemplo) hasta la destrucción de entero viejos barrios (el viejo barrio de Argüelles con la Iglesia del Buen Suceso para la construcción del bloque del Corte Inglés de la Calle Princesa), Madrid ha destruido su historia en aras de horrores arquitectónicos. Ha sido constantemente incapaz de mantener y reformar lo que tenía. Incluso las pocas normas que tiene, por ejemplo la que impone mantener las fachadas en obras de reforma, han sido tomado poco en serio: es suficiente ver las critica que recibió la alcaldesa Carmena cuando aplicó esta norma a la protección del edificio España de la Plaza de España.

Incluso cuando se reforma, parece que Madrid no se respete. Todas las reformas y las peatonalizaciones en el centro de Madrid de los últimos 15 años se han hecho con la misma piedra: una piedra gris, débil y porosa. El gris de la piedra da a la ciudad su aspecto triste, la porosidad hace que la suciedad entre en poco tiempo en la piedra, dando a la ciudad un aspecto sucio, la debilidad hace que las baldosas se rompan o se desplacen en pocos años, dando a la ciudad un aspecto descuidado. Es suficiente pasar por las calles de Chueca, reformada hace menos de tres años, para ver piedras rotas y ya empapadas de suciedad y del aceite de los coches. Lo mismo en la Calle Fuencarral, en Callao, en Malasaña. Una cosa parece olvidársele casi siempre a nuestros arquitectos: las calles peatonales, por la mañana, están abiertas a las furgonetas de reparto, y es necesario diseñarla para que aguanten el peso y las maniobras de estas furgonetas: las baldosas grandes y débiles se rompen y se desplazan en pocos meses, sobre todo si reposan en una base no muy bien hecha. Y no hace falta viajar a países exóticos para ver un ejemplo de reforma bien hecha: es suficiente darse un paseo por el centro, bien reformado, de Málaga.

Las furgonetas y sus conductores, hay que admitirlo, tampoco ayudan. A los conductores no parece importarle mucho preservar y cuidar la ciudad en que viven. Las furgonetas arrasan sin piedad bolardos, doblan farolas, destruyen las estructuras alrededor de los árboles y, a veces, los mismos árboles. En la Calle Carretas o en Fuencarral buena parte de las decoraciones de metal alrededor de los árboles están destrozadas por conductores descuidados. Los madrileños de "a pié" tampoco cuidan a su ciudad, llenándola de suciedad (un ejemplo: los japoneses fuman tanto como los españoles, pero por las calles de Tokio o de Osaka no se ve una colilla; Madrid está lleno de ellas).


Tampoco las paredes se salvan, atacadas por todos lados. Por un lado, tenemos los grafiteros, estas personas que se definen a si mismas "artistas urbanos" pero que a menudo no van más allá del narcisismo de escribir su propio nombre. Duchamp quizás habría sabido dar un sentido a la idea de una firma sin cuadro (en oposición al cuadro anónimo, sin firma), pero consideraciones de este tipo parecen estar por encima de las consideraciones de nuestros grafiteros. Lo peor es que, así como el barro después de una inundación, lo cubren todo. Alguien, especialmente inculto y destructor, ha llegado a destrozar el trompe l'oeil de la Calle Montera que, si no era una obra maestra de la pintura, daba sin duda a la calle cierto carácter. Más, sin duda, que el vulgar nombre del grafitero, que es lo que tenemos ahora.

Al otro lado, tenemos la publicidad en los andamios, forma de grafitos legal pero igualmente vulgar y molesta. Mientras en Roma o Paris los andamios se cubren con una foto del edificio para limitar su impacto estético, en Madrid se cubren con publicidades cada vez más grandes y ordinarios.

Las tiendas y los negocios, que tanta parte tienen en dar personalidad a una ciudad, no consiguen cumplir esta función en Madrid. Al contrario de ciudades como san Francisco, que limitan drásticamente por ley la presencia de cadenas y franquicias en su centro, dejando espacio a las actividades sociales, Madrid parece trabajar en contra de ellos, facilitando la llegada de grandes cadenas que diluyen su personalidad y transforman calles como la Gran Vía en poco más de un centro comercial a cielo abierto. Caso todas las viejas tiendas con fachadas de hierro forjado o madera, que so su unicidad daban un toque a los viejos barrios de Madrid, han desaparecido, remplazadas por la ordinariez de las "imágenes corporativas" de las empresas, un fenómeno que ya había observado hace unos años.

Por alguna razón que no tengo del todo clara (incultura, puede ser), los madrileños no aman y no respetan a su ciudad, una ciudad que destruye constantemente su historia, que parece trabajar activamente en destruir su personalidad. Una especie de Las Vegas local, y quizás no es casualidad que justo aquí se quería construir esa monstruosidad que era Eurovegas. Pero una Las Vegas triste, una Las Vegas gris y sucia. Una pseudo Las Vegas sin la alegría de ser hortera y la alocada experimentación que caracteriza la ciudad de Nevada.

 Concluyo con una previsión: se está reformando la estación de Metro de Sol, otra reforma útil y necesaria. La estación, en sus orígenes, tenía una marquesina Art Deco que se eliminó para dejar espacio a una intersección entre la Gran Vía y la Calle Montera que, en ese momento, estaba abierta a los coches. Ahora que la Calle Montera se ha peatonalizado, se podría reconstruir la marquesina como señal de identidad del Metro (un poco como las entradas Art Deco de las estaciones de Metro de Paris). Apuesto que no se hará, que se pondrá una entrada anónima con un ascensor en un anónimo marco de aluminio. Espero, de todo corazón, perder la apuesta. 


08/06/2021

Me alegra comunicar que he perdido la apuesta con que terminaba mi escrito. LA estación de Metro de Gran Vía no tiene como entrada un marco de aluminio sino una estructura de piedra con una marquesina un poco en el estilo de la vieja entrada. No me gusta del todo: el Metro es una de las cumbres de la segunda revolución industrial (la del Siglo XIX-XX) y una entrada metálica de forja habría sido más apropiada. Además, la piedra gris y porosa tendrá todos los problemas de todas las reformas de Madrid. Lo peor, pero, está en el interior, donde se han repetido los estragos típicos de Madrid: en lugar de recuperar las partes de la vieja estación o, por lo menos, restituir su carácter, se ha preferido ir a un modernismo blando, ordinario, con paneles metálicos, iluminación de tienda de ropa, y una mega pantalla donde Metro de Madrid hace autobombo. Un desastre.

 

 

 

Saturday, 13 March 2021

Quer pasticciaccio brutto de puerta del sol

En el momento en que escribo (13 de Marzo de 2021), la situación del terremoto político en España es la siguiente: parece que el PP ha conseguido parar la moción de censura en Murcia comprando (no se me ocurre otro verbo para describir la maniobra) tres votos de C’s a cambio de sillones. En Madrid los tribunales todavía no se han pronunciado, pero lo más probable es que haya elecciones el 4 de Mayo.

La situación que parece estar más estable es la de Murcia. García Egea ha conseguido comprar tres votos, dos diputados de Ciudadanos se han visto ofrecer Consejería a cambio de votar en contra de la moción de censura, con buena paz del pacto anti-transfugismo que hace escasos meses (en Noviembre) se extendió a todas las administraciones públicas.

Está claro que Arrimada ha, en algún momento, calculado mal. O bien ha sobrevalorado la disciplina de sus diputados (un error muy poco justificable en un partido que se está desangrando y donde ya parte de la cúpula se ha ido a otros partidos), o ha pensado, con una ingenuidad casi imperdonable, que un pacto firmado pudiera impedir al PP hacer lo que le conviene. Partiendo de la frase de von Clausewitz que "laguerra es la continuación de la política con otros medios" y de la máxima que "en guerra y en amor todo está permitido", hay quien ha sacado la conclusión que "en política todo vale", incluso ignorar los pactos anti-transfuguismo firmados en 1998 y renovados en Noviembre 2020. Es una buena lección que todos los que quieren negociar con el PP en el futuro deberían aprender.

En Madrid la situación es más compleja, y en este caso no podemos considerar el PP como una entidad monolítica: es posible que en Madrid parte del PP gane sobre otra parte.

Asumiendo que haya elecciones y que, como dicen las encuestas, el PP las gane, hay tres escenarios posibles: (1) el PP consigue mayoría absoluta, (2) el PP gana pero necesita el apoyo de VOX para gobernar o (3) la izquierda consigue un número suficiente de escaños para que gobierne Gabilondo. La tercera hipótesis no parece, en este momento, muy probable.

El primer escenario sería un éxito rotundo del PP: Ayuso ganaría porque su gestión, que no puedo definir de otra manera que irresponsable, se verá premiada, y Casado ganará porque consigue un primer éxito sobre VOX y puede empezar en el programa anunciado de desvincular el PP de VOX. Se trata de un escenario posible. Es cierto que en casi toda España VOX está ganando votos quitándoselos al PP, pero Madrid está en una situación particular. Ideológicamente, Ayuso está tan alineada con la ideología de VOX que los electores que en otras regiones huyen del PP hacia VOX en Madrid podrían quedarse. Es decir, en Madrid VOX podría no ganar mucho. Queda que ver adonde irán los votos de Ciudadanos: Ciudadanos consiguió el éxito en Madrid en un momento en que todavía se presentaba como “partido bisagra”, que podía negociar con PSOE y PP, y recibió muchos votos de la parte “derecha” del PSOE. Se trata de votos que, dada la ideología bastante extrema de Ayuso, podrían volver al PSOE.

El segundo escenario (gobierno con VOX) sería un éxito para Ayuso y su política, pero una derrota para la línea política que Casado ha anunciado ya desde el discurso en la moción de censura de VOX. En este caso sería sí un éxito personal para Ayuso, pero un problema adicional para el PP en un momento de crisis y divisiones internas.

Lo absurdo de Madrid es que Ayuso no va a ganar a pesar de su pésima gestión de la pandemia (de que ya he hablado en otro escrito), sino gracias a ella. En Madrid, parece, hay mucha gente que ve salir de copas o de caña como la única cosa importante, ciertamente más importante que el colapso de la sanidad y el desgaste de los médicos. Salir es su juguete, y muchos tienen la mentalidad de un niño de nueve años: no quieren que se le quite su juguete, y les da igual que esto cause problemas serios a otras personas: en cuanto no le pase nada a ellos, lo único que le interesa es su juguete. Luego, claro, si le pasa algo (por ejemplo, si se infectan o si un familiar se contagia) no asumirán su responsabilidad y buscarán un culpable (Fernando Simón, normalmente). Pero por el momento están encantado con cualquiera les deje su juguete. El hecho que Madrid tenga la IA cumulativa desde el 1/7 más alta de España no les interesa. Actitudes irresponsables e insolidarias que ven en la gestión de Ayuso un aliado importante.

Es una pena ver como la solidaridad que todos sentimos en los meses duros del confinamiento se ha desvanecido en comportamientos insolidarios y dañinos. Pero es algo que ya se veía venir desde junio, y sobre eso también he escrito

Thursday, 4 March 2021

Otro viaje a Italia en época de covid-19

Por segunda vez en pocos meses he vuelto a viajar a Italia, más exactamente a Vinci, en la Toscana, en la orilla del rio Arno, más o menos a mitad de camino entre Florencia y Pisa. Estuve allí a finales de Agosto, y escribí mis impresiones entonces. He vuelto ahora, y la situación es completamente diferente. En general, en Agosto, mi impresión fue que por un lado las medidas oficiales para entrar en Italia eran más rígidas que en España (se pedía una PCR, a pesar de que en el aeropuerto nadie me controló nada) pero que las medidas locales eran mucho más relajadas. Las cosas, ahora, se han invertido.

Llegar a Vinci es hoy mucho más complicado que en Agosto. Ya no hay vuelos de Madrid ni a Pisa ni a Florencia, y es necesario volar a Fiumicino y desde allí coger un tren a Florencia y luego a Empoli. Para entrar en Italia sigue siendo necesario un test pero, sorprendentemente, ahora Italia acepta PCR y test de antígenos una decisión que, como observó la enfermera que me hizo el test, no tiene mucho sentido, dado que el test de antígenos tiene un alto taso de falsos negativos en asintomáticos. Además, en el aeropuerto hay que hacer varias declaraciones juradas de ausencia de síntomas, de contacto, hay que aclarar la razón del viaje etc. Esta vez sí alguien echó un ojo al resultado de mi test, pero nadie me pidió las declaraciones que había rellenado, ni las que rellené en el avión ni las que rellené antes de meterme en el tren para justificar al tránsito de una región a otra.

Las medidas para volver a España son más estrictas. Es necesaria una PCR (no vale el test de antígenos---cosa que puede presentar problemas porque tiene que estar hecha en las últimas 72 horas y en Italia el resultado puede tardar hasta 48) y antes de salir hay que rellenar un formulario on-line con todo tipo de datos. Con el formulario nos llega un email con un código QR que ese necesario escanear para poder salir del aeropuerto.

Por otro lado, ahora parece que Italia está tomando la situación mucho más en serio que España o, por lo menos, mucho más en serio que Madrid. La movilidad está reducida entre ayuntamientos (las personas se pueden desplazar sólo por motivos justificados). La hostelería, bares y restaurantes, está cerrada, y sólo se sirven comidas y bebidas para llevar. Hasta para tomarme un café con un amigo hemos tenido que pedirlo en el bar y luego sentarnos en un banco en un parque para tomarlo: ni siquiera las terrazas están abiertas, y esto que la Toscana no está todavía en el nivel máximo de alarma.

Italia ha evitado la locura absurda que hemos tenido en España en navidad. Ni se ha hablado de “salvar la navidad”, y no ha habido regiones que han empujado para relajar las medidas. En navidad en Italia todo estaba cerrado y la movilidad estaba fuertemente reducida. El premio ha sido un mes de enero con relativamente pocos casos y una tercera ola relativamente blanda. Nada comparado con los 15.000 muertos y el millón de casos de la tercera ola en España. Pero ahora los casos empiezan a aumentar y, como es lógico y como sostienen los modelosmatemáticos, las medidas hay que tomarla antes de llegar a una fase alta de la curva: mientras en España hay quien quiere repetir, en Semana Santa, la locura de navidad, Italia está aumentando las medidas en cuanto los casos empiezan a aumentar. Es una lección que deberíamos aprender, sobre todo en esas comunidades donde se empuja siempre para relajar las medidas, dando la prioridad a la economía sobre la salud y olvidando que sin salud no hay economía.

Por otro lado, confieso que me he alegrado que Lazio tuviera pocos casos y estuviera en un régimen más relajado. Salir de Fiumicino o esperar en Roma Termini es un placer. Desde el punto de vista de la arquitectura Fiumicino no es tan impresionante como la T4 de Barajas pero, al contrario de Barajas, todavía tiene un buen sentido del servicio. En Fiumicino o Termini es todavía posible sentarse en un restaurante donde un camarero vendrá a nuestra mesa, tomará el pedido y nos traerá buena comida. Barajas, lamentablemente, ha cedido por completo a la comida rápida. Los italianos, en este momento, tienen mucho que enseñarnos sobre cómo sobrevivir (al virus) y sobre como vivir.

Friday, 5 February 2021

La propiedad intelectual: ¿instrumento útil o anacronismo?

 En el momento en que escribo (3 de Febrero de 2021), la Organización Mundial del Comercio está debatiendo una propuesta para suspender las patentes de las vacunas, permitiendo así que los países más pobres, que no están recibiendo prácticamente dosis, la puedan producir. Se trata de una medida que ya se tomó en 2001 para que los países pobres pudieran producir medicamentos contra el VIH en un momento en que los casos llegaban a nivel de pandemia. Fue una decisión correcta, pero a que se llegó demasiado tare, y el resultado fueron miles de muertos.

 Los tiempos han cambiado, y no para mejor, así que lo más probable es que esta vez la propuesta no se apruebe, causando no sólo miles de muertos en los países más pobres, sino también una pandemia más larga y compleja en los más ricos (muchos sostienen que "el virus no conoce fronteras", pero pocos parecen actuar de manera consecuente con estas palabras).

 La propiedad intelectual es, desde hace años, un tema de primera importancia. Muchos están de acuerdo en que hay que reformarlo, pocos tienen ideas de como hacerlo. Es un tema vasto, que cubre aspectos tan diferentes como la música y las vacunas, y es probable que no haya una solución general, y que haya que ver caso a caso lo que hay que hacer.

 Nuestra obligación, como ciudadanos de países democráticos que participan en las decisiones políticas es, como siempre, intentar informarnos. En estas notas hablaré sobre todo de dos temas que me interesan mucho: el software y la música, pero creo que varias de las consideraciones que hago aquí se puedan extender a otros ámbitos.

 

El copyright

El copyright es la primera forma de propiedad intelectual que e ha reconocido. Es el resultado de la acción de dos de las fuerzas más revolucionarias del pasado milenio: la prensa y la industrialización.

La invención de la prensa consolidó el concepto de un texto como un corpus cerrado que sólo el autor puede cambiar, un autor que se identifica claramente y que asume la responsabilidad del contenido del texto. Esta idea, que hoy nos parece obvia, representó una ruptura respeto al concepto clásico y medieval del texto como una obra abierta, a que toda la comunidad de lectores contribuye. Por ejemplo, San Bonaventura habla casi con desprecio de los copistas que se limitan a copiar un texto sin aportar ningún cambio (es decir: ninguna contribución), y Platón considera que el lenguaje escrito es inferior al lenguaje hablado porque el texto escrito siempre corre el riesgo de cerrarse y hacerse inalterable. Antes de la invención de la prensa, los normal eran los textos colectivo, desde los poemas de Homer hasta los comentarios de los filósofos medievales.

 Cerrar el texto es un primer paso esencial para establecer la idea de posesión del mismo, ya sea por parte del autor o (como es a menudo el caso hoy), por parte de un subrogado. El cierre del texto lleva consigo la idea de dar crédito a un autor y la estandardizaciones de operaciones que hoy cualquier escritor considera naturales, tales como la citación o la reproducción con atribución de un pasaje de otro libro.

La prensa permite la creación de textos cerrados (y por tanto, controlables) y su gran reproducibilidad. La reproducibilidad causó, desde el principio, preocupación en los gobiernos por la posibilidad de difundir textos sediciosos, y resultó en la creación del primer antepasado del copyright: las licencias ad imprimendum solum otorgadas por los Tudor en Inglaterra desde 1538, y el monopolio que se otorgó a la London Stationers' Company.

El monopolio de los Stationers expiró en 1694 y, durante muchos años, el Parlamento ignoró las peticiones de renovación, en una oposición que parece haber sido esencialmente anti-monopolística y cercana a los intereses de la emergente burguesía industrial.

 La situación continuó incierta hasta 1710, cuando el Parlamento promulgó la primera ley moderna de Copyright: lo Statute of Anne, que cambia fundamentalmente la función de copyright, que pasa de ser un instrumento para el control gubernamental de la difusión de material sedicioso a ser un instrumento para la reglamentación de la propiedad, bien en línea con las necesidades de la naciente revolución industrial.

 Las preocupaciones anti-monopolíticas son muy presentes en las primeras leyes de propiedad intelectual que, comparado con las de hoy, garantizan el derecho a la propiedad intelectual durante un tiempo muy corto: 14 años en el caso de las primeras patentes en Inglaterra. Las preocupaciones anti-monopolísticas, y la idea que la propiedad intelectual es un mal necesario, justificable sólo si y cuando contribuya al bienestar social, es muy evidente en la Constitución de los Estados Unidos: “[Congress shall have the power] to promote the progress of science and useful arts, by securing for limited time to authors and inventors exclusive rights to their respective writings and discoveries” ([El Congreso tendrá el poder] de promocionar el progreso de la ciencia y de las artes útiles garantizando, durante un tiempo limitado a los autores derecho exclusivo sobre sus escritos y descubrimientos, énfasis mio). Está claro aquí que la propiedad intelectual es nada más que un medio hacia un fin, el fin es "promocionar el progreso de la ciencia y de las artes útiles" (remarcamos aquí al curiosa y muy Americana expresión "artes útiles").

 Una visión alternativa de la propiedad intelectual, común en la misma época (se encuentra, por ejemplo, en Locke), la veía como "derecho natural" del autor. La burguesía industrial rechazó este modelo en cuanto, claramente, un derecho natural no se puede ni comprar ni vender, por tanto la propiedad intelectual habría permanecido con el autor, y las empresas no podrían haberla adquirido.

 El carácter de la propiedad intelectual cambió, claramente, con la evolución de la industria y se transformó de un instrumento anti-monopolístico en un gran apoyo a los monopolios de los Siglos XIX y XX. Para darnos una idea de los cambios intervenido, pensemos que desde los 14 años de derechos reservados iniciales se pasó a 10 años tras la muerte del autor y este límite se ha ido extendiendo. Walt Disney murió en 1966 y, según la ley de EE.UU., todas sus creaciones habrían sido públicas 40 años después de su muerte, es decir, en 2006. En 2002 la Walt Disney Co. presionó el Congreso de EE.UU. para que extendiera este límite a 90 años tras la muerte del autor. Si nos fijamos en la motivación inicial de la propiedad intelectual, o incluso si consideramos la propiedad intelectual como un derecho natural del autor, está claro que un beneficio posterior a la muerte del autor no tiene sentido.

 Si aceptamos ver la propiedad intelectual y sobre todo el copyright como un reflejo de los intereses y de los valores de la industria, está claro que los cambios recientes en el panorama socio-eocnómico debería llevar a cambios drásticos en sus principios. En particular, las raíces industriales del copyright aparecen viejas ahora que Internet ha llevado el coste marginal de la difusión del conocimiento esencialmente a cero.

 

Copyright y creatividad

Dejando de un lado las tendencias monopolísticas de las grandes empresas (que, en sentido estricto, deberían ser considerada como anti-capitalistas), es interesante preguntarse si el la idea de propiedad intelectual que se propone en la Constitución Americana (un "mal necesario" para promocionar la creatividad) sigue válida.

¿Hay razones para creer que una revisión profunda del copyright tendría un efecto notable sobre la creatividad? Todo apunta a que no. Esto es bastante evidente en el campo del software, donde el software de código abierto está en la vanguardia de la creatividad, y es confirmado por la historia de la música, con su rica herencia de canciones populares de autoria anónima y compartida (es decir: textos abiertos) y de música con autor (textos cerrados) creada antes de la introducción del copyright.

Hace tan sólo un siglo, la música popular la creaban, compartían, reproducían, modificaban millones de escuchadores sin ninguna restricción; la idea que la música popular pudiera ser "propiedad" de alguien se parecía nada menos que ridícula, sin que esta libertad restringiera de ninguna manera la creatividad de los autores.

Por tanto, la justificación de promover el progreso de las "artes útiles" que, según la Constitución de los EE.UU. es la única justificación para la existencia de la propiedad intelectual no se aplica ni al software ni a la música.

Lo que sí se aplica es el (comprensible) deseo de las empresas que ganan mucho dinero con el modelo negocio actual de continuar a ganarlo. Estas empresas no pueden, por otro lado, exigir que se bloquee el progreso de la propiedad intelectual sólo para servir sus intereses.

Muchos aspectos del modelo de negocio de la música que se nos pide considerar como "naturales" (desde la venta de música independientemente de las actuaciones en vivo hasta la existencia de un "star system", la restricción del "mainstream" a pocos géneros y artistas rentables, o la misma idea de poseso de una pieza de música) son la consecuencia de un modelo que se ha construido en el último siglo alrededor de la existencia de un soporte físico para la música. En el momento en que la música se libera del soporte físico, no es descabellado pensar que el copyright también debería cambiar.

No cabe duda que la gran mayoría de los músicos se ganan su vida sobre todo con actuaciones en vivo, han ganado mucho con la distribución gratis a gran escala de su música. Extrapolando el modelo de la música, está claro que lo que peligraría con cambios sustanciales en el copyright no es la riqueza y calidad de las expresiones artísticas (que han existido mucho tiempo antes de la creación del copyright y que, a menudo se ven obstaculizadas por las leyes de propiedad intelectual) sino el modelo industrial que, en los últimos dos siglo, se ha venido construyendo. Pero este modelo está íntimamente relacionado con un desarrollo industrial que está desapareciendo: la propiedad intelectual tiene que adecuarse a la nueva realidad.

Consideraciones similares se pueden extender a muchos campos. Desde la investigación médica que a menudo se ve obstaculizada por la propiedad intelectual sobre elementos necesarios para investigar (y cuyo uso a menudo las empresas deniegan para no perder cuota de mercado frente a nuevos descubrimientos) hasta la imposibilidad de extender los nuevos descubrimientos a los países pobres que no pueden pagar el precio pedido por quien controla la propiedad intelectual.

Hay muchos campos en que la propiedad intelectual, así como se entiende hoy, ha cambiado de ser un incentivo al desarrollo de la ciencia y la tecnología a ser un obstáculo. Una reforma es necesaria y, principalmente, una reforma cultural, que no considere la propiedad intelectual como una mercancía, sino como un derecho personal del autor, un derecho que debe quedar, en cualquier caso, subordinado al bienestar social. Debemos pasar de un sistema en que la suspensión de la propiedad intelectual debe ser justificada a uno en que su existencia debe ser, caso por caso, justificada en términos de utilidad social.

La experiencia de la música o del software libre nos enseña que hay un número suficiente de personas creativas que responde a estímulos distintos de la propiedad como para seguir desarrollando la ciencia y la tecnología sin necesidad de propiedad intelectual. Los estudios que necesitan grandes inversiones deben ser rentables, está claro, pero hay mecanismos de rentabilidad que no necesitan la protección excesiva otorgada por las leyes de propiedad intelectual. Es natural que una empresa que ha invertido 100 millones quiera ganar por lo menos 200 con sus producto. No es normal que le otorguemos el derecho de ganar 2.000 a costa del bienestar de buena parte de la humanidad. Hay otras motivaciones más allá que la codicia desmesurada, y hay un número suficiente de personas que responden a ellas como para no tener que soportar la codicia desmesurada.

Seguramente no hay ninguna justificación razonable para que Walt Disney siga como propietario de sus personajes hasta por lo menos 2056.

Friday, 22 January 2021

Test de antígenos: ¿parte de la solución o parte del problema?

La Comunidad Autónoma de Madrid ha autorizado a dentistas y farmacia para que administren test de antígenos. A primera vista, una noticia positiva pero, si la analizamos bien, se trata de una medida de claro carácter populista que creará más problemas que soluciones.

En la base de todo está una consideración médica. Los test de antígenos no son fiables en personas asintomáticas, en particular, tienen una tasa muy alta (hasta un 70%) de falsos negativos. Esto quiere decir que el test da un resultado negativo a pesar de que la persona esté infectada. El test es mucho más fiable cuando aparecen síntomas, y en este caso tiene una utilidad muy clara, pero la interpretación de los resultados en personas sintomáticas es difícil y poco fiable.

¿Que pasará con la administración de estos test fuera del control médicos? Pues, lo que podemos esperar: habrá quien, recibiendo un resultado negativo y, posiblemente, una serie de caveat sobre la fiabilidad de los resultados, se olvidará de los caveat y sólo se fijará en la palabra mágica: negativo. Es probable que estas personas se relajen y aumenten sus contactos sociales sobre todo dentro de la familia (al fin y al cabo, ¿por qué no? He dado negativo, ¿no?) generando, en el caso de falsos negativos, contagios.

Los médicos lo han repetido muchas veces pero, al parecer, pocos escuchan, y menos los políticos: los únicos test fiables en personas asintomáticas son las PCR.

Si las consecuencias de esta medida va a ser negativa, ¿por qué se ha tomado? Aquí entramos en el terreno de las especulaciones pero, dada la historia de las actuaciones de la CAM, me atrevo a especular.

Primero, administrar los test es un buen negocio. Los test se pagan y conocemos las preferencias del actual gobierno de la CAM en la dicotomía entre público y privado. La administración de estos test, y el sentido de seguridad que generan, ayudarán también la hostelería y la economía, y sabemos que esta ha sido siempre la verdadera prioridad de la CAM: economía por encima de vidas. La consecuencia la he analizado en otro artículo: Madrid ha tenido la segunda ola más larga de España, y se está preparando para repetir el exploit con la tercera.

También puede haber una razón política. Desde Octubre la CAM ha reducido el número de PCR que se hacen, sobre todos ha prácticamente eliminado las más útiles: las PCR a los contactos. De alguna manera, de cara a la platea, tiene que mantener la ficción que se están haciendo muchos test y los test de antígenos, por poco fiables que sean, han sido los favorecidos desde Octubre. Es decir, la CAM cuenta con la falta de información de la gente, en la insuficiente cultura científica en España y en las faltas de los medios de comunicación. Populismo de manual.

La estrategia de la Comunidad de Madrid ha sido, desde Junio, evitar tomar medidas necesarias pero impopulares, intentar escurrir el bulto acusando el gobierno de haberle cedido las competencias que en Junio reclamaba para apuntarse la medalla de la desescalada, y tomar medidas inútiles o dañinas (en cualquier caso, en contra de la opinión de los médicos) que suenan buenas a una primera lectura superficial.

Lo peor: la estrategia parece funcionar. La falta de información comprobada, las burbujas informativas que se crean en las redes sociales la ayudan.

Friday, 8 January 2021

Entre dos olas

 La segunda ola de la pandemia causada por el SARS-cov2 se ha transformado lentamente en la tercera, prácticamente sin solución de continuidad. La falta de previsión, el deseo (absurdo) de “salvar las navidades”, la falta de comprensión de la gente, que no ha entendido que este año la manera mejor de demostrar afecto hacia nuestros padres era no acercarnos a ellos, todo esto ha causado que la tercera ola ya esté aquí sin que la segunda se haya acabado nunca. Es difícil analizar una ola que se ha difuminado en otra. Para hacerlo hay que establecer fechas de manera bastante arbitraria, con toda la aproximación que esto comporta. Para este análisis he decidido tomar dos fechas: el 1/7 como fecha de inicio de la ola (el 1/7 estábamos en una situación muy buena, la primera ola ya se había acabado, además, ya habíamos terminado la desescalada y las competencia habían vuelto en mano de las autonomía, como estas reclamaban) y el 18/12 como final (es una fecha muy arbitraria, pero es la fecha en que se empiezan a sentir de manera importante los efectos del descontrol en el puente de la constitución). Utilizaré estas fechas para comparar la primera y la segunda ola. Empecemos con una comparación de la gráfica de casos diarios.

 


Los valores absolutos de casos son mucho más altos en la segunda ola, pero esto no se puede considerar un dato fiable, en cuanto el número de casos detectado depende mucho del número de pruebas que se hacen, y en la segunda ola se han hecho muchas más pruebas por día que en la primera. El comportamiento "a peine" de los datos revela que en esta segunda ola la mayoría de las pruebas se han hecho en centros de salud, que están cerrados los fines de semana.

 

Pero el comportamiento general sí es comprable, especialmente si nos fijamos en una gráfica más objetiva, es decir, en número de víctimas diarias, que es independiente de las pruebas. Este número tampoco es del todo objetivo, dado que en la segunda ola ha habido menor colapso sanitario que en la primera, pero teniendo en cuenta las dos curvas podemos llegar a hacer observaciones bastante fiables:

 


Una cosa muy evidente es que la primera ola, a pesar de haber sido muy intensa y con muchas víctimas (de las posibles razones he hablado en otro escrito), ha sido muy corta. El estado de alarma fue declarado el 14 de Marzo y en 15 días (el tiempo mínimo de respuesta de la epidemia) se llegó al máximo (el 31 de Marzo) y la curva empezó a descender. El remate fue la semana santa: con el cierre te toda la actividad no esencial la semana anterior tuvimos unos 10 días sin ninguna actividad, y esto consolidó la bajada hasta hacerla imparable. Hay que notar el repentino crecimiento de la primera ola, que dio poco tiempo para reaccionar. De hecho, el 12 de Marzo España estaba más o menos en la situación epidemiológica en que Portugal y Grecia declararon el cierre (con unos 60 casos por millón). Pero el 14 de Marzo, día en que se declaró el estado de alarma, ya teníamos más de 100 casos por millón. Un retraso de dos días supuso una diferencia importante. (Hay que recordar, por otro lado, que ya el 10 de Marzo el gobierno había recomendado no salir de casa; una recomendación análoga funcionó en Alemania el 22 de Marzo pero, lamentablemente, los españoles decidieron pasar de las recomendaciones y el 13 de Marzo las terrazas seguían llenas.)

 

La segunda ola es diferente: su crecimiento ha sido muy gradual, ha sido una ola lenta y larga. Durante todo el mes de Julio habría sido posible detenerla o, por lo menos, atenuarla, con restricciones parciales (limitaciones de horario y aforo, limitación de las reuniones familiares) y contratando a rastreadores, pero las CCAA no estuvieron por la labor, a pesar de ver como la situación iba a peor. En la Comunidad de Madrid, donde vivo, ya en Junio las asociaciones médicas alertaron que harían falta 1.500 rastreadores. La CAM sólo contrató a 300 hasta decidir, en Octubre y bajo las presiones de los médicos contratar... ¡a 22! De restricciones al aforo, ni hablar: la prioridad era "salvar el verano" y no frenar la ola.

 

Otras comunidades parecen haber sido más razonables (es cierto que no tengo, en estos casos, tanta información como en el caso de Madrid). Andalucía y Murcia son un ejemplo. Cataluña es un caso aparte. Al principio  la Generalitat tomó muchas decisiones equivocada y se negó a tomar medida. La dimisión, el 28 de Mayo de Joan Guix, consejero de sanidad, parece haber constituido el chock que la Generalitat necesitaba y desde entonces sus medidas han sido más contundentes. Las 11 dimisiones en Madrid no han tenido, lamentablemente, el mismo efecto. De hecho, si consideramos la curva de síntomas (razonablemente objetiva) en Madrid, Aragón y País Vasco (para tomar tres ejemplos de CCAA que han tenido muchos casos) notamos comportamientos diferentes.

 




La primera cosa que notamos es la diferente longitud. Para medir la longitud, un buen método es aproximar la curva con una Gausiana (una curva "a campana") centrada en el máximo y considerar una longitud de cuatro veces la desviación estándar (en este intervalo cae más del 90% de los casos). Con este criterio, en Aragón hemos tenido una hola de unos 49 días (una de las más cortas) y en Madrid de 127 días (la más larga). La diferencia se debe, probablemente, a las diferentes medidas tomadas en las dos comunidades. Mientras Aragón, al comienzo de la ola, ha cerrado casi inmediatamente los bares y ha impuesto limitaciones a la movilidad, Madrid nunca ha cerrado el interior de bares y restaurantes y, incluso después de la declaración de estado de alarma, ha optado por un toque de queda corto.

El comportamiento es bastante diferente en el País Vasco. En ese caso tenemos prácticamente dos olas, una de 65 días y una de 40. Parece que al principio de la ola se han tomado buenas medidas pero, una vez que el número de casos ha empezado a reducirse, las medidas se han relajado con excesiva rapidez.

 

La longitud de la ola es un dato importante, en cuanto el número de caso se acumula aún si no hay efectos dramáticos repentinos y por tanto medidas a corto plazo como la IA/14 no los recogen. Si consideramos la Incidencia Acumulada a lo largo de toda la ola, es decir, entre el 1/7 y el 18/12, vemos que Madrid, a pesar de no haber tenido grandes picos, es la tercera comunidad con más casos por 100.000 habitantes, 4.477, detrás de Navarra (5.403) y Aragón (5.302) y por encima, por ejemplo, de Cataluña (3.496) que sí ha tenido repuntes importantes.

 

La comparación entre las dos olas nos dice que las medidas contundentes, por difíciles que sean, son eficaces para reducir la duración de una ola de contagios. Es algo bueno para las personas y también para los negocios: el FMI ya hace tiempo que ha declarado que unas medidas duras y de menor duración tienen un impacto menor que unas medidas más blandas pero que tienen que prorrogarse durante meses. También debemos aprender que no se puede apurar la desescalada, algo que en Junio muchas CCAA han intentado hacer. Hay que desescalar despacio.

Si comparamos estas consideraciones con las medidas que se están barajando para navidad, ¿que podemos decir que hemos aprendido? Pues, nada. Se está intentando desescalar muy rápidamente de esta segunda ola, se están eliminando restricciones a la movilidad, se están permitiendo reuniones familiares. Otros países de Europa están endureciendo las medidas de cara a la navidad. Alemania y los Países Bajos van a tener un cierre total hasta casi la mitad de enero, Italia impone un toque de queda a las 10. Hasta Boris Johnson, que al principio había subestimado la peligrosidad de la epidemia, ha dado desde Mayo un giro completo y ahora impone medidas duras.

Nada de todo esto se está planeando en España. Se está pensando permitir desplazamientos para reuniones, retrasar el toque de queda a las 1:30, evitar cerrar bares y restaurantes. Todo esto con el espejismo de "salvar las navidades". ¿Cuánto es el valor de las navidades en vidas humanas? Parece que estamos dispuestos a pagar un alto precio a este espejismo.

El gobierno, acosado por la oposición (caso único en una Europa en que en general la oposición apoya las medidas de los gobiernos) no tiene el valor de tomar medidas impopulares pero necesarias, y apelar a la responsabilidad individual es, como estos meses nos han demostrado, inútil.

Todo esto nos augura, lamentablemente, una tercera ola importante. La tercera ola va a llegar, y no la podemos evitar. Pero si podemos decidir si será una ola con 100 muertos al día o con 500. Temo que nos estamos abocando a una ola con 500 muertos al día, y todo porque no somos capaces de renunciar a juntarnos o a llenar los sitios de gente.

Primar la economía en este momento es absurdo no sólo en términos de vidas perdidas, sino también en términos económicos: una tercera ola larga, que llegue a Marzo o Abril (momento en que se hacen las reservas para el verano) nos hará perder el verano 2021.


 

 

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