Thursday, 6 August 2020

Desde la valla

El otro día me levanté temprano. Me hice un buen desayuno con queso manchego y jamón ibérico (confesaré que en éste campo prefiero la contribución española), salí de casa sin lavar los platos, y marché de prisa hacia el sur. Pasé las últimas casas de la ciudad cuando la gente aún dormía y en un rato llegué a una parte desierta y aislada de la frontera. Era todavía muy temprano y no había nadie, entonces me senté y empecé a pensarlo. Me detuve un buen rato (varias horas, creo) sin que sucediera nada, pero yo seguí pensándolo y, por fin, de tanto pensarlo, un trozo de la valla de frontera desapareció, se volatilizó en el aire como si nunca hubiera existido, llevándose consigo su miedo y hasta su recuerdo. Entonces pude verlo todo.

En una calle de Tijuana vi a una mujer joven, casi una niña, de quizás catorce o quince años, que andaba sola y triste regresando a su casa, con la cara arañada y un ojo negro. Había pasado la noche con un Americano borracho que, al despertarse sobrio, quiso pagarle solo la mitad de lo que había prometido y al protestar le pegó. Mientras que andaba me vio y paró un rato para mirarme y sonreírme con una sonrisa triste y gris.

Más allá vi a la muchedumbre inagotable de la Ciudad de México, caras y caras que se tocaban con solo parpadear, ojos que se miraban tan de cerca que no alcanzaban a verse, brazos que se abrían el camino entre brazos que se abrían el camino. Vi la plaza más bella del mundo, con una multitud de personas que cantaban con el puño levantado. Mientras que cantaban me vieron y, sin parar, dieron la vuelta hacía mi, como deseando que me uniera a su canto.

Vi a dos mujeres en Guatemala que dejaban un pueblo pequeño con sus mercancías, yendo a venderlas al mercado de la ciudad. Estaban sentadas al lado de una carretera, esperando el camión, con trajes de lana de mil colores, y dos sacos grandes hechos de sábanas azules. Hablaban y reían, no sé de qué, y cuando reían toda la cara se les movía, como si cada parte de ellas quisiera participar de la risa. Me vieron y, tapandose la boca con una mano y escondiendo tímidamente la risa, levantaron la otra mano para saludarme.

En el Amazonas una mujer estaba sentada en la selva. Miraba las máquinas que, metro a metro, la destruían para plantar los bananos de una compañía del norte. Trozo a trozo veía el mundo donde había nacido y donde siempre había vivido desaparecer, y no entendía el porqué. Al verla, se notaba que tenía ganas de llorar, pero nunca se hubiera dejado ver llorar frente a esos hombres y a sus maquinas. Para hacerlo, esperaba a quedarse sola en un rincón escondido del bosque. Y un día, cuando las máquinas destruyan todo, a los hombres no les quedará ningún lugar para llorar; entonces los corazones se secarán, y el mundo se acabará. Se dio la vuelta, me vio, y con su mirada me invitó a seguirla para que llorara con ella el fin del mundo.

En una calle de Río un niño había robado una cartera. Un vigilante joven y atlético lo había alcanzado y ahora sostenía una pistola en su nuca, a punto de disparar. El niño estaba de rodillas, mirando al suelo, esperando la bala. Un instante antes de que el vigilante disparara, levantó los ojos, me vio, y me golpeó con una mirada grande y violenta, que contemplaba todos los días que nunca viviría.

En una montaña altísima de Bolivia vi a una muchacha que respiraba feliz el aire frío de cristal, y agradecía su suerte que la había hecho nacer tan cerca de Dios. Me vio y me sonrió, compadeciéndome, que estaba condenado a vivir tan lejos de ella y tan lejos de Dios.

En una plaza de Buenos Aires dos hombres tomaban café en una mesita redonda de mármol gris, con tres piernas de metal verde. Tomaban un café estilo Italiano, y se hablaban de vos. Mi vieron y me miraron con ironía por encima de sus tazas, elevando la ceja izquierda.

En la Tierra del fuego, un hilo de viento frío, que había viajado desde el polo sur, dio la vuelta en una esquina, se puso en la calle principal del pueblo, pasó sin parar dos semáforos en rojo, hizo volar dos periódicos, cuatro bolsas de plástico, y un sombrero que destapó la cabeza de un hombre para terminar en medio de la calle y ser aplastado por un automóvil que pasaba, para gran desesperación del dueño. El hilo de viento paró un rato frente a una boda, dobló a la derecha en la carnicería Rossi, salió del pueblo y se dirigió hacía el norte, para alcanzarme.

Todo eso lo vi ese día, y mucho más. Toda la inagotable muchedumbre, la humanidad cansada, feliz, desesperada, lo niños y los viejos serenos, la minuciosa infinidad de una América vertical y humana, todos se dieron la vuelta para mirarme a través de la puerta que se había abierto en la red, y empezaron a dirigirse hacía mi.

Todo esto existió durante un rato, pero ya no.

Una media hora después, alertados por un ciudadano concienzudo, dos policías llegaron y me arrestaron por fomento de la inmigración clandestina. Luego cerraron el agujero en la red con un triple muro de acero. Para siempre.

Friday, 17 July 2020

Mascarillas, improvisación y el alma soviética de la derecha

Hay cierta perplejidad y cierto malestar entre los españoles por los que se perciben como cambios de criterios de las autoridad sanitaria, de la OMS o de los científicos que se ocupan de la epidemia del sars-cov2.

Un caso emblemático, muy repetido en ciertos ambientes sobre todo de derechas, es el de las mascarillas. Parece raro, escandaloso casi, que el Ministerio de Sanidad en Febrero no aconsejara el uso de mascarilla mientras ahora se están poniendo obligatorias en muchas comunidades autónomas (*). Sobre este cambio se están construyendo todo tipo de especulaciones y teorías conspiratorias en general demasiado paranoicas para que nos ocupemos seriamente de ellas.

Se trata de una actitud muy típica de niños. Un niño no entiende porque en un momento su madre le dice que se ponga el jersey y media hora después que se lo quite porque suda. El concepto de que las circunstancias puedan cambiar de manera imprevisible y las medidas con ellas no se le ocurre, quizás a causa de una concepción---también infantil---del mundo como completamente previsible que los padres pueden controlar. Actitud típica de niños pero, parece, común en mucho adultos, facilitada en este caso por la complejidad y variabilidad de la situación y por la dificultad se seguir argumentos basados en conocimientos científicos muy especializados. Pero somos adultos, no somos niños, y en una situación como esta, intentar comprender lo que está pasando, por complejo que sea, es importante.

Tenemos que entender que nos encontramos en una situación única: un virus nuevo, que conocemos poco (y que en Febrero o Marzo no conocíamos casi nada) que se expande muy rápidamente necesitando medidas rápida. Los científicos se encuentran en una tormenta perfecta: necesitan tiempo y pruebas clínicas para conocer el virus antes de actuar, pero necesitan actuar, sin esperar, porque el virus está matando a gente. Con una situación y un conocimiento en continua evolución, es normal que medidas que se toman hoy no tengan sentido mañana..

En Febrero, con una situación epidemiológica de pocos casos por millón de habitantes, con unas importantes dificultades de aprovisionamiento debidas a un volumen de producción insuficiente a nivel mundial y una logística de distribución toda por organizar, con una transmisión por micro-gotas que se pensaba no viajaban más que un par de metros, en ese momento las mascarillas para la población en general no eran necesaria, y lo mejor era reservarlas para los sanitarios.

En Junio, con posiblemente miles de casos por millón y un mercado mucho más preparado, el uso generalizado de mascarillas es útil.

Cualquier científico acepta que sus conclusiones son provisorias y que con nuevos conocimientos y el cambio de circunstancias sus conclusiones y recomendaciones pueden y deben cambiar.

En muchas personas esto puede generar frustración. Lamentablemente nos han vendido la ciencia como algo absoluto en infalible, casi como una bola de cristal, y no toleramos saber que su procedimiento es, al contrario, un cumulo de intentos y de errores, de pruebas y nuevas pruebas hasta llegar a una teoría que, por el momento, no hemos conseguido falsificar.

Hay muchos ejemplos de intentos y cambios en esta crisis. Hasta hace muy poco, se pensaba que la hidroxicloroquina podía ser muy útil en la fase inflamatoria de la enfermedad, y varios estudios parecían confirmarlo, hasta que otros, más completos, han hecho dudar de su eficacia al punto que ahora ya no se usa. No es un complot, sino la manera normal en que la ciencia trabaja. La posible relación entre la vacuna de la gripe y la covid-19 ha sido debatida muchas veces, ahora pensando que la vacuna tenía efectos positivos otras pensando que los tenía negativos. Todavía no hay resultados ciertos (que muchos de los fallecidos se hubieran vacunado de gripe no es, claramente, un resultado relevante: los que se vacunan de gripe son en buena parte personas mayores con patología previas, justamente la misma personas que constituyen la categoría de más riesgo para la covid-19).

Se han acusado las autoridades médicas de improvisar. ¡Claro que improvisan! En una situación poco conocida que evoluciona rápidamente y de manera imprevisible la improvisación es la única manera de reaccionar, y la capacidad de improvisar la única virtud útil. Quien no cambia de opinión cuando las circunstancias cambian es un dogmático, no un científico.

Es curioso que esta manera de actuar sea criticada sobre todo por la derecha. La improvisación, la reactividad, la adaptación a las circunstancias que cambian son las marcas características del capitalismo. Parece que, al contrario, la derecha exige un plan detallado y fijo desde el primer momento. Esto supone, claramente, que cuando la realidad cambia, se niegue o se oculte la realidad para adaptarla al plan, algo que era muy común en la antigua Unión Soviética. La pandemia ha sacado a la luz el alma soviética de la derecha española.

Monday, 13 July 2020

La izquierda nacional y los nacionalismos

Las elecciones Gallegas y Vascas de ayer, 12 de Julio de 2020, no han provocado grandes cambios en el área del poder. Más bien al contrario, han reforzado los poderes existentes: el PP en Galicia, con la mayoría absoluta de Feijoo, y el PNV en Euskadi, donde será posible repetir el actual gobierno.

Donde sí ha habido cambios importantes es en la izquierda. La izquierda, en general, no ha perdido fuerza, pero sí ha habido un trasvaso casi totales de votos desde Podemos (desaparecido en Galicia, muy debilitado en Euskadi) a la izquierda del nacionalismo local: los grandes ganadores de estas elecciones han sido sin duda el BNG en Galicia y EH-Bildu en Euskadi, que refuerzan considerablemente su representación parlamentaria.

Existen sin duda responsabilidades de Podemos que ha gestionado muy mal la campaña y la elección de las candidaturas. Podemos sigue con divisiones internas importantes, cosa que acelera la desconexión de los grupos locales, en otro ejemplo pernicioso de la división de la izquierda. Se trata de problemas que Podemos tendrá que resolver: tiene unos años de tiempo (esperemos) antes de las próximas elecciones. El tiempo para arreglar los problemas existe, pero no se puede echar a perder. Espero que los dirigentes de Podemos estén a la altura de la situación.

Pero creo que estas indudables responsabilidades del grupo dirigente de Podemos se insertan en un movimiento más general en la izquierda hacia la segmentación territorial. Se trata, a mi manera de ver, preocupante para la izquierda y para la lucha de las clases excluidas en España.

Mi preocupación es que los nacionalismos locales tengan como objetivo simplemente la segmentación de un estado nacional-burgués en más estados nacionales burgueses. Esto sería un error fatal en este momento histórico.

El estado nacional, así como lo conocemos hoy, es una creación de la edad moderna. Inglaterra es en cierta medida una excepción, en cuanto tuvo un estado nacional con características relativamente modernas desde el siglo XV, pero fue sólo después de la revolución de Cromwell y la restauración que sus características se fijaron. Alemania llegó relativamente tarde (la unificación es de la segunda mitad del Siglo XIX) pero ya desde antes el dominio económico y cultural de Prusia era el de un proto-estado nacional. (Vale la pena recordar también que el estado nacional moderno es una creación esencialmente Protestante y que la Iglesia Católica empezó a aceptar la modernidad sólo a finales del Siglo XIX, con la encíclica Rerum Novarum y el estado nacional sólo en 1929 con los Patti Lateranensi.)

El éxito de los estados modernos está relacionado con el éxito de la burguesía y del capitalismo clásico. Por un lado, el estado nacional moderno nace con la consolidación de la burguesía como clase económicamente dominante, con su necesidad de tomar un papel de protagonista en la política, quitándoselo a las monarquías absolutas de tipo post-feudal. El sistema de representación parlamentaria es tan típico del estado moderno que incluso muchas dictaduras han mantenido su aparato formal (vaciándolo, naturalmente, de significado).

El estado nacional nace en una simbiosis con el sistema capitalista. Por un lado proporciona al primer capitalismo un mercado interior protegido (se vea el caso de Inglaterra donde, en el siglo XVII, la exportación de materia prima no trabajada era castigada con la muerte) y por el otro, a través de medios diplomáticos o militares, ayuda las empresas a conseguir materia prima y a exportar productos. La máxima, y más trágica, expresión de esta función de apoyo del estado se encuentra en la época colonial, en que continentes enteros son conquistados para aprovisionar las industrias europeas. El colonialismo es primariamente una historia de abertura de mercado y de control de recursos naturales en que los Estados apoyan al capitalismo y al mismo tiempo lo usan para agrandar sus dominios.

Por otro lado, los ideales del estado burgués, es decir, por lo menos en cierta medida, los ideales de la ilustración, funcionaron como balance frente al economicismo inherente al capitalismo. Las instituciones públicas que se fueron desarrollando, sobre todo desde finales del siglo XIX bajo la presión de las luchas obreras, balancearon de alguna manera los excesos del mercado libre, operando una redistribución de la riqueza que, si bien muy parcial e incompleta, contribuyó a un crecimiento del nivel de vida general. Fue sobre todo en el marco de esta moderación de excesos que se forzó la prohibición de prácticas típicas del primer capitalismo como el trabajo infantil, las semanas de 80 horas, el encierro de trabajadores en las fábricas, etc.

Las relaciones entre capitalismo y estado-nación han cambiado radicalmente con el surgimiento del neoliberismo, sobre todo desde los años '80 del siglo XX. La economía se ha hecho cada vez más internacional y menos dependiente de los estados. Con el final de la guerra fría, ha caído también el vínculo de la industria a la seguridad nacional y a las alianzas políticas de los gobiernos. Las empresas transnacionales han desarrollado un sistema económico internacional que necesita siempre menos a la política del antiguo estado burgués. Las relaciones entre política y economía, entre sociedad y mercado se han invertido. En el capitalismo tradicional el estado recorta un espacio autónomo, sin reglas, donde el mercado se pueda desarrollar, pero lo controla y lo incluye dentro de sus instituciones. Con el neoliberismo el libre mercado ocupa todo este espacio y recorta oasis siempre más reducidos para la acción política.

En muchos países el mercado sigue apoyando la retórica y el aparato formal (ya no la práctica) de la democracia, pero a medida que las empresas internacionales se hacen más fuertes la necesidad del apoyo formal a la democracia representativa se hará cada vez menor. Un indicio preocupante de todo esto es el hecho que el país que más éxito está teniendo en la nueva situación económica no es una de las democracias burgueses tradicionales, sino China. China es el ideal político del nuevo capitalismo, y la manera en que se está maniobrando la crisis de estos años demuestra que esta condición: un estado autoritario, una elite económica poderosa y restringida, una unión de intereses entre política y economía, una clase popular empobrecida, sin derechos y sin estado de bienestar. El capitalismo de libre mercado apoya de manera creciente regímenes autoritarios, no sólo en el llamado “tercer mundo” sino (como se está viendo en esta crisis) también en Europa, donde estos regímenes actual bajo el nom de plume de gobiernos técnicos. No es imposible que, en unas décadas, se acabe la ficción democrática y el poder político pase directamente en mano de las empresas.

El antiguo estado burgués ya no es históricamente actual en la nueva situación económica. No hay duda que en las próximas décadas desaparecerá para dar el paso a nuevas formas políticas. Se superará el estado-nación nacido de la revolución burguesa para crear algo nuevo. Parece claro que en unos 50 o 100 años habrá desaparecido el capitalismo o habrá desaparecido la democracia. La cuestión fundamental por tanto es que tipo de organización surgirá de las cenizas del estado nacional. ¿Una a medida de las empresas, una China mundial, o una nueva forma de política que restituya la prioridad a las necesidades de las personas? ¿Una tecnocracia económica autoritaria, o algo parecido a la democracia radical de Hannah Arendt?

Mi escepticismo sobre el independentismo nace de la poca claridad sobre el tipo de organización política que debería resultar de este proceso. Si el independentismo se propone como una pieza en la transformación del estado-nación en una nueva forma de organización política más democrática, que sepa enfrentarse al dominio del mercado y de la economía, entonces el independentismo recibe todo mi apoyo. Si se trata de dividir un estado-nación burgués en otros estados naciones más pequeños y de la misma naturaleza, entonces se trata de un proceso que terminará otorgando más poder a las fuerzas económicas internacionales y que acelerará la desaparición de la política y de la participación popular en el poder.

La proliferación de pequeños estados-naciones de tipo burgués-representativo llevará simplemente a un fraccionamiento de la representación, a un poder político más débil, que se enfrentará al capital internacional en nombre de grupos más pequeños y con menos fuerza.

Cuando expreso estas opiniones una reacción normal es tacharlas de puro ejercicio teórico. ¿Qué quiero decir con nueva forma política más allá del estado-nación? ¿Cómo funcionará? Pues, no lo sé y, quizás, las cosas funcionarán incluso si no lo sabemos. Cuando la burguesía empezó a tomar el poder y a destruir el antiguo edificio del Estado feudal, en el siglo XVI, no sabía cómo iba a gobernar. Las ideas de representación, de libertad, de derechos humanos, estaban todas por escribir. La burguesía se lanzó, creando el estado-nación sobre la marcha. Marx reconoció la importancia revolucionaria de las ideas que la burguesía había introducido, y quería que la nueva revolución empezara donde la burguesía lo había dejado.

Los partidos de la izquierda nacional (Podemos, IU, etc.) están intentando, cono todas sus ambigüedades, sus errores, y sus limitaciones de formular una nueva visión de país, algo que pueda crear una organización política para los desafíos del Siglo XXI, algo que pueda enfrentar una soberanía popular más fuerte al poder absoluto del mercado.

No está claro si los partidos independentistas de izquierda están por la labor o si se han dejado cegar por la ilusión de un pequeño estado nacional decimonónico donde construir una sociedad más justa. Si el nacionalismo quiere decir reivindicación de las culturas locales defensa de la diversidad lingüística, protección de la multiplicidad cultural frente a la uniformidad del mercado global, si quiere decir defensa de todo esto en vista de su inserción en un contexto político más amplio, entonces el nacionalismo es el bienvenido, y es un tesoro de valor inestimable para la izquierda. Pero creo que los partidos nacionalistas deben aclarar que estructura política quieren poner en marcha, si una unión de diferentes o una segmentación que nos hará más débiles frente al mercado.

En los países de los Balcanes hay una expresión: Yugostalgia, nostalgia de la antigua Yugoslavia, un estado fuerte que controlaba su destino y no había vendido toda su infraestructura esencial a capital extranjero. No caigamos en el mismo error.

Wednesday, 1 July 2020

¿Por qué España tiene tantos fallecidos ?

España es uno de los países de Europa con más fallecidos por millón de habitantes (603—todos los datos son del 1/7/2020), por detrás sólo de Bélgica (886) y el Reino Unido (662). Es natural por tanto ponerse la cuestión: ¿Por qué en España hemos tenido tantos muertos?

La respuesta inmediata es sorprendentemente sencilla: porque hemos tenido muchos casos. En términos de letalidad (muertos/casos), España está en la media europea, con un 11.4%, muy cerca de Italia (14.4%), Reino Unido (14.0%), Bélgica (15.9%), Países Bajos (12.2%). Hay casos aparte, cierto. Uno es Francia, con una mortalidad del 18.1%, debida probablemente al bajo número de test que se hacen allí y que, por tanto, Francia probablemente subestima el número de casos más que otros países Europeos. El caso opuesto es Alemania, con una mortalidad de sólo el 4.6%. En Alemania, los fallecidos con covid-19 que tenían ciertas patologías previas no se consideran muertos de covid-19, sino de su patología original algo que, claramente, reduce la cifra de letalidad.

El problema, por tanto, es: ¿por qué España ha tenido tantos casos? La única respuesta seria que uno puede dar en este momento es que no tenemos ni idea. Todavía estamos en plena pandemia, y sólo un estudio comparativo, completo y riguroso, podrá en algún momento darnos una respuesta. Podemos, en grado de absoluta tentativa, identificar varias razones posibles, algunas dependientes de la respuesta de las autoridades, otras inevitables o que viene de mucho atrás. Son razones interesantes y que posiblemente han jugado un papel. Pero es importante recordar que, hasta que tengamos los resultados de estudios serios, se trata sólo de especulaciones de un blog: de ningún valor científico (así, añadiré, como buena parte de las especulaciones en los periódicos, pero yo por lo menos admito su falta de rigor).

Consideremos las primeras.

  1. El gobierno se ha retrasado de un par de días en declarar el estado de Alarma. Para hacer una comparación, Portugal declaró la alarma con unos 48 casos por millón de habitantes, Grecia con 68. El 12/3 España tenía unos 60 casos por millón, mientras que el 14/3 ya tenía más de 100. El 12/3 habría sido el momento de declarar el estado de alarma. Es cierto que el 10/3 varias comunidades habían cerrado las escuelas y el gobierno había pedido a la gente que se quedara en casa y mantuviera la distancia. Es decir, el 10/3 el gobierno tomó las mismas medidas que Alemania, por ejemplo, tomó el 22/3. Sobre el porqué este apelo no tuvo efecto volveré en breve.
  2. Los test han llegado tarde. Desde Mayo España es uno de los países que más test hace por millón de habitantes, pero hemos empezado con retraso: en Abril, Alemania hacía cada semana 511 test por millón de habitantes, España sólo 321. Lamentablemente, el mercado estaba muy complicado, y países financieramente relativamente débiles como España han tenido problemas a la hora de competir para los escasos recursos con potencias financieras e industriales como Alemania. En este sentido, los países donde la epidemia ha golpeado más tarde (UK, USA, etc.) han tenido más suerte, en cuanto han tenido que comprar grandes cantidades de test en un momento en que la industria farmacéutica estaba mejor preparada para producirlos.
  3. En algunas comunidades (yo tengo la experiencia de Madrid), muchas residencias han sido privatizadas en los últimos 10 años, y muchas han acabado en mano de fondos de inversión cuya única preocupación es la rentabilidad a corto plazo, que se consigue normalmente reduciendo los costes. Esto ha causado una penuria crónica de personal y una fuerte desmedicalización de las residencia, cuya responsabilidad ha pasado cada vez más al sistema de atención primaria que, a su vez, estaba agotado por los recortes y la falta de personal. Se trataba de una situación explosiva que los médicos de atención primaria vienen denunciando desde hace años (sin que las comunidades les hagan caso) y que ahora ha sido en buena parte responsable de la hecatombe en las residencias.

Un discurso aparte merecen las partidas de material no homologado que España (gobierno y comunidades) ha recibido. Se trata de un problema común a todos los países: un recorrido por la prensa extranjera convencerá que todo el mundo ha tenido su parte de material no homologado o defectuoso. Se ha tratado, lamentablemente, de un problema casi imposible de evitar en un mercado tan saturado y con tanta urgencia de material.

Hay más razones posibles, independientes de la actuación de las autoridades.

  1. Un artículo aparecido en livescience reporta que podría haber una base genética en la susceptibilidad al virus. No se trata tanto de contraer la infección, cuanto que la probabilidad de pasar de la fase infecciosa a la fase inflamatoria (la peligrosa) podría tener una componente genética. Se trata, por el momento, de una hipótesis y nada más: habrá que confirmarla.
  2. Otro artículo, este aparecido en SSRN, estudia la posibilidad que la difusión del virus pueda depender de características de temperatura o humedad relacionada con la latitud. Es cierto que muchos de los focos más virulentos se han empezado a desarrollar en países que comparten latitud (la zona central de China, Iran, Italia, España, EE.UU., partes de Brazil---latitud sur, en este caso). Se trata de una hipótesis. La generalización del virus a países con características climáticas muy diferentes, como India, implica que probablemente hay más en juego que la simple latitud.
  3. Hay países que tienen un estilo de vida que favorece menos la difusión del virus. En EE.UU., gran parte de la población vive en zona de baja densidad, prácticamente no hay transporte público y los contactos cercanos entre personas son relativamente raros. La gente, en general, no vive con sus padres, lo que reduce la transmisión del virus a personas a riesgo. El Norte de Europa tiene transporte público y densidad de población más alta, pero los otros factores quedan: más distancia física entre las personas, pocas visitas a los padres. El estilo de vida español es más “cálido” y social, con familias más unidas, pero hay que admitir que en este caso no nos ha ayudado.
  4. Los españoles han tenido menos disciplina de lo que habría sido oportuno. He mencionado antes que el 10/3 el gobierno pidió a los españoles que se quedaran en casa cuanto más posible. La misma petición la hizo el gobierno portugués el 15/3 y el alemán el 22/3. La diferencia es que los portugueses y los alemanes escucharon. En España, muchos madrileños aprovecharon el cierre de los colegios para irse a la playa, y todavía el viernes 13 las terrazas estaban llenas. Considerando las escenas que vemos en las calles y en las playas parece, lamentablemente, que no hemos aprendido nada. A veces parece que somos un país de niños de 8 años: alguien tiene que obligarnos a cuidarnos si no, solos, una vez que se nos ha pasado el miedo nos olvidamos de todas las precauciones.
  5. En España tenemos un porcentaje relativamente alto de obesidad, diabetes y tabaquismo. Los tres han sido identificados como factores de riesgo para la covid-19.
  6. España es un país con una esperanza de vida muy alta y una natalidad muy baja. Esto quiere decir que tenemos un porcentaje de población mayor (es decir, de personas a riesgo) más alto que otros países y, en un país con un buen sistema sanitario, muchos de los que llegan a ser mayores lo hacen superando alguna enfermedad a lo largo de la vida: esto los hace doblemente a riesgo. Se trata, naturalmente, de algo muy positivo que pero, en este caso, juega en favor de la mortalidad.
Finalmente, a pesar de acusaciones que se oyen mucho, no parece que el 8M haya jugado un papel significativo. La curva del incremento diario en porcentaje de datos no tiene comportamiento anómalos en el intervalo de aparición de los síntomas (la curva continua a la página 1, el intervalo de aparición de síntomas está publicado aquí). La curva porcentaje es la importante en este caso dado que. Si la epidemia siguiera su recorrido normal de serie geométrica, esta curva sería una constante y por tanto aquí se ve, mejor que en la curva de casos, la variación del parámetro de propagación de la epidemia.

Monday, 29 June 2020

La sigla LGBTQ: ¿identidad o encasillamiento?

Quiero aclarar que mi apoyo al movimiento LGTBQ (o LGTBI, como es más común llamarlo en España) es absoluto como, en general, mi apoyo a las reivindicaciones de todos los que están marginados por la sociedad en que vivimos. Que alguien tenga que sufrir consecuencias sociales de cualquier tipo por un algo tan personal como la sexualidad, que alguien tenga que ser considerado diferente por el sexo de las personas con quien quiere acostarse o por cómo vive su género (que, recordemos, es una construcción cultural), me parece absurdo, indigno de una sociedad moderna.

Que tanta gente en tantos países proclame defender la libertad y no sea capaz de reconocer a las personas una libertad tan básica como decidir con quien se quieren casar me parece una contradicción tan clara que, tras 250 años de discursos sobre la libertad, debería haber desaparecido.

Pero confieso que no soy un gran amante de la sigla LGBTQ: me parece constituir un paso atrás. Tras haber luchado para deconstruir la imposición de la dicotomía de género (“Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva”: tienes que entrar en una de estas dos categorías de géneros y punto) me parece que el acrónimo representa otro tentativo de etiquetar lo no-etiquetable, de atrapar el mar con una red.

Tras intentar (con éxito creciente) de salir de un etiquetado que los oprimía, me parece que el colectivo está intentando ponerse más etiquetas. Se trata de un paso adelante, cierto: estas etiquetas son auto-impuestas, y no impuestas desde fuera. Se trata de un etiquetado que revela, por lo menos en la versión inglés, cierta ironía: el uso del insulto “queer” como auto-identificación se parece un poco al uso del insulto “nigger” que usan los negros de América para identificarse.

Pero siempre de etiquetas se trata. Y el hecho que se añadan cada vez más letras a la sigla es una señal de la imposibilidad de capturar la infinita variedad de la sexualidad humana en una serie de etiquetas. Pronto tendremos una sigla con diez, veinte letras, y todavía estaremos lejos de haber capturado lo inefable que queremos capturar.

Quizás juegue en esto también mi antipatía generalizada para los acrónimos y las siglas (he trabajado en informática, y ya he tenido bastante de las dos cosas---hasta publiqué un artículo sobre el tema), mi amor para la etimología y para las palabras bien construidas, con una historia y un significado. Puede ser. Pero tengo la impresión que el colectivo LGTBQ (por el momento no tengo otra manera de identificarlo) conseguirá salir definitivamente de la jaula de la sexualidad impuesta sólo cuando aceptará la innumerable variedad de las experiencias sexuales y dejará de intentar clasificarlas y encasillarlas.

Thursday, 25 June 2020

Algo más sobre la cifra de los muertos

Últimamente en las redes sociales se ha difundido el rumor que el gobierno está escondiendo 13.000 muertos. Ya comenté la poca fiabilidad estadística de esta cifra en otro blog, pero ahora me interesa ver la cosa desde otro punto de vista, es decir, del uso que se hace de esta cifra y de cierta inconsistencia sobre la interpretación de los datos de varios países. El argumento va más o menos así. Se empieza diciendo que España es el país con más muertos por millón de habitantes. Esto, si observamos las cifras oficiales, no es estrictamente cierto. España tiene muchos casos y, por tanto, lamentablemente, muchos muertos (es mi intención hablar de esto en un próximo blog), pero si miramos a Europa, los muertos por millón de habitantes son (en fecha 25/06/2020):

Bélgica   883
UK      652
España   602
Italia   577

Si uno intenta hacer notar estos datos la respuesta es siempre la misma: los datos son falsos, el gobierno esconde los muertos. Se trata de una afirmación curiosa porque, si partimos del presupuesto que los gobiernos falsean los datos, entonces todos los gobiernos pueden falsear los datos, por tanto cualquier comparación sería imposible. Si asumimos la postura de la mentira, podríamos incluso llegar a creer que España es uno de los países con menos muertos del mundo, y que todos esconden sus cifras reales. Criterios claramente absurdos.

Sin embargo hay, detrás de esta idea un poco descabellada, un problema real, y es el problema de los criterios que usan los varios países y por tanto de la posibilidad de comparar los datos de los unos con los otros. Si comparamos por ejemplo las cifras de letalidad (muertos/casos) vemos que Francia tiene la más alta de Europa (18.4%) mientras que Alemania tiene un 4.6% y Bielorusia un increíble 0.6%. Muchos países de Europa occidental están entre el 11.4% (España) y el 14.5% (Italia). Si es lícito dudar de los buenísimos datos de Bielorusia, sabemos que Francia y Alemania son países serios. ¿Cómo es posible tanta diferencia?

Hay, claramente, factores adicionales. En el caso de Francia un factor puede ser los pocos test (21.000 per millón de habitantes, frente a los 60.000 de Alemania o los 110.000 de España (fuente: statista.com, datos del 25/06/2020) que reduce el denominador de la letalidad: con menos casos detectados, los muertos “pesan” más. En Alemania parece (no he conseguido confirmar los datos con fuentes oficiales) que los muertos que presentan ciertas patologías previas se consideran oficialmente como muertos de la patología que tenían. En este caso es el numerador que se reduce.

En países en desarrollo puede haber también un factor sociológico: la mayoría de los fallecidos son personas mayores con patologías previas. En España, uno de los países con la mayor esperanza de vida y una de las menores natalidades del mundo, estas personas constituyen un grupo ed población muy numeroso. En un país en desarrollo relativamente pocas personas llegan a ser tan mayores, sobre todo si han tenido una enfermedad grave en su vida. Esto, claramente, ayuda a reducir la fatalidad de la covid-19. Y esto sin quitar que el 1.4% de Rusia (el único país europeo cuyos criterios han sido cuestionados por la OMS) el 4.5% de Brasil o el 1.9% de Chile levantan algunas dudas.

Hay que tener cuidado con los datos, sobre todo hay que tener cuidado en saber bien lo que se está leyendo antes de lanzar acusaciones. Las difusión de teorías conspiratorias son entre lo peor que nos puede pasar en este momento.

Saturday, 20 June 2020

El redde rationem de Pablo Casado

Con el comienzo del camino legislativo de los presupuesto empieza el redde rationem, el momento de la verdad, el momento en que se sacan las cuentas. Momento de la verdad para Sánchez y su gobierno, cierto, y de esto nadie duda. Pero también redde rationem para Pablo Casado y su estrategia de la confrontación.

El PP, caso prácticamente único en el panorama europeo, ha jugado en esta crisis un papel puramente destructivo, mirando sólo a debilitar y delegitimar el gobierno de su país, llegando al punto de denunciar en la UE. Se nos presenta a menudo Portugal como un ejemplo a seguir, pero pocos han resaltado que, desde el primer día, la oposición en Portugal se ha puesto a disposición del gobierno para todo lo que tenía que ver con el SARS-cov2 y sus consecuencias. El PP, hasta ahora, sólo ha sabido atacar e insultar, a menudo en contradicción consigo mismo, criticando hoy lo que ayer pedía. Se trata de una estrategia que ha causado malestar dentro de las mismas filas del PP, con barones como López Miras, Moreno Bonilla o Nuñez Feijoo que, últimamente, han expresado su discrepancia con las decisiones de la dirección nacional (de manera no siempre coherente, pero esta es otra cuestión, ya debatida ).

La idea de Casado, parece, es que vamos a ir a elecciones a breve. Por esto el PP ha jugado a la crispación, para aumentar el desgaste que el gobierno, como la mayoría de los gobiernos europeos, tendrá en la crisis. Su esperanza es que, en el corto plazo, la delegitimación tenga beneficios electorales. Esto explica también las continuas salidas de Casado para hacerse fotos, saltándose (ilegalmente) el confinamiento y basándose en la idea de que, en la época de las redes sociales, aparecer es más importantes que intentar hacer algo, sobre todo porque quien hace se puede equivocar, mientras quien sólo crítica y se hace fotos no se equivoca nunca. Bienvenidos al futuro de la política.

El problema, para Casado, lo representa la posibilidad que los presupuestos se aprueben. En este caso la legislatura irá para largo, y la estrategia de la crispación podría explotarle en las manos. Sería imposible para el PP mantener este nivel de enfrentamiento bronco durante tres años, por mucho que parece gustar a personas como Álvarez de Toledo. Muy probablemente los barones regionales que gobiernan no lo permitirían. Ya con la desescalada las discrepancia han podido más que la disciplina de partido que los barones han mantenido durante la crisis (han hecho mucho más para su partido de lo que Casado ha hecho para el país). Si la legislatura va para largo, las dudas sobre el liderazgo de Casado podrían aumentar, y Casado podría salvar su puesto sólo con un cambio de estrategia. La señal será clara: sólo habrá que observar en el año que viene si García Egea y Álvarez de Toledo mantienen su cargo de portavoz o no.

En mi época de estudio en el Liceo Italiano se hablaba de redde rationem cuando llegaba el momento del muy temido examen de latín. Para Casado también ha llegado el redde rationem de un examen de madurez política que, por el momento, no ha demostrado poder superar. Pero ya se sabe cómo son los exámenes: a veces quien no se ha preparado tiene suerte y aprueba. Lo mismo le podría pasar a Casado, a García Egea y a Álvarez de Toledo, por suerte suya y desdicha de la calidad de la política en España.

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