Thursday, 19 November 2020

El reportero en el aparcamiento y el populismo de derechas

 Una de las consecuencias de la pandemia y del aislamiento (que yo intento mantener incluso ahora) es que últimamente he visto varios telediarios, cosa que no hacía desde hace tiempo (confieso: soy persona de palabra escrita). No recordaba la francamente baja calidad periodística que muchos de ellos exhiben. No creo que la culpa la tengan los periodistas que, en muchos casos, parecen ser excelentes profesionales. Más bien, parece que las características del medio televisivo, de la mercantilización de la información y, en general, de la época en que vivimos hayan conjurado esta bajada de calidad.

 Vivimos en una época de emociones, más que de razón. La gente responde a menudo a los estímulos a un nivel muy "de tripa", emocional, sin conseguir destacarse de los eventos para juzgarlo a la fría luz de la razón. Quizás las cosas siempre han sido así (las emociones habitan una zona del cerebro mucho más profunda y primitiva que la razón), pero en las últimas décadas las posibilidades de manipular las emociones se han multiplicado, así como se ha acentuado la concentración del poder informativo. Dado que es mucho más fácil manipular las emociones que la razón, una época de emociones es ideal para quien controla los medios de información.

 El ejemplo de la publicidad como medio emocional y no racional es obvio, pero podemos ver también el éxito de la atención a las emociones en las diferentes estrategia de los bloques en la guerra fría. Los dos bloques se han mantenido esencialmente manipulando las emociones de los ciudadanos pero, mientras el bloque soviético no ha conseguido, hasta los años '80, quitarse del todo del medio la propaganda estalinista y se ha basado esencialmente en la manipulación del miedo, el bloque occidental (aprendiendo de la publicidad) ha conseguido manipular con éxito un rango mucho más amplio de emociones.

 La televisión hoy es un medio de imágenes, y a las imágenes se le da mejor evocar emociones que presentar silogismos. Claramente la televisión siempre ha sido un medio de imágenes, a pesar de algunos experimentos alternativos en los primeros días de los telediarios. Por ejemplo, a principio de los años '50, en los primeros años de la televisión, la cadena americana CBS experimentó con un telediario en que la pantalla era completamente negra y sólo se oía la voz del anunciador. La idea era que ver la persona que hablaba sólo distraía sin añadir nada a la noticia. Los telediarios modernos nacieron, podríamos decir, con el asesinato de Kennedy, evento mediático mundial grabado casi en directo (casi: el famoso film de Zapruder sólo aparecería unos años más tarde) y contado por imágenes.

 Si los telediarios llevan 60 años contando las noticias con imágenes, es cierto que es principalmente en los últimos años, con la proliferación de los medios de grabación, la presencia capilares de teléfonos móviles y el desarrollo de la red que permite su transmisión instantánea que las imágenes han conseguido un dominio completo de los telediarios. Esto ha reducido la importancia del habla y, al fin y al cabo, del razonamiento en los telediarios. Las imágenes y las emociones han en buena parte remplazado la palabra y la razón.

 

Hoy en día podemos ver varios fenómenos relacionados con este cambio de la razón a la emoción.

 Podemos por ejemplo constatar el cambio de tono en la manera de hablar de los periodistas. Los tonos calmos han casi desaparecido, e incluso la noticia más banal o inútil viene comunicada con un tono rápido y concitado. Hasta el resultado del concurso de la petunia más blanca viene comunicado con el mismo tono de un periodista que habla desde el bombardeo de Beirut.

También la localización de los reporteros es interesante, generando el fenómeno que llamo del "reportero en el aparcamiento". El reportero da su noticia desde una localidad más o menos cercana al evento, incluso si esto no añade nada al valor de la noticia. La noticia del atraco a un banco se da desde el aparcamiento del banco, incluso si ya hace horas que allí no hay nadie, o si las noticias sobre la Casa Blanca se dan desde una calle de New York y las de Novosibirsk desde una calle de Moscú. Las noticias tendrían el mismo valor si el periodista estuviera cómodamente sentado en un estudio televisivo pero evidentemente las cadenas han decidido que estar en la calle comunica un plus de urgencia y cercanía a la noticia del todo emocional. Las consecuencias las pagan, principalmente, los pobres reporteros que tienen que dar noticias sobre tormentas, nevadas o lluvias torrenciales.

Otra costumbre muy común es la de complementar las noticia con las palabras de la "gente de la calle": vecinos de donde ha pasado algo, familia de alguien o simplemente personas que pasaban por allí. Especialmente cotizadas las señoras de mediana edad que se echan a llorar (los hombres no: el machismo español no soportaría la visión de un hombre que llora, a menos que no se trate de una muerte en familia, en cual caso denota un alma sensible). Se trata de apariciones que, con las debidas excepciones, no tienen ningún valor informativo, pero contribuyen a crear un aura emocional alrededor de las noticias.

Las imágenes tienen, sin duda, el papel protagonista, y si no hay imágenes se usa lo que se tiene que tenga, más o menos, una relación con la noticia de que se habla. En casos extremos, se repite una y otra vez la misma imagen grabada com un móvil, así que podamos ver veinte veces seguidas como la misma ola arrastra el mismo coche, completo de voz fuera de campo "Joé mirá como se lo va a llevá". Aquí me permito un consejo a los aspirantes reporteros armados de móvil: si queréis enviar el video de algo a un telediario, por favor, grabad con el móvil en posición horizontal. La pantalla de la televisión tiene orientación horizontal, y los vídeos grabados en vertical no encajan bien, obligando a la estación a crear esos horribles rellenos hecho con repeticiones magnificadas y borrosas del vídeo. Señores, por favor: grabad en horizontal. Es igual de fácil.

Si añadimos a todo esto el tiempo, cada vez más grane que los telediarios dedican a noticias "blandas", de "sociedad", a cosas tan interesantes como el concurso de petunias o al deporte, la imagen que ne derivamos no es de las más alentadoras.


 

No es difícil notar ciertas coincidencias entre estas costumbres y el discurso de la derecha populista. Hay, por ejemplo, una relación entre el "reportero en el aparcamiento" y la desconfianza populista en las instituciones representativas. El reportero, de alguna manera, es nuestro representante en el lugar de la noticia, que la observa y la interpreta para nosotros. La necesidad de verlo en ese lugar cuando esto no tiene ningún valor informativo, es un reflejo de cierta desconfianza: queremos asegurarnos que el reportero ha visto de verdad lo que dice haber visto, y no nos está engañando.

Lo mismo vale para las imágenes a menudo inútiles desde un punto de vista informativo. Nos dan la ilusión que estamos asistiendo en directo a los acontecimientos, que los podemos observar y juzgar sin mediación. Ilusión, claramente: el hecho mismo de grabar un vídeo, de apuntar la cámara en una dirección y no en otra, el hecho de editar un vídeo, decidiendo lo que se va a ver y lo que no, todo esto constituye una mediación. Es además una mediación subrepticia, escondida y por tanto más peligrosa: estamos convencido de haber observado la realidad mientras lo que estamos observando es un relato, tan mediado como el relato que el reportero nos hace en palabra. Así, por ejemplo, estamos convencido que una manifestación ha sido violenta porque lo hemos observado "con nuestros propios ojos" en un vídeo, sin darnos cuenta que el vídeo ha recortado diez minutos de disturbios provocados por veinte personas y ha ignorado las dos horas de manifestación tranquila de 100.000 personas.

Las entrevistas al "hombre de la calle" también es un reflejo de la desconfianza hacia la autoridad típica del discurso populista (desconfianza que en la derecha se une, de manera contradictoria, al respeto al "jefe" que se ve como algo diferente de la anónima "autoridad"). Esto corresponde también a una técnica muy usada por el populismo: usar un ejemplo (cuidadosamente elegido) como arquetipo. Se trata de un caso extremo de la falacia de la inducción que yo llamo la "demostración por tía Trini" ("A mi tía Trini no le han pagado los ERTEs, por tanto a nadie en España le pagan los ERTEs").

Finalmente, el tono concitado de los periodista nos recuerda mucho el tono "gritado" de mucho populismo de derechas donde, incluso en sedes institucionales como el parlamento o en ruedas de prensa no es tan importante lo que se dice (a menudo se dice muy poco) sino con que volumen se dice. El volumen del habla ha remplazado la solidez de los argumentos; del logos hemos pasado al phonos.


Con esto no quiero decir que los telediarios están al servicio del populismo de derechas. Encontramos los mismos defectos en programas periodísticos que se definen de izquierdas (en España un ejemplo típico es el insoportable "Al Rojo Vivo", con cuyas posiciones me encuentro a menudo de acuerdo pero que insulta todos los principios periodísticos en que creo). Los telediarios han evolucionado en esta dirección bajo la presión del mercado desde el comienzo de las televisiones privadas. Pero parece claro que esta manera de reportar las noticias ha generado un caldo de cultivo en que el discurso populista se ha podido propagar. Algo que, si uno lo piensa bien, a los mercados no les viene nada mal.


Walter Cronkite dijo de su profesión: "no debemos contar a la gente lo que quieren saber, debemos contarles lo que necesitan saber". Si aplicamos este principio a muchos de nuestros telediarios, lo que la gente necesita saber es muy poco de noticia, casi nada de análisis racional, y mucho como hacerse manipular a través de las emociones.

Tuesday, 10 November 2020

El Catch 22 de la toma de decisiones

He hablado, en otro blog, del método científico, de como la ciencia se construye a base de errores y de como muchas personas tienen la idea (errónea) que la ciencia lo sepa todo y no se equivoque nunca.

Quiero aquí hablar de un tema que, en estos tiempos de covid-19 está tristemente relacionado: la toma racional de decisiones. Se trata de un problema mucho más difícil porque, si la ciencia puede esperar a tener una base experimental sólida antes de estabilizar sus teorías, quien toma decisiones muchas veces no tiene este lujo: a veces hay que tomar decisiones que afectan a la vida se muchas personas, pero hay que hacerlo  "ya", con información incompleta, imperfecta y a menudo contradictoria.

 La situación muchas veces es la siguiente: la ciencia no tiene todavía conclusiones fiable, hay personas competentes que dicen que hay que hacer A, personas competentes que dicen que hay que hacer B. Ambas soluciones, A y B, tiene un coste social y económico, y este coste podría ser mucho mayor si tomamos la decisión equivocada. Pero hay que elegir, y hay que hacerlo ahora, porque no hacer nada sería peor.


Consideremos la toma de decisiones en los primeros meses de la epidemia de covid-19. Lo que hay que hacer, es bastante fácil saberlo: reducir los contactos sociales. Al principio se puede pedir a la gente extremar la higiene y reducir los contactos sociales, así como se hizo en España, por ejemplo, el 10 de Marzo. Pero si la cosa no funciona (y en España no funcionó) hay que tomar medidas más drásticas. Las medidas son claras: reducción de movilidad o confinamiento. El problema es cuando aplicarlas. Aplicarlas demasiado pronto supone un daño económico enorme e inútil, aplicarlas demasiado tarde supone empeorar la epidemia. Y había que tomar la decisión en Marzo, cuando el conocimiento del virus era todavía imperfecto y las indicaciones contradictorias.

 

Hay que decidir a quien escuchar. Sabemos que algunos miembros de seguridad nacional avisaron el gobierno en Febrero que había que tomar medidas. ¿Había que escucharlos? Con lo que sabemos ahora podemos decir que sí pero, ¿con lo que sabíamos entonces? En ese momento la OMS todavía no recomendaba confinamientos en Europa (se limitaba a decir a los gobiernos que recomendaran y que difundieran información sobre el virus), y todavía a principio de Marzo el grupo de Risk Assessment de la UE dividía la situación en cuatro escenarios, aconsejaba suspender manifestaciones pública sólo en los escenarios 3 y 4, y sostenía que toda la UE, excepto Italia, estaba en escenario 1. ¿Escuchamos a Seguridad Nacional o a la OME y la UE? No había información suficiente para saber a quien, pero había que tomar una decisión.

 

No se puede claramente escuchar a todas las alarmas: alarmas como la que lanzó seguridad nacional hay tres o cuatro cada año, si el gobierno las escuchara todas nos pasaríamos la vida confinados, y la economía se derrumbaría del todo.

Esta vez los "alarmistas" tenían razón. También un reloj parado marca la hora exacta dos veces al día, pero esto no quiere decir que nos fiamos del reloj parado para saber la hora. Con lo que decía la OMS, la UE, y las organizaciones médicas, no tenía mucho sentido tomar medidas drásticas en ese momento, a pesar de algunos avisos aislados. Y, repito: las decisiones en Febrero se toman utilizando la información que se tiene en Febrero, no tiene mucho sentido juzgarlas con la información que tenemos en Octubre.

 

Quien decide también debe evaluar el riesgo de sobreactuar. En 2015 avisos similares se desataron por una epidemia de Gripe A que podía llegar a Europa causando una situación como la que vivimos ahora. El Ministerio de Sanidad hizo acoplo de vacuna. Al final la Gripe A llegó a Europa de manera muy marginal, hubo pocos casos, la vacuna se quedó en los almacenes y fue vendida con considerable pérdidas económicas. No es inoportuno observar que las mismas voces que critican ahora la "inactuación" del gobierno en Febrero criticaron entonces la sobreactuación, lamentando que el gobierno había comprado más vacuna de lo necesario, con consecuente "despilfarro" de dinero público. Damn if you do, damn if you don't. Los críticos a ultranza no perdonan (ni se informan, lamentablemente).

 

Tomar la decisión correcta es un problema sin solución. Un auténtico Catch 22: hay que actuar, pero no hay la información necesaria para actuar, y sólo actuando la conseguiremos. Se trata de una de las actividades intelectualmente más complejas que puedo imaginar, una en que hay que entrenarse y refinar constantemente. Por esto creo que es oportuna la idea de una comisión independiente que investigue la actuación del gobierno y de los 17 gobiernos autonómicos. No se trata de reprochar y castigar, se trata de comprender como hacerlo mejor si una situación parecida se presentara en el futuro.

 

Donde el gobierno sí parece haber cometido errores evitables es en la segunda ola, cuando ya los conocimientos eran mejore. Dos en particular: haber esperado demasiado en declarar el estado de alarma frente a la inacción de algunas comunidades autónomas y, justo estos días, haber cedido una y otra vez a las peticiones francamente absurdas de la Comunidad de Madrid, tales como el "confinamiento a la carta" que, según los epidemiólogos, no tiene ninguna base científica en cuanto sus efectos son prácticamente imposibles de medir. No sé que consideraciones políticas han empujado el gobierno en esta actitud, pero, desde un punto de vista científico, cuando 16 comunidades hacen lo que hay que hacer y una se niega a hacerlo, el gobierno debería haber tomado más control en esta última, en lugar de ceder frente a la retórica y los insultos, decepcionando así los que están trabajando bien para ponerse del lado de quien no está haciendo nada. 

Tuesday, 27 October 2020

El vestido (legislativo) nuevo del emperador Casado

 El PP reitera su propuesta, bastante nebulosa, de una ley sanitaria que evite la necesidad de utilizar el estado de alarma. No está muy claro cual sería el contenido exacto de esta ley (ni, creo, el PP se ha preocupado de establecerlo), pero, ya con los escasos y contradictorios (Casadianos, lo definiría, si se me permite crear un neologismo) indicadores que tenemos se pueden hacer algunas observaciones.

La primera, parece evidente la inutilidad de esta ley. La constitución ya establece un instrumento para gestionar situaciones de emergencia: el estado de alarma, y la ley orgánica de 1981 establece claramente que una epidemia es una de las situaciones en que hay que declarar un estado de alarma. Ya tenemos un instrumento, con cubertura constitucional, para estas situaciones. ¿para qué nos sirve otro? Parece que lo que quiere Casado es una ley que tenga el mismo contenido del estado de alarma, que permita las mismas medidas que permite el estado de alarma... en definitiva, que sea en todo igual al estado de alarma excepto en el nombre. Quizás Casado debería leer un poco más de Shakespeare: "A rose by any other name would smell as sweet".

La legalidad de esta supuesta ley tampoco está muy clara. Como mínimo, supondría reformar la ley orgánica de 1981, eliminando las epidemias como supuesto para aplicar el estado de alarma. Si no se hace, habrá ambigüedad en la ley: en el caso de epidemia, ¿Qué hay que hacer? ¿Declarar el estado de alarma o el estado de Casadez (se me perdone el estilicidio de neologismos)? También la ley tendría un problema constitucional. No olvidemos que el estado de alarma permite limitar derechos constitucionales, y lo puede hacer sólo porque la misma constitución lo autoriza. La misma constitución que garantiza estos derechos establece en que situaciones se pueden limitar, y estas son el estado de alarma y el estado de emergencia. La ley de Casado reduciría los derechos sin ninguna autorización constitucional. Sería, pues, inconstitucional.

No está muy claro que derechos la ley otorgaría a las comunidades. Los problemas constitucionales serían aquí aún más agudos: los derechos fundamentales están en mano del gobierno de la nación, no de las comunidades. Éste aspecto de la propuesta (nebuloso, como todo el resto) también llama la atención políticamente. El PP, uno de los partidos que quiere reducir el poder de las comunidades, el partido que ha aplicado el Art. 155 para reafirmar el poder del estado central sobre una autonomía, ahora pide otorgar poderes excepcionales a las autonomías, quiere dar a las autonomías el poder delimitar derechos constitucionales sin la cubertura institucional del estado de alarma.

Tampoco es muy claro si el PP quiere extender el uso de su instrumento legislativo a situaciones no de emergencia. Sería otra vez una situación curiosa: el partido que dice defender la libertad permite que se limite la libertad de los españoles más allá de una emergencia.

Ya tenemos un instrumento, mencionado en la constitución, con cubertura constitucional, para gestionar situaciones de emergencia: el estado de alarma. La hipotética ley del PP es una de las dos cosas: o un instrumento inútil, un estado de alarma bajo otro nombre, o un instrumento inconstitucional que limita la libertad y los derechos mucho más allá de lo que permite el estado de alarma. En cualquier caso, una reforma en este sentido supondría una reforma del Título II de la  constitución, algo no razonable en ese momento.

La ley de Casado es el vestido nuevo del emperador: por mucho que los miembros del PP insistan en verla, cualquier niño se dará cuenta que la ley no existe y el emperador anda desnudo.

Thursday, 22 October 2020

La moción de censura de VOX.

En la fallida moción de censura que acamanos de vivir, una cosa en particular me ha llamado la atención: lo poco que Santiago Abascal parece haber preparado su intervención. Esta falta de preparación seguramente tiene una explicación racional, y nos hace cuestionar cual ha sido la real motivación de esta moción.

La interpretación que todos dábamos hasta el miércoles era que se trataba de una jugada de la lucha que se ha desencadenado para el liderazgo de la derecha desde que VOX tiene representación en los parlamentos españoles y, sobre todo, desde el derrumbe de Cuidadanos (el otro contendiente a este liderazgo) en las últimas elecciones.

La moción de censura no tenía esperanza de prosperar, pero daba a Abascal una tribuna inédita de donde llegar más allá de sus electores tradicionales. Ahora, Abascal podía hablar todo el tiempo que quería y tenía derecho ilimitado de réplica frente a cualquier ataque que los otros partidos le podían hacer. Lo más razonable parecía ser que Abascal usara esta tribuna para llegar a los electores del PP o, por lo menos, a los del ala derecha del PP y atraerlos hacía VOX.

Por esto, me parece, tenía que articular un proyecto coherente y fundarlo con datos reales sobre España y la situación actual. Abascal no ha hecho nada de todo esto. En sus intervenciones se ha limitado a repetir los viejos tópicos, la vieja retórica vacía y los viejos insultos. No ha aportado nada positivo, no ha articulado ningún proyecto: se ha limitado a valoraciones negativas sobre los demás, casi siempre sin ninguna base factual.  

Austin diría que el discurso de Abascal contiene más performativos que constativos, es decir, muchas declaraciones sin contenido factual y pocas declaraciones de hechos. Cuando Abascal ha declarado algo, casi siempre se ha tratado de un bulo, y con esto ha dado mucho campo a Sánchez (quien, él sí, se ha preparado y ha llegado armado de muchos datos) para demostrar que lo que decía no tenía sentido. Casi todo lo que ha dicho Abascal lo ha dicho sin dar ninguna base factual a sus declaraciones, y en esto ha dejado el campo libre a Sánchez para desenmascarar sus bulos.

Abascal, a pesar del tiempo que tenía para articular un discurso más razonado y del foro que tenía, no ha desviado de la retórica  habitual de VOX. La impresión es que estaba hablando más a los conversos que a electores del PP que podía atraer. Si su plan era aprovechar la debilidad de Casado para desconectar de él la derecha del PP, no parece que su discurso haya sido el más adecuado a su plan. Si su intención era consolidar el electorado actual de VOX por miedo a que se pueda ir al PP, entonces su discurso ha sido ideal. Un discurso sin argumentación racional, sin ninguna base factual, hecho simplemente de retórica, de bulos y de insultos es, según Abascal, lo que sus electores buscan. Abascal considera sus electores personas irracionales que sólo siguen a quien grita más fuerte. Es posible que tenga razón. Pero está claro que ya no hace falta que nadie insulte a los electores de VOX: para esto está ya el Sr. Abascal.

Sunday, 11 October 2020

La ciencia no es una bola de cristal

La ciencia no es un conjunto de conocimientos, es un método. Un método que nació en el Siglo XVII, remplazando la observación empírica (empereia) de Aristotle con el experimento en condiciones controladas de Galileo, y que llegó a un alto grado de perfección en los siglos XIX y XX. A pesar de los trabajos de Popper, Feyerabend o Kuhn, no está todavía del todo claro cual sea, efectivamente, el método científico, en que consista el juego entre modelo teórico y experimento, si la flasificabilidad experimental es efectivamente el único criterio que hace que una teoría sea "científica", o si la ciencia nos proporciona verdades o sólo modelos que explican los experimentos. 

Una cosa sabemos: el error en los modelos es una parte esencial de la ciencia. Antes de la entropía estuvo el flogiston, antes de la relatividad el éter cósmico, antes de la mecánica cuántica los átomos de Thomson y Rutherford. La ciencia procede en el medio de errores, hace hipótesis y las corrige.

Esto es cierto sobre todo en medicina, una disciplina a mitad entre ciencia y tecnología a que, al mismo tiempo que intenta comprender el objeto de su estudio, se le pide "arreglarlo" cuando hay algo que no funciona. Muchos de los descubrimientos de la medicina se han hecho y usado antes de entender bien su mecanismo biológico, a través de ensayos clínicos que han demostrado la eficacia de algo incluso cuando no se sabía bien como funcionaba. El caso típico es el de la Aspirina, usada a lo largo de todo el Siglo XX con excelente resultado y cuyo mecanismo biológico se ha descubierto sólo a finales del siglo.

Normalmente estos intentos no se ven. Los errores se descubren en ensayos clínicos o experimentos de laboratorio mucho antes que un método o un medicamento sea anunciado al público, y esto puede dar la impresión que la medicina sea una especie de rulo compresor que aplasta con seguridad los obstáculos que encuentra mientras en realidad la medicina es una más como un persona perdida en una foresta que busca el camino de casa basándose en todos los indicios que la foresta le pueda dar, y equivocándose varias veces antes de encontrar el camino correcto.

Pero vivimos en una situación excepcional, y la medicina se encuentra en el medio de una tormenta perfecta. En enero el sars-cov-2 era un virus completamente desconocido, y la ciencia necesitaba tiempo para estudiarlo y para comprender como se extendía la epidemia. Pero al mismo tiempo la gente estaba muriendo, y era necesario tomar decisiones inmediatas, basadas en la evidencia que teníamos en el momento de la decisión, por parcial o incluso incorrecta que pudiera ser.

De allí los cambios de criterios y de opiniones que muchos acechan a incapacidad y que son simplemente el resultado de la evolución de nuestro conocimientos. Los consejos sobre las mascarillas o la eficacia de la hidroxicloroquina han cambiado no porque alguien había mentido, sino porque los conocimientos han cambiado, y la ciencia (al contrario de la religión) cambia de opinión cuando nuevos conocimientos invalidan las conclusiones a que había llegado.

Decir que alguien se había equivocado en Marzo en la base de los conocimientos de Septiembre no tiene mucho sentido: las decisiones se toman en cualquier momento basándose en lo que se conoce en ese momento. La ciencia es racional, pero no tiene la bola de cristal. 

No sé si estas acusaciones derivan de cierto penchant hacia las teoría conspiratoria o simplemente por la escasa educación científica en nuestro país. Una mezcla de las dos cosas, probablemente. 

Los errores de los médicos y de los científicos son, en esta situación, trágicos y cuestan vidas. Pero no se trata, en la gran mayoría de los casos, ni de mentiras ni de incapacidad: se trata simplemente del método científico en acción. Acusar a los científico de haber dado en Marzo recomendaciones que, con los conocimientos de Septiembre, puede haber resultado equivocadas quiere decir acusarlo de no tener una bola de cristal. Nadie, lamentablemente, la tiene. Que la ciencia la tenga es una creencia difundida (y errónea) debida a una lamentable falta de cultura científica en nuestro país (quien sabe como se enseña, por ejemplo, la física en los institutos sabrá que que hablo) y fomentada por unos medios también, a menudo, falto de cultura científica y que demasiada veces sacrifican el rigor en los altares de la espectaculariad y del tecno-optimismo.

En la vida de todos los niños llega el momento en que se dan cuenta que sus padres no son perfectos ni todopoderosos. Ha llegado el momento en que crezcamos de una vez, en que dejemos de esperar soluciones mágicas y en que nos demos cuenta que la ciencia es una creación humana y no es ni perfecta ni todopoderosa. Se trata, simplemente, del método mejor y más racional que tenemos para enfrentarnos a situaciones como esta.  


Tuesday, 6 October 2020

El estilo Gabilondo

Sí, lo confieso, lo admito y lo asumo: me gusta mucho el estilo de Ángel Gabilondo. No puedo decir que estoy completamente de acuerdo con sus ideas politicas, pero aprecio muchísimo su estilo y a él como persona. De hecho, como ideas políticas estoy mucho más cerca de Podemos que del PSOE, pero como estilo y forma de hacer política aprecio más a Gabilondo que a Iglesias. Sé que decir esto en España es casi una blasfemia, pero es así.

No es el único político cuyo estilo aprecio. Ahora mismo puedo pensar en personas con cuyas ideas políticas me identifico mucho más, como Llamazares o, si me apuran, Garzón. Pero Gabilondo, dada la escasa consideración y las muchas criticas que parece tener su manera de hacer política, me parece un buen epítome en que centrarme. Además, el hecho que no pertenezca al partido que voto me ayuda a aislar su manera de hacer política de sus ideas.

Lo encontré y hablé con él, en varias ocasiones en su etapa de rector y siempre fueron conversaciones ineresantes y agradables. Creo que fue un buen rector, un buen presidente de la CRUE y un mediocre Ministro de Educación. Nadie es perfecto.

En el panorama de este tristísimo (por el momento) Siglo XXI, Gabilondo es seguramente una figura atípica. No grita, no insulta. Es capaz de juntar más de cinco parole en una frase con sentido y sin errores. Posee un vocabulario forbito, habla más por argumentos que por eslóganes. En un momento político triste y, se me permita, cutre como este, no me sorprende que no sea un ejemplo para el resto de la clase política.

Se le acusa de inactividad, de no hacerse oír y, efectivamente, es culpable de algo muy serio: habla mucho más en las sedes naturales de la política, los parlamento, que en los medios. Y, cuando habla, habla de una manera que los medios no entienden, por lo menos en un momento como este en que a la primera subordinada cortan el micrófono.

Gabilondo es, sin duda, un político de otros tiempos. Pero, dado el estado actual de la política, dado el ínfimo nivel del debate político, esto me parece más una virtud que un defecto. Así que sí, confieso: me gustaría que en España hubiera más políticos (de mi partido y de otros) que tuvieran la cultura y la urbanidad de Gabilondo.

Thursday, 1 October 2020

Hay que investigar la actuaccion del(os) gobierno(s)

Un grupo de científicos ha pedido al gobierno que promueva una comisión de investigación sobre la respuesta de la administración a la crisis de la covid. La comisión debería ser técnica, no política, y su objetivo no sería buscar responsabilidades y asignar culpas, sino ver lo que se hizo bien y lo que se hizo mal, para, en posible crisis futura, aprender y repetir lo primero y evitar lo segundo.

Es una idea buenísima, y el gobierno debería acogerla y repetirla no sólo a novel nacional sino también a nivel de Comunidades Autónomas: deberíamos aprender de las diferencia entre quien lo ha gestionado mejor y quien lo ha hecho peor para evitar repetir los errores en caso en que algo parecido nos llegue en el futuro.

Todos, desde el gobierno central a las comunidades han tenido aciertos y cometido errores. Y si los errores pueden ser inevitables en una situación tan concitada y variable como la que estamos viviendo, también lo es aprender de ellos. Ya he escrito en otra ocasión (aquí) sobre la Comunidad de Madrid (vivo en Madrid, y no conozco bien las actuaciones de otras comunidades), y quiero ahora considerar algunas actuaciones del gobierno central que han tenido éxito negativo.
  1. El gobierno ha declarado el estado de alarma con un retraso de por lo menos dos días. Una declaración de estado de alarma el 11 o, como mucho, el 12 de Marzo nos habría encontrado en una situación epidemiológica mucho más parecida a la de países como Portugal y Grecia, que han tomado medida con más celeridad. Con "situación epidemiológica" me refiero aquí al número de casos detectados y a su distribución en el terrotorio, y no al número de muertos o a la fecha del primer muerto, como he visto hacer en varios periódicos. Las razones de esta elección las he explicado en otro escrito.
  2. El gobierno ha tardado demasiado en conseguir un número suficiente de test. Desde finales de Abril, España es uno de los países que más test hace por millón de habitantes, pero durante Marzo y parte de Abril el número de test fue claramente insuficiente. A finales de Marzo, Alemania hacía cada semana 511 test por cada millón de habitantes, frente a los 321 de España.
  3. El gobierno ha dejado el control de la desescalada demasiado pronto. El 25 de Junio, por ejemplo, Madrid estaba todavía en fase 2 y, una vez tomado el mando de la desescalada, ha pasado muy rápidamente a la fase 3 y luego a la "nueva normalidad". El gobierno debía haber mantenido el estado de alarma hasta que todas las comunidades hubieran vuelto a la normalidad y que la situación estuviera controlada.
  4. El gobierno tenía que haber tomado el control de la situación en Madrid a principios de Septiembre o, como mucho, a la mitad del mes, cuando estaba claro que la situación se estaba descontrolando.

Los americanos dicen que "hindsight is 20/20": siempre se tiene una visión perfecta de las cosas cuando estas han pasado, y es mucho más difícil decidir en el momento lo que hay que hacer, pero estos cuatro puntos me parecen fallos importantes en la acción del gobierno (hay más, sin duda, estos son los que se me ocurren en este momento). No está muy claro cuales han sido las razones de estos fallos, y una investigación seria debería averiguarlo para evitar repetir estos errores. Desde mi punto de vista personal, puedo hacer alguna hipótesis. Se trata de hipótesis mías, basada en lo que he visto y leído, es decir, en información muy parcial y, por tanto, no se le debería dar demasiado peso. Las ofrezco como contribución al debate.

  1. Las medidas sociales que hay que tomar están muy claras: restricciones de aforos, reducción de la movilidad, confinamiento. Decidir en que momento tomarlas es el problema principal. Tomarlas demasiado pronto daña la economía sin una verdadera ventaja epidemiológica; tomarlas demasiado tarde supone agravar la situación de la epidemia y también tener que adoptar medidas más duras. Italia, Francia e Inglaterra se ha encontrado en la misma situación y han cometido el mismo error.

    El 10 de Marzo el gobierno recomendó salir de casa lo menos posible y evitar contactos estrechos y reuniones de muchas personas. Se trata de recomendaciones que tuvieron éxito en Alemania (que nunca tuvo que decretar el confinamiento) pero no mucho en España, donde las terrazas siguieron llenas hasta el 13. El gobierno evidentemente se equivocó cuando valoró la eficacia de las recomendaciones.
  2. Durante todo el mes de Marzo el mercado internacional era muy complicado, y no había capacidad nacional para producir test en grandes cantidades. Países con más poder económico tuvieron la ventaja en este "seller market" muy competitivo, y España se quedó corta. Habría sido oportuno comprar más test en enero y febrero, pero aquí también juega le dificultad de decidir. En enero no estaba claro que la epidemia iba a llegar con tanta fuerza a Europa, y comprar más de lo que se necesita también expone el gobierno a critica. Es suficiente pensar, por ejemplo, a las críticas que se hicieron en su momento cuando el gobierno compró muchas más vacunas para la gripe aviar de lo que era necesario, pensando que la epidemia llegaría a España cuando, al final, no llegó. A veces es "damn if you do, damn if you don't".
  3. Aquí parece que el problema ha sido esencialmente político. El único instrumento legal que el gobierno de España tiene para imponer la desescalada es el estado de alarma, y las votaciones para prorrogar el estado de alarma se hacían cada vez más complicada. En la última el principal partido de la oposición votó en contra, y desde la oposición se gritaba cada vez más en contra del autoritarismo del gobierno, y varias comunidades presionaban para tomar el control de la desescalada. El estado de alarma se hacía cada vez más problemático. Una reforma legislativa relacionada con situaciones de emergencia médica puede ser oportuna en esto. Por otro lado, como opinión personal, siempre he pensado que en España el ejecutivo tiene demasiado poder, por tanto esta reforma debería estar conectada con otras reformas que permitan un mayor control del parlamento al ejecutivo.
  4. Aquí el problema es parecido al del punto 3. Quitar el control de la movilidad y del aforo a la Comunidad de Madrid habría creado una crisis con la oposición. Una intervención en Madrid habría dado material político a la oposición y probablemente habría tenido un coste electoral para el gobierno. Se trata de un coste que el gobierno debería haber sido dispuesto a pagar.

Como he escrito, estos comentarios son personales y tienen la misma validez que un billete de tres Euros. Por esto es importante que una comisión de técnicos, de médicos y epidemiólogos analice las actuaciones del gobierno y de todos los gobiernos autonómicos.

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