Tuesday, 15 February 2022

¿Es VOX un partido fascista?

 ¿Es VOX un partido fascista? La respuesta depende en parte de lo que entendemos con “fascista”. Si utilizamos una definición muy reducida y llamamos “fascista” sólo el partido liderato por Mussolini entre las dos guerras mundiales, entonces ningún partido fascista existe, ni puede existir, dado que en Italia la constitución prohibe la reconstitución “bajo cualquier forma” del ilegalizado partido fascista. Pero se trata de una definición demasiado reductiva, un poco como decir que la sauna finlandesa sólo se puede hacer en Finlandia. Tampoco podemos tomar la visión, demasiado amplia, que identifica con el fascismo cualquier tipo de estado totalitario. Hubo formas de régimenes totalitarios que nada tienen que ver con el fascismo. Las dictaduras de Stalin, Mao o Pol Pot son ejemplos. ¿Cómo identificamos el fascismo y lo que significa hoy ser fascista? Aquí utilizaré la definición dada por Umberto Eco en uno de sus últimos libros (U. Eco, Il fascismo Eterno, La Nave di Teseo, 2018, traducción en Castellano disponible en ctxt). Eco lo llama el fascismo eterno o Ur-fascismo, e identifica catorce elementos que lo caracterízan. Podemos decir, con cierto grado de seguridad, que cualquier movimiento que tenga por lo menos nueve o diez de estas características se pueda definir fascista. Veámosla una a una, en relación con las políticas, el programa y las declaraciones de VOX.

  1. La primera es el culto sincretista de la tradición. El sincretismo es importante: el sincretismo no es simplemente la juxtaposición de creencias diferentes, el sincretismo tolera las contradicciones ignorándolas.

    Encontramos, claramente, esta característica en VOX. VOX defiende los símbolos tradicionales, defiende lo que ve cultura tradicional (los toros, por ejemplo), el Estado tradicional, y no ve contradicción en defender, por ejemplo, el apoyo a un estado fuertemente centralizado y la independencia de regiones como Madrid o Andalucía. No encuentra contradicción en su proclamada defensa de la libertad con el hecho que muchos de sus exponentes se han negado a reconocer a la gente la libertad de casarse con quien quieren.

     

  2. Este culto implica el rechazo del modernismo. El nazismo y el fascismo adoraban la tecnología, pero su apoyo a este aspecto de la modernidad era sólo la parte superficial de una ideología basada en los valores del pueblo y de la tierra, los mismos valores premodernos de VOX. VOX, así como el fascismo, rechaza el espiritu de la revolución francesa, es decir, el espiritu de la ilustración, base del modernismo. El mensaje de VOX no es principalmente un lenguaje racional: muchas de las posiciones de VOX no sobreviven a un examen racional, ni quieren hacerlo. Su objetivo es despertar emociones, no activar la razón. Este irracionalismo de base es, también, un rechazo al modernismo fundado en la ilustración.

     

  3. El irracionalismo produce el culto de la acción por la acción. VOX, así como el fascismo, mantiene cierto desprecio a la cultura, excepto donde coincide con la tradición (toros, ceremonias religiosas, etc.). Notamos en muchas intervenciones cierto desprecio para los argumentos pacatos de los intelectuales, que se ven como forma de debilidad. El hombre ideal de VOX actúa, no se para a pensar. Actúa bajo el impulso de las emociones inmediatas y si no lo hace se ve acusado de debilidad.

     

  4. El sincretismo no acepta la critica, y el desacuerdo se ve como traición. Creo que ningún partido en España habla de traición tanto como VOX. Quien no está de acuerdo con VOX es un traidor de España. La idea que una persona que no comparte sus opiniones pueda aún así desear lo mejor para su país (y simplemente no está de acuerdo sobre que es lo mejor y como conseguirlo) no entra en los esquemas políticos de VOX. Quien no comparte su visión de España y de sus traiciones es un traidor de la patria.

     

  5. Más en general, se busca el consenso exacerbando el miedo a la diferencia. No hace falta explicar mucho en este caso: VOX usa el miedo a todo lo que es o piensa diferente, desde los inmigrantes hasta las personas LGTBI o a las feministas para fomentar su agenda. La sociedad ideal de VOX es una sociedad homogénea, sin diferencia. EL hecho que una sociedad así no ha existido nunca, ni podría existir sin desaparecer es otro aspecto del sincretismo de VOX.

     

  6. El exito del fascismo se fundaba en un apelo a las clases medias frustradas. En el caso del fascismo Italiano, esta fue la frustración tras la primera guerra mundial, en el caso del nazismo, tras la crisis de 1929. En ambos casos, se generó (y fomentó, con la propaganda) la idea que la democracia no funcionaba, que era necesaria una solución autoritaria, que un "hombre fuerte" podía resolver la situación.

    VOX es un producto similar de la crisis de 2008. Lo absurdo (aquí como en otras crisis) es que la rabia de la gente no se dirige al sistema económico que ha creado la crisis. Al contrario, el populismo fascista nace para dirigir esta rabia hacia otros objetivos (los judios o los inmigrantes, a quien se da la culpa de los problemas) para distraerlos del objetivo principal, de la verdadera causa de la crisis que ha generado la frustración. Esta es la función de la propaganda populista: en lugar de explicar los problemas reales que, en este mundo, son muchas veces complejos y poco intuitivos, se simplifica el discurso y se dirige la rabia hacia objetivos bien identificados y sencillos.

  7. Como consecuencia, el fascismo usa a menudo teorías de complot. A los que se sienten privados de una identidad, el fascismo dice que es un gran privilegio haber nacido en este país. Pero los únicos que pueden proporcionar identidad y cohesión al sentimiento nacional son los enemigos y, si no los hay, es necesario crearlos. Y si necesitan enemigos externos e internos.

    En el caso de VOX esto se traduce en la obsesión con la invasión musulmana y, en medida menor, en el euroescpticismo. Los enemigos internos (que para los nazis eran los judíos) no es difícil encontrarlos: todos los que tienen una idea diferente y que para VOX están recogido bajo la etiqueta (en verdad muy amplia) de "comunistas".

  8. Los enemigos son al mismo tiempo demasiado fuertes y muy débiles. Aquí también podemos reconocer la retórica de VOX. Los enemigos son fuertes, son los “poderes fácticos” (olvidan que los poderes fácticos más fuertes están relacionado con el sistema económico que ellos defienden, pero sobre esto véase el punto 1.), los varios complot comunistas o multiculturalistas, los inmigrantes, hasta la ONU. VOX está rodeado por enemigos en complot el uno con el otro. Por otro lado, no se puede dar a los electores la sensación que los enemigos son demasiado fuertes. Son fuertes, pero al mismo tiempo son débiles, porque no son nosotros y no tienen la fuerza de nuestras convicciones.

     

  9. En el fascismo no hay lucha por la vida, sino vida por la lucha: el pacifismo es colusión con el enemigo. Creo que aquí también podemos reconocer el discurso de VOX. Los discursos de VOX no argumentan, inflaman, con los adversarios políticos no hay debate posible, hay que atacar con cualquier medio disponible, con la mentira y la manipulación, si es necesario. Y esto no se hace en apoyo a un programa político (que, en VOX, no existe), sino simplemente por la lucha. VOX, sin la lucha, no es nada. El desprecio de VOX hacia las organizaciones que buscan la paz y la convivencia, desde Amnesty International a las varias ONG que ayudan a los inmigrantes tiene como imagen especular el apoyo a fuerzas militares y las varias imágenes “militaristas” (todos recordamos Ortega-Smith con el rifle, disparando en un lugar donde ni siquiera lo podía hacer).

     

  10. El elitismo y el desprecio hacia los débiles es también una características del UR-fascismo. Es difícil encontrar un momento en que VOX no se ha metido, a pesar de su retórica, del lado de los fuertes: desde su programa económico que penaliza los servicios (útiles sobre todo para los más débiles) para conseguir reducciones fiscales (buena sobre todos para los más ricos), hasta el desprecio mostrado en ocasiones tales como la crisis de la conexión eléctrica en la cañada real. El elitismo es la ideología más sincera de VOX.

     

  11. Cada uno es educado para ser un héroe. Bueno, no sé si se puede hablar de educación en el caso de VOX, pero el culto del héroe y su asociado culto de la personalidad son sin duda presentes en su ideario. La manera en que se retrata el líder "carismatico" Abascal, o el video de Ortega-Smith disparando tienen mucho del culto de la personalidad, no muy diferente de lo que se hacía con Mussolini, y la invitación implícita a los electores para que asuman estas mismas actitudes tiene mucho de la idea de que cada uno pueda ser un héroe.

     

  12. Dado que la guerra permanente no es posible, el Ur-fascista transpone su voluntad de poder en cuestiones sexuales. Eco menciona claramente, en este apartado, el machismo y la intolerancia hacia la homosexualidad, características que reconocemos claramente en VOX.

     

  13. El Ur-fascismo se basa en un populismo cualitativo. VOX no se basa en un consenso amplio: interpreta las “verdaderas” pulsiones de la sociedad y descartas como españoles “no de bien” los que no están de acuerdo con sus políticas. VOX no necesita preguntar lo que quiere la gente, cuáles son sus problemas: VOX “lo sabe”, sus líderes son los intérpretes reales de las necesidades de los españoles, y preguntar a los españoles se vería como una traición a los líderes.

     

  14. El fascismo habla la neolengua. La neolengua es el lenguaje ficticio que G. Orwell creó en su distopia 1984. El último capítulo del libro explica su motivación y características. El punto esencial de la neolengua es la simplificación, hasta el punto de limitar rigurosamente el significado de las palabra a la sola denotación, de eliminar palabras y eliminar irregularidades. Su objetivo es transformar el lenguaje en algo banal y automático, que pueda ser usado para comunicar sin que se sea al mismo tiempo un instrumento para pensar.

    VOX no llega al punto de regularizar los verbos (ni siquiera Abascal diría tení en lugar de  tuve, ni es esto lo que quiere decir Eco en su punto 14) pero si simplifica los conceptos y el análisis hasta la banalidad. El marco conceptual de VOX es identificar, por cada problema, un culpable contra que dirigir las emociones y una solución sencilla, a menudo la eliminación del culpable identificado (solución que no funciona. Como el mismo Eco nos dice en otra ocasión: per ogni problema complesso c'è una soluzione semplice; ed è sbagliata). Los discursos de VOX no son argumentaciones, no tiene nada de análisis ni de reconocimiento de la complejidad de los problema: se trata en buena parte, de proclamas que tiene como objetivo "calentar" emocionalmente a sus electores.

 

En conclusión, encontramos claramente en VOX 13 de los 14 puntos que definen el Ur-fascismo. El punto 11 es un poco más dudoso o, por lo menos, no es tan claro como los demás. Diría por tanto que, queriendo ser generosos, VOX es un partido fascista en la proporción de 13/14.

Wednesday, 9 February 2022

Sobre el sesgo de confirmación

 Desde hace un tiempo he empezado a meterme en debates en twitter, sobre todo en temas políticos del momento. Muchos son debates interesantes con personas que tienen una opinión distinta de la mia y con que se puede hablar inteligentemente y sin levantar (metáforicamente) la voz. Otros son debates que degeneran rápidamente en acusaciones genéricas (a menudo sobre temas que nada tienen que ver con el tema que estamos debatiendo), descalificaciones personales, tópicos o incluso insultos. Estos debates son aburridos y no enseñan nada, por tanto los dejo inmediatamente. Cosas de las redes sociales.

 Hay una costumbre que, según lo que he notado, es muy difundida, y que encuentro preocupante. Mucha gente para "demostrar" un argumento o validar un dato pone, como si se tratara de una prueba definitiva, un artículo de periódico. De hecho, muchas veces ni siquiera ponen un enlace al artículo, limitándose a una foto del titular. Es decir, hay muchas personas que confirman opiniones y datos sólo con titulares de periódicos específicos.

 Se trata de una costumbre peligrosa sobre todo en un país latino como España. Aquí no hay la costumbre angosajona (un poco hipócrita, eso sí) de separar claramente hechos de opinión, y muchas veces, sobre todo en los titulares, se mezclan las dos cosas para proponer un argumento de carácter ideológico. Doy un ejemplo: una portada del periódico "La Razón" (esta costumbre no es, claramente, limitada a este periódicos: es muy radicada en la prensa española, pero "La Razón" recurre a ella muy a menudo, y este titular reciente me ha llamado mucho la atención). Tras la aprobación, muy rocambolesca, de la reforma laboral, "La Razón" titulaba:

 

La reforma laboral se convalida vulnerando los derechos fundamentales

 

Ahora bien, en este titular hay un hecho indiscutible: la reforma laboral se ha aprobado. La vulneración de los derechos fundamentales es pura especulación. Hay una carta del partido de la oposición que sugiere una violación del reglamento del Congreso. Que estas alegaciones sean ciertas y que, en caso de serlo, puedan constituir una violación de derechos fundamentales, es pura especulación. Si la cosa llegara a la justicia y la justicia se pronunciara en el sentido del titular, entonces el titular sería jurídicamente justificable. Así como es se trata de una acusación muy grave dirigida a uno de los principales cargos institucionales que no tiene ninguna base factual. Está claro que se trata de un titular que no quiere informar sino despertar emociones, que quiere fomentar la rabia y no el conocimiento.

Si uno sostiene que sí se cometieron irregularidades (y es perfectamente legítimo tener esta opinión), no puede razonablemente decir que este titular "demuestra" su opinión. Uno puede admitir que su opinión no tiene ningún fundamento factual (es legítimo, aún si no muy productivo, tener una opinión injustificada), pero no puede razonablemente decir que su opinión está "demostrada" por este titular. Desde el punto de vista lógico-analítico se trata de una afirmación sin sentido.

 Y, a pesar de eso, esto es lo que vemos muchas veces en estos debates y tengo la impresión que es una manera bastante común de formarse las opiniones (admito que esta afirmación no se basa en datos comprobables; por esto la llamo una "impresión"). El problema es que, para cada tema importante, hay interpretaciones de varios tipos. En este caso, hay periódicos que interpretan que hubo irregularidad y periódicos que opinan que no las hubo.   Entonces, ¿en que periódicos me baso? ¿Por qué uno tiene que creer en los que sostienen la tesis de la irregularidad y no en los otros?

Hay aquí un problema muy conocido (y muy estudiado) que se llama confirmation bias (o, sesgo de confirmación). Se trata de la tendencia de las persona en fijarse y dar más crédito a la información que confirma sus ideas que a la que las contradice. No se trata de un defecto o de una perversión de cierta gente, sino de una parte de nuestra constitución psicológica: a todos nos gusta vernos confirmados, ver que nuestras opiniones reciben aprobación social, y todos estamos sujetos al confirmation bias. Lo importante es darse cuenta que así es, e intentar corregir el sesgo (eliminarlo del todo puede ser imposible, pero hay que intentar llegar lo más lejos posible en su atenuación).

 Las redes sociales han multiplicado el número de voces que sostienen posiciones puramente ideológicas sin el freno de la deontología profesional de los periodistas, y esta misma deontología aparece a veces en crisis frente a las presiones del mercado y al imperativo del "click". Las redes sociales han multiplicado los efectos del confirmation bias, como demuestran variosestudios.

Pero, como decía Heidegger, allí donde está el peligro también está la salvación, e Internet, si lo usamos bien, puede ser un correctivo frente al confirmation bias. Internet nos pone a disposición proclamas ideológicos, pero, gracias a Internet, muchas veces podemos acceder no sólo a voces alternativas, sino también a los datos primarios. Hoy en día, tras leer un titular como el que he mencionado arriba, nada más fácil que meterse en la página del Congreso y echar un vistazo al reglamento y a las resoluciones de la mesa. No estaremos todos de acuerdo (ni sería deseable estarlo), pero por lo menos todos nos formaremos una opinión basada en los hechos, y no en los titulares.

En esto los mismos periódicos deberían ayudarnos publicando en la edición digital los enlaces relevantes para el artículo que estamos leyendo. Si se habla de una sentencia, el periódico debería publicar un enlace a una sentencia, si se habla de una ley o de una gestión del gobierno, el periódico debería publicar un enlace a la parte relevante del BOE. Los periodistas, se supone, consultan estas fuentes antes de escribir sus artículos (si no lo hacen, no se merecen ser periodistas), así que publicar en enlace no es mucho trabajo y así los periódicos harían un verdadero servicio público aumentando la calidad del debate político en nuestro país.

 

 

Thursday, 20 January 2022

La falacia de "vacunarme es una elección personal y libre"

La armada de los antivacunas se compone de una pletora de componentes. Al nivel más bajo (desde el punto de vista de la racionalidad) encontramos los negacionistas puros, los que niegan que la covid exista, que sostienen que el número de muertos en 2020 y 2021 ha sido por debajo de la media histórica y que es toda una invención del gobierno, o de la UE, de la OMS, de la ONU, del FMI o de cualquier otra sigla (¿del GPS? ¿de la RAM?). Se trata de las mismas personas que sostienen que Elvis vive, que la CIA (¡la CIA! otra sigla sospechosa de haber inventado la covid) mató a Marilyn Monroe, o que el 11-S no había judíos en las torres gemelas. Es imposible tener la parvenza de una conversación racional con ellos, y no vale la pena intentarlo. Seguimos el consejo que Virgilio da a Dante Alighieri: "non ragioniam di lor, ma guarda e passa".

Luego hay la flotilla de los que aceptan la existencia de la covid pero rechazan la vacunación. Muchos consideran que la vacuna no funciona, que no se ha probado y que "Big Pharma" quiere usarnos como cobayas por su producto defectuoso. Creo que muchos aquí extienden indebidamente una crítica (que considero razonable y bien fundada) a las prácticas comerciales de las grandes farmacéuticas con una critica a la calidad de sus productos y a los protocolos que se han usado para validarlos. Lo único que puedo comentar a estas personas es que les deseo de todo corazón que no tengan nunca una enfermedad grave, dado que, siguiendo sus criterios, deberían rechazar los medicamentos creados por la misma "Big Pharma" y validado usando los mismos protocolos. Afortunadamente estas personas no han salido con la suya en el pasado, si no tendríamos todavía epidemias de viruela o de polio.

La parte más interesante de la armada antivacuna son las personas que no niegan la vacuna, pero consideran que vacunarse es una decisión personal, que es una cuestión de libertad personal y que por tanto no debería haber presión ni, mucho menos, obligación de vacunarse, en cuanto esto sería una limitación intolerable de su libertad a disponer de su cuerpo. Muchas de estas personas aceptan la idea que la vacuna reduce de mucho su probabilidad de acabar en el hospital, pero afirman que se trata de un riesgo personal que ellos están dispuesto a asumir. Dado que ellos son los que se enfermarán por falta de vacuna, su libertad no puede ser limitada.

Creo que el argumento puede ser válido para enfermedades no contagiosas y fuera de una situación de pandemia pero que en este caso falla en dos aspectos, uno estrictamente epidemiológico y el otro de logística hospitalaria. Los consideraré uno a la vez y luego consideraré si los principios que se han aplicado hasta ahora sobre limitaciones de la libertad personal son aplicables en este caso.

Consideremos primero la situación epidemiológica. El parámetro fundamental para determinar la evolución de una epidemia es el llamado $R_0$: el número medio de personas que un infectado contagia durante el periodo de tiempo en que es contagioso. Este parámetro es importante porque el número de nuevos infectados en un momento dado después del comienzo de la pandemia, $N(t)$ es

\[ N(t) = C e^{(R_0-1)t} \]

Si $R_0>1$ este número crece exponencialmente, mientras si $R_0<1$ este número se reduce también exponencialmente. Consideremos un ejemplo en que $R_0$ empieza con un valor bajo (digamos, $0.5$) crece hasta un valor mayor de $1$ (digamos $1.5$), queda en este valor durante $20$ días y luego vuelve a su valor inicial, como en el esquema siguiente

El número de contagiado en un momento dado depende de $R_0$ y crece muy rápidamente con el valor máximo de $R_0$. En la figura siguiente vemos la variación de la curva de contagiado si $R_0$ varia como en la figura anterior pero en un caso su valor máximo es $1.1$ mientras en el otro es $1.2$.

El pico de contagio crece muy rápidamente con el pico de $R_0$, un cambio de $0.05$ en el valor máximo de $R_0$ supone un cambio enorme en la curva de contagios, tanto que la curva más baja casi no se ve. La siguiente figura muestra, en un diagrama logarítmico, el valor de ese pico como función del valor máximo de $R_0$

La variación es representada por una línea recta en el diagrama logarítmico, lo que implica que se trata de una variación exponencial: aumentar $R_0$ en una décima multiplica el número de contagiados. En este caso se trata, claramente de valores teóricos: con una $R_0$ de tan sólo $1.5$ el número de contagiado supera con creces el número de habitantes de la tierra. Claramente, en una epidemia entrarían en juego más factores antes de poder llegar a este número (por ejemplo, a medida que la gente se contagia, queda menos gente para contagiarse, lo que cambia la dinámica de la curva).

Está claro que una variación en este parámetro tiene un impacto sustancial en toda la población: con el número de contagios aumenta el número de hospitalizados, el número de personas con covid permanente o efectos graves en el largo plazo y el número de fallecido. ¿Qué parámetros influye en este parámetro? Simplificando mucho las cosas, podemos escribir la siguiente ecuación:

\[ R_0 = \beta \times \Delta T \times N \]

Donde $\beta$ es la probabilidad que el contacto con una persona infectada resulte en un contagio, $\Delta{T}$ es la duración media de la infección contagiosa en una persona, y $N$ es el número medio de personas con que uno entra en contacto por unidad de tiempo. A la vez podemos escribir

\[ \beta = F \cdot c \cdot \tau \cdot s \]

Donde $c$ es la carga viral de la persona contagiada, $\tau$ es el porcentaje de carga viral que puede pasar del contagiado al no contagiado, $s$ es la susceptibilidad de la persona que potencialmente se contagia, y $F$ es na constante de normalización.

Las medidas de distanciamiento social reducen $R_0$ esencialmente reduciendo $N$: hacen que nos crucemos con menos personas por unidad de tiempo. La mascarilla reduce $\tau$, en cuanto limita la transmisión del virus de una persona contagiada a otra persona.

La vacuna opera sobre varios factores. Desde el lado de la persona vacunada contagiada, reduce $c$ (la carga viral) y $\Delta{T}$, en cuanto una persona vacunada, mediamente, tiene un periodo de contagio menor. Desde el punto de vista de la persona vacunada sana que entra en contacto con un contagiado, la vacuna reduce $s$, en cuanto es menos probable que el virus consiga infectar un contagiado.

Por tanto, desde el punto de vista epistemológico, no es correcto decir que la decisión de no vacunarse es una decisión personal que no tiene efecto sobre la salud de los demás. Al contrario, la vacuna, reduciendo el valor de $R_0$ limita las posibilidades de contagios para todos. Se trata de una decisión personal que tiene repercusiones en la salud de los demás.

A esto hay que añadir las consideraciones de logística hospitalaria. Incluso con la nueva variante y con la vacunación, existe una probabilidad (menor que en olas anteriores, pero no nula) que una persona necesite hospitalización, y esta probabilidad aumenta mucho con las personas no vacunada. De hecho, a pesar de que los no vacunados sean menos del 10% de la población adulta, constituyen la mayoría de los hospitalizados. En este caso también los que se oponen a la vacunación proponen el argumento de la elección personal: si se exponen al riesgo de hospitalización es un problema suyo que no tiene efecto sobre los demás.

Se trata, otra vez, de un principio que puede ser válido en condiciones normales, pero no lo es en una pandemia. En una pandemia como la de covid, los hospitales y sobre todo los centros de salud se colapsan, lo que implica quiere decir que no pueden atender otras patologías. Operaciones se ven retrasadas mientras las condiciones de los pacientes empeoras y el riesgo de efectos secundarios graves aumenta. Controles necesarios no se llevan a cabo por el colapso, y las condiciones de los pacientes empeoran. Puede que la decisión de no vacunarse cause más muertos y efectos secundarios permanentes entres los enfermos de otras patologías que entre los enfermos de covid.

A la base de la decisión de no vacunarse está, me parece, una falta de comprensión de las consecuencias globales de decisiones personales repetidas. Cada uno se repite que una persona no vacunada no cambia las cosas, pero cuando esta decisión se repite en miles o millones de individuos, las consecuencias pueden ser dramática.

Martin Gardner, en uno de sus artículos sobre juegos matemáticos (en particular, en su artículo sobre el dilema del prisionero) propone el concepto de "super-racionalidad". La idea es que si yo tomo una decisión que considero racionales, entonces los demás, siguiendo el mismo razonamiento, llegarán a la misma decisión. Por tanto, en una situación de racionalidad, debemos comportarnos como si nuestras decisiones personales racionales fueran tomada al mismo tiempo por todo el mundo (el razonamiento no se aplica, naturalmente, a decisiones que dependen de gustos individuales: su a una persona no le gusta el brécol, no es necesario que asuma que nadie comerá brécol). Se trata, al final, de la misma idea del imperativo categórico de Kant: "comportate de manera tal de poder desear que los principios de tu acción se transformen en máxima universal". En una situación como la que estamos viviendo, no existen decisiones personales que no influyen en los demás.

Esto nos lleva a la legitimidad del obligo de vacunas. ¿Es legítimo limitar la libertad de elección y obligar la gente a vacunarse? No quiero hablar aquí de la oportunidad de ese obligo (que en España, en la situación actual, es probablemente no necesario), sino de su legitimidad teórica.

Hay un principio bien establecido en los estados democrático: la libertad de una persona termina en el momento en que el ejercicio de su libertad puede o bien causar daño a otras personas o bien limitar la libertad de los demás. No tenemos la libertad de salir disparando por la calle, en cuanto se trata de un comportamiento peligroso; no tenemos la libertad de tirar basura tóxica a los ríos ni de conducir en el lado izquierdo de la carretera. Se trata de ejemplo un poco extremos, pero establecen un principio: no podemos hacer lo que nos da la gana si estas acciones constituyen un daño a los demás. Somos libres en nuestras elecciones personales, pero esta libertad se puede ver limitada en cuanto toca las relaciones interpersonales. Las consideraciones que hemos hecho hasta ahora demuestran, me parece, que en una situación de pandemia la decisión personal de no vacunarse crea una situación de riesgo para los demás. Es por tanto teóricamente posible aplicar el principio de la limitación de la libertad personal cuando constituye un daño para los demás.

Teóricamente posible, como he dicho. Que sea políticamente posible en la situación política actual de este país, o que sea incluso deseable dada la cantidad de vacunados, es otra cuestión.

Hay un dato preocupante. España es uno de los países con más vacunados del mundo si nos limitamos a las primeras dos dosis. Con la tercera dosis no vamos tan bien. No sé muy bien cuales son las razones de ese comportamiento (muy irracional) de los españoles, pero es posible que esto cambie las cosas y que incline la balanza hacia la necesidad de medidas más estrictas.

Tuesday, 4 January 2022

La crisis de la ciencia II: de la iglesia a la economía

La idea de una ciencia pura, abstracta, completamente separada de los problemas de la vida práctica, de una ciencia que se mueve sólo empujada por su curiosidad y su coherencia interna, esta idea del positivismo más radical, es tan palesemente falsa que, probablemente, ni siquiera Auguste Comte, en sus momentos de lucidez, llegaba a creersela.

La ciencia es una actividad humana y por tanto, parafraseando a X, nada de lo que es humano le es ajeno. Desde sus inicios la ciencia ha sido condicionada por la situación social y política: la ciencia moderna empieza con el mecenazgo, los debates públicos y los debates de sobremesa en las cortes barrocas, y los argumentos que un filósofo de corte debería manejar eran sobre todo los que despertaban la curiosidad de las cortes, o eran argumentos de debate público. Tampoco los métodos de la ciencia han sido nunca completamente objetivos y racionales. Por un lado, a la base de la ciencia está una creencia para-racional, es decir, que el mundo es previsible y que con la razón lo podamos, por lo menos en parte, entender. No se trata de una creencia racional, en cuanto es la premisa para que se pueda aplicar la racionalidad al estudio del mundo. Al margen de esta cuestión epistemológica, desde el principio hemos tenido ejemplo de científicos que han usado métodos menos que éticos en favor de sus teorías, sin preocuparse mucho de su verdad.

Un par de ejemplos ayudarán a aclarar este punto. En el Siglo XVII Galileo, uno de los fundadores de la ciencia moderna, era profesor de Matemáticas en la universidad de Padua. Pero en esa época, para tener prestigio un intelectual necesitaba el título de filósofo, y un obscuro matemático y profesor universitario no tenía muchas posibilidades de conseguirlo. Por esto, cuando Galileo se enteró de la invención del telescopio, lo perfeccionó y lo apuntó hacia el cielo: la astronomía era un campo en que se podían hacer descubrimientos que llevarían al añorado título. Y por esto, en el momento en que descubrió los satélites de Jupiter, los llamó siderea medicea, una dedicación a los Medicis que le ganó el título de filósofo de corte. Su carrera estaba hecha.

Galileo también estudió el problema de la flotabilidad de los cuerpos, e hipotizó que la flotabilidad depende sólo de la densidad de un cuerpo. El filósofo Delle Colombe pensaba, siguiendo Aristóteles, que la forma tenía algo que ver. Por esto propuso un experimento: si tomamos una hoja de ébano, hacemos una bolita y la tiramos al agua, esta se hunde. Pero si dejamos la hoja abierta y la posamos en el agua, esta flota. Por tanto, la forma influye en la flotabilidad. Hoy sabemos que Galileo tenía razón, y que la hoja flota por la tensión superficial del agua, pero en la época de Galileo esto no se sabía, y el experimento era perfectamente válido. Pero Galileo, en lugar de proponer otra interpretación u otro experimento (por ejemplo: poniendo la hoja un centímetro debajo del agua en lugar que en la superficie, se puede ver que esta también se hunde), usó su posición a corte y el poder de su mecenas Cosme II para atacar la credibilidad del filósofo, excluirlo del debate y con esto ganó la partida.

Que la ciencia no sea la empresa abstracta y ajena a las preocupaciones terrenales que Comte creía no implica que las presiones que ha recibido siempre hayan sido iguales. Tras un periodo inicial (de que volveremos a hablar) hasta la mitad del Siglo XIX, la ciencia fue una actividad para ricos aristócratas que no dependían de ella para vivir y que por tanto podían dedicarse más o menos a lo que querían. El mecenazgo también apuntaba más al prestigio que la ciencia podía proporcionar independientemente del tema tratado que a temas específicos, lo que proporcionó una cierta libertad al pensamiento científico. Esto no quiere decir que los científicos no tuvieran que implicarse en asuntos más prácticos: el mismo Galileo se ganó el sueldo como filosofo de corte creando dispositivos como el compás Militar, o haciendo cálculo de estabilidad como el que hizo para el monumento ecuestre de Felipe IV que se encuentra hoy en la Plaza de Oriente de Madrid.

Hacia la mitad del Siglo XIX la ciencia se institucionalizó y pasó a formar parte del mundo académico, gracias sobre todo a la reforma de la universidad alemana llevada a cabo por Humboldt y pronto imitada por casi todos los países europeos. Si esto ponía la ciencia bajo la influencia del estado (por lo menos en cuanto entidad que financiaba la investigación), esta influencia fue limitada por el carácter internacional de la ciencia, por lo menos hasta el estallar de la primera guerra mundial. Tras esta y, sobre todo, tras la segunda guerra mundial, asistimos a una creciente militarización de la ciencia y, también, a un cambio de énfasis de la ciencia a la tecnología, que prometía resultados de interés para los militares en tiempo más breve. A pesar de esto, las agencias civiles siguieron financiando la investigación de base, con la idea de que esta era necesaria para el desarrollo a largo plazo.

En los últimos 30 años, la financiación de la ciencia ha sido principalmente privada y con ella ha llegado la idea que la investigación pública puede ser aprovechada por entidades privadas. La comercialización de la investigación empieza al alba del poder neoliberal: el Bayh-Dole act, y el Stevenson-Wylder Technology innovation act, de 1980, permiten a las universidades apropiarse y vender en el mercado privado los resultados de las investigaciones que se han financiado con dinero público. Se trata de un momento clave, el momento en que la academia cambia su función de organismo al servicio de la cultura pública para transformarse en un gestor de investigación que sigue el modelo de la empresa privada.

Esta situación nos devuelve, de alguna manera, a los albores de la ciencia. En el Siglo XVII el mayor obstáculo a la libertad científica era de carácter ideológico: la Iglesia, que en ese momento tenía el dominio cultural y social, no podía tolerar nada que estuviera en contra de su ideología. Había una clara jerarquía: las escrituras (o su interpretación por parte de las iglesias) eran la verdad, y todo lo que iba en su contra debía ser perseguido. La ciencia tardó unos 100 años para liberarse de ese jugo en los países protestantes (después de Newton, en la Europa protestante, ya casi no hubo conflictos entre Iglesia y ciencia y cuando los hubo, como fue el caso del Darwinismo, el poder de las iglesias protestantes no era suficiente como para presentar un serio peligro para la ciencia). En los países católicos las cosas fueron más difíciles: la Iglesia Católica siguió viendo la ciencia, la industria y hasta la burguesía como productos protestantes y por tanto casi-heréticos. Fue sólo a finales del Siglo XIX, con la encíclica Rerum Novarum que las cosas empezaron, muy lentamente, a cambiar.

Hoy en día la situación se repite con un Dios diferente: la economía. Los medios, afortunadamente, han cambiado: ya no se hacen auto da fe con los científicos que no se conforman con la ortodoxia dominante, es suficiente denegarles los fondos. Así como la Iglesia en el Siglo XVII, la economía tiene una ideología y tiene el control político, y así como la Iglesia, no tolera ninguna organización que se salga de su esquema ideológico. El neoliberalismo no es sólo una doctrina de libre mercado y de dominación de la economía sobre la política, es una doctrina cultural que considera el modelo industrial como el único válido, un modelo a que todo tiene que conformarse (1). Locuciones hoy muy comunes tales como "ciencia y tecnología" (que une dos ámbitos culturales que poco tienen que ver el uno con el otro) revelan el nuevo papel que la economía ha asignado a la ciencia. El objetivo es producir resultados de inmediato interés industrial, a detrimento de estudios más significativos pero sin inmediato interés para la industria. Los resultados, es previsible, serán desastrosos ya sea desde el punto de vista cultural que, en el futuro, desde el punto de vista industrial. Si el modelo de investigación que se propone hoy hubiera estado en vigor en los siglos pasados, hoy no tendríamos ni electricidad, ni radio, ni circuitos integrados.

La organización del trabajo científico ha cambiado, imponiendo la lógica del retorno de inversión (ROI: return on investment) que penaliza la ciencia abstracta y el trabajo independiente frente a la ciencia aplicada y a los grandes proyectos planificados. Se intenta eliminar el factor de riesgo de la ciencia, eliminando con esto su vitalidad, lo que lleva Philippe Büttgen y Barbara Cassin a declarar que "la excelencia está matando la ciencia" (L'excellence, ce faux ami de la science, Liberation, 2 diciembre 2010). "La excelencia es el nombre de una perogrullada enorme y de un desastre científico. Unos cuantos buenos laboratorios, incluso excelentes, se han destrozado, han disuelto sus grupos de trabajos, cambiado su programa, excluido a unos investigadores y despedido a otros nada más que para entrar en el grupo de los «laboratorios de excelencia», un título sin fundamento científico, pero que resulta clave para conseguir financiación. Por el título atractivo de «centro de excelencia», las universidades se agrupan en monstruos de ineficacia que nada tienen que envidiar a los antiguos enchufes. Los proyectos que se proponen tienen la gracia de un diccionario de ideas recibidas, se habla de nanotecnologías y de los desafíos del futuro, palabras que gustan mucho a los vicedirectores ministeriales". Once años después, sólo cambiaría una palabra en este texto: hoy, para recibir financiación, en lugar de nanotecnologías hay que hablar de inteligencia artificial.

Gracias a la excelencia, la banalidad de los proyectos aumenta, los proyectos a riesgo disminuyen, y la diversidad entre las universidades desaparece: todo el mundo tiene que trabajar en lo mismo, porque sólo el conformismo será financiado. Cuatro siglos después de liberarse del jugo de la religión, la ciencia ha vuelto al punto de salida bajo el jugo de la nueva religión: el mercado. El mercado decide qué investigación se lleva a cabo y que no, casi siempre basándose en criterios de rentabilidad a corto plazo o, simplemente, de moda. La “big science”, la ciencia que se desarrolla con gr andes medios y, muy a menudo, pequeñas ideas, es un aspecto fundamental de este control. Grandes grupos que necesitan millones y grandes instalaciones harán ciencia más “segura” y “aplicada” que pequeños grupos que pueden asumir más riesgos. Asumir riesgos, por otro lado, se hace siempre más difícil: los sistemas de recompensa académicos se parecen cada vez más a los industriales, y no fomentan la ciencia “arriesgada” que es la que da los mejores resultados en el largo plazo. Hemos llegado al absurdo que los académicos son evaluados también por “transferencia tecnológica”. 

Las universidades se están gestionando cada vez más con criterios industriales, olvidando que gestionar una universidad con criterios industriales tiene tan poco sentido como gestionar una industria con criterios académicos.

Lo que la Iglesia no había conseguido con sus auto-da-fe lo está consiguiendo el mercado con su hegemonía: domesticar la ciencia y doblarla a sus necesidades.

 

Monday, 13 December 2021

La crisis de la ciencia. I: el retorno de la superstición

Los cambios en la mentalidad colectiva de una sociedad se hacen especialmente evidente cuando esa sociedad se enfrenta a una crisis. Y nunca esto ha sido más cierto que en este momento en que nos enfrentamos a muchas crisis que nos llegan a la vez, desde la crisis medioambiental hasta la crisis causada por la pandemia de sars-cov2.

 Lo que estas crisis revelan es un cambio en la actitud social frente a la ciencia, un escepticismo y una falta de confianza que marca una inversión de tendencia respeto a la tendencia general de la modernidad.

 Los varios movimientos anti-vacuna, los negacionistas del calentamiento global, los que directamente no creen que haya una pandemia de sars-cov2 o los que no creen que el virus VIH sea la causa del SIDA, marcan una explosión de movimientos anticientíficos e irracionalistas por todos lados.

 Las razones, como casi siempre, son muchas, complejas e interconectadas. Podemos analizar el papel de la sociedad de consumo, que busca la irracionalidad de los consumidores, irracionalidad que los hace más sujetos a la acción de la publicidad. Podemos mencionar los populismos políticos, que necesitan personas con poco sentido crítico. O simplemente la psicología humana, que busca certidumbres frente a la complejidad y culpable frente a situaciones desagradables, todas cosas que la ciencia, por su naturaleza, no le puede proporcionar, dejando el campo abierto a quien ofrece soluciones falsas pero confortantes. Podemos mencionar la facilidad con que estos bulos confortantes se propagan en las redes sociales, o la facilidad con que los nuevos medios de comunicación permiten crear una "burbuja informativa" en que una persona sólo lee lo que se acuerda con sus opiniones y sus prejuicios.

 Todas son buenas razones, y todas de peso, sin duda, pero, creo, para entender el éxito del irracionalismo anticientífico hay que ir más allá. El fenómeno que se observa no es una superación de una vieja mentalidad científica por parte de una nueva y más sofisticada, se trata de una verdadera regresión a una superstición pre-científica.

 La imagen de una ciencia infalible, que se define como disciplina autónoma independiente de las acciones de los científico, es propia del positivismo ingenuo de Comte y, en menor medida, del más sofisticado positivismo del Círculo de Viena. Esta imagen ya no existe en la ciencia. Desde el falsificacionismo de Popper que intenta superar la paradoja de la inducción(una teoría científica no se acepta si existe un experimento que la confirma, dado que ningún experimento puede justificar una teoría, sino si existe un experimento que la puede falsificar) hasta los trabajos de Feyerabend y Kuhn que revelan como la ciencia es una institución humana, la ciencia ha aprendido a mirar más críticamente hacia si misma.

 Pero no parece ser esto el tipo de superamento del positivismo más común en nuestra sociedad. Lo que vemos he, casi, un regreso a la superstición de tipo religioso en que, esta vez, la ciencia se inserta como dispositivo mágico en que se confía acríticamente y a priori y que se rechaza cuando la verdadera complejidad del procedimiento científico se hace patente.

 En parte esto se debe al cambio de la relación entre ciencia y religión. Durante buena parte del Siglo XX, la ciencia y la religión se han vivido, si no como enemiga, por lo menos como dos disciplinas que intentaban convivir separando sus esferas de actividad: la ciencia se ocupaba del mundo físico, la religión de la esfera moral. Cuando las dos intentaban ocuparse de la misma cosa, el resultado era de alguna manera embarazoso y se resolvían con alguna forma de "doublethink" o considerando que la Biblia hablaba por alegorías (una forma de interpretación casi tan vieja como el cristianismo).

 En las últimas décadas esta relación ha cambiado, y este cambio es evidente sobre todo en EE.UU. donde no hay una iglesia dominante que institucionaliza de forma homogénea la religión y donde cada interpretación se oficializa de alguna manera creando su propia confesión. En EE.UU. se ha asistido a un esfuerzo claro de integrar la ciencia en la religión y de integran el método científico en la hermenéutica religiosa. Así, por ejemplo, los cristianos fundamentalistas no se limitan a decir que la tierra tiene 6.000 años porque así lo dice la Biblia, sino que intentan demostrarlo usando métodos (pseudo) científicos. No se limitan a afirmar que Dios creó todos los seres vivientes, sino que intentan desmontar la evolución usando métodos (pseudo) científicos.

 Desde el punto de vista filosófico, estos esfuerzos no tienen mucho sentido ni desde el punto de vista de la religión ni de el de la ciencia. Desde el punto de vista de la religión, las escrituras representan una verdad absoluta, mientras el método científico sólo llega a verdades provisionales y tentativas. Por tanto, se está intentando demostrar lo que debería ser una certitud usando métodos que, por su misma naturaleza, nunca llegarán a la certeza. Desde el punto de vista científico, lo que se está haciendo es una petitio principii: se empieza una búsqueda sabiendo ya de antemano lo que se quiere encontrar.

 Las consecuencias de esta mezcla son casi siempre desastrosas. Se va desde los casos más llamativo como el del "Institute for Creationist Science" en California hasta los distritos escolares en EE.UU. que quieren enseñar la "creación inteligente" como parte del curriculum científico cuando no prohiben directamente que se enseñe la evolución, hasta los casos más sutiles, donde la mezcla de ciencia y religión ha cambiado la manera de pensar de la gente.

 En muchos aspectos, esta evolución de la mentalidad es comprensible. Vivimos en un mundo que se ha hecho tan complejo que ya no podemos entender nuestro entorno. En una civilización campesina o, incluso, industrial, el entorno de una persona era comprensible. A ciertas acciones correspondían consecuencias claras y directas, y había códigos de comportamiento tradicionales que tenían en cuenta estas consecuencias para decirnos como comportarnos. Todo esto ya ha desaparecido. Vivimos en un mundo tan interconectados y complejo que las consecuencias de nuestras acciones son casi imposible de prever.

 Vivíamos en un mundo esencialmente lineal: pequeñas acciones tenían pequeñas consecuencias y grandes acciones las tenían grandes. Ahora vivimos en un mundo caótico donde pequeñas acciones pueden tener grandes consecuencias y, sobre todo, consecuencias esencialmente imprevisibles. Los viejos esquemas de comportamiento ya no funcionan, y no tenemos de nuevos: hay que construirlos. En un mundo que no entendemos es normal buscar respuestas y esquemas de comportamiento y es natural buscar soluciones claras y sencillas.

 La religión, tradicionalmente, ha proporcionado estas soluciones y mucha gente vuelve a la religión buscando la seguridad que nos daba. Pero al mismo tiempo incluso el buscador de soluciones sencillas no puede ignorar que la ciencia ha cambiado el mundo y que la ciencia es un componente importante de nuestra vida. El problema es que el método científico, por su propia naturaleza, no puede proporcionar soluciones sencillas y definitiva. La ciencia es un proceso, no una solución. De allí el intento de transformarla en lo que no es: en una magia, en una superstición. De allí la rabia anti-científica cuando resulta evidente que la ciencia no es, ni puede ser, la solución mágica que estamos buscando.

 Hubo un momento de alguna manera parecido en la historia de occidente. Entre los Siglos XVI y XVII la revolución Copernicana nos sacó de nuestro lugar en el centro del universo. En la síntesis medieval, vivíamos en un universo que Dios había creado únicamente para nosotros, nosotros éramos el centro, y todo giraba alrededor de nosotros. De repente nos encontramos en la periferia del mundo, en una roca que gira en el espacio junto a otras rocas, en un universo que ya no está hecho para nosotros sino que nos es indiferente, que puede vivir y a funcionar con o sin nosotros.

 En esa época el llamado "desencanto del mundo" resultó en la mentalidad científica, en la ilustración y en la revolución burguesa. Esperemos que el desencanto que vivimos ahora resulte en algo igualmente positivo. Por el momento, las señales no son buenas, pero hay que ser optimista. ¿Que alternativa tenemos?

  

Thursday, 28 October 2021

Lo que no entiendo de la sentencia de Alberto Rodríguez

No soy un abogado ni un juez, ni mucho menos. Mi especialidad son las matemáticas y ciertas partes de la informática teórica. Pero, como todo ciudadanos concienzudo debería hacer (recordemos la "informed citizenry"), cuando hay algo relevante para la vida política de mi país, intento informarme. Mi formación científica me impone informarme sobre datos ciertos y, posiblemente, de primera mano así, cuando se ha desencadenado el debate sobre la condena a Alberto Rodríguez por agresión a un policía y su siguiente pérdida de acta, lo que he hecho, en lugar de limitarse a redes sociales o media (los periodistas, a veces, parecen saber menos del poco que se yo), es ir a leer la sentencia e intentar razonar un poco sobre ella. No se trata de razonamientos de un abogado, y es posible (incluso probable) que me equivoque en uno o varios aspectos. Pero, bueno, esto es lo que me ha parecido.

 La primera cosa que me ha llamado la atención es la falta de pruebas testimoniales y documentales. Como testigo, aparte la víctima (sobre que volveré más adelante) sólo aparece el  Inspector Jefe del C.N. de Policía Su testimonio no aporta mucho a la causa de la acusación (los párrafos en negrita son citas literales de la sentencia):

 

El Inspector Jefe vino a ratificar el contenido de su comparecencia tal como obra en el atestado. Señaló que, mientras estuvo al frente del operativo policial hasta que éste finalizó, no vio al acusado en el lugar. 

 En cuanto a la presencia del acusado en el lugar, es cierto que el Inspector jefe manifestó que, en el tiempo en que permaneció al frente del dispositivo, tal como aparece en algunas imágenes, no vio al acusado. Este afirma que asistió a la manifestación convocada, pero que no llegó al lugar hasta que los hechos hubieron finalizado.

Es decir, el Inspector Jefe no ha visto nada, y no puede comprobar la presencia de Rodríguez en el lugar y en el momento de los hechos. Sí se puede comprobar su presencia en la manifestación, cosa que Rodríguez nunca ha negado. Pero, por el momento, en España participar en una manifestación no es un delito. Ningún otro testigo de la agresión ha sido presentado. Desde esta parte de la sentencia se deduce otro punto. Hay muchos mensajes en las redes sociales que afirman que Rodríguez no es fiable porque mintió sobre su presencia en la manifestación. Es evidente aquí que no es cierto: Rodríguez siempre ha admitido su presencia en la manifestación, pero niega haber estado en el lugar y en el momento de los hechos que se juzgan.

Las pruebas documentales tampoco ayudan. Hay, es cierto, un vídeo, pero, como dice la sentencia:

Los vídeos visionados no incorporan una grabación íntegra ni contienen una secuencia temporal ordenada de todo lo sucedido. Por ello, al no ser una grabación completa, el que algunos hechos no aparezcan en las grabaciones no implica que no puedan ser acreditados por otras pruebas.

 Es decir, el vídeo es demasiado fragmentario para mostrar nada, y para su interpretación el tribunal evalúa su consistencia con otras pruebas. La frase es una obra maestra de sofismo. Prácticamente lo que dice es: “el video no vale nada y no nos dice lo que pasó, pero podrían existir otras pruebas que nos dicen lo que pasó”. También hay un parte médico. Pero, sobre esto, la sentencia nos dice

Las dos peritos reiteraron sus informes. La Dra. Dña. Daisy Herrera insistió en que recogen lo que refiere el paciente y luego se le examina, que lo que está en el parte es lo que ella vio en ese momento y que, aunque no se vean signos o la maniobra no sea positiva, si refiere dolor, se pone medicación, pero es lo que refiere el paciente.

 El parte médico se basa sólo en lo que ha declarado el policía. Los cinco días de baja se han dado porque esto es lo que se da normalmente para lesiones leves, y no porque se han efectivamente detectado estas lesiones. El parte es de un mes y medio después de los hechos y, en ese momento, ya no quedaba rasgo de las lesiones. Sólo la palabra del policía.

 Al final, analizando todo, llegamos a una conclusion: la única prueba independiente de la existencia de la agresión y, aún más, de su autoría, es la declaración de la víctima. Todas las demás pruebas incluso las documentales, se basan en estas. Si eliminamos las declaraciones del policía, no queda nada. Esto lo admite la misma sentencia:

En lo que se refiere a la existencia de la agresión al agente y a la autoría de la misma, la prueba que se ha tenido en cuenta para considerar probados los hechos imputados, consiste, fundamentalmente, en la declaración del agente policial nº 92.025.

 Llegamos así a un punto fundamental: el policía dice que Rodríguez lo ha agredido, Rodríguez dice que no. ¿A quien tiene que creer el tribunal? Los policías tienen,en general, una presunción de veracidad que pone su testimonio por encima de otro. Pero no en este caso. Una sentencia del TS del 27 Marzo 2017 sostiene:

debe distinguirse los supuestos en que el policía está involucrado en los hechos bien como víctima (por ejemplo, atentado, resistencia…) bien como sujeto activo (por ejemplo, detención ilegal, torturas, contra la integridad moral, etc.). En estos supuestos no resulta aceptable en línea de principio que las manifestaciones policiales tengan que constituir prueba plena y objetiva de cargo, destructora de la presunción de inocencia por sí misma, habida cuenta la calidad, por razón de su condición de agente de la autoridad, de las mismas.

Es decir, en esta caso, en que el policía es la víctima, no se puede presumir la veracidad. Su testimonio tiene el mismo valor que el del acusado. En un caso como esto, en que hay dos declaraciones contradictorias, vale el principio "in dubio pro reo": cuando hay duda sobre la interpretación de una prueba o, como en este caso, de unas declaraciones contradictorias, el tribunal debe elegir la opción más ventajosa para el acusado. No es lo que se ha hecho aquí. Se ha asumido, sin más, que el policía decía la verdad y el imputado mentía. Creo que esto, sin más, es suficiente para que instancias superiores anulen la sentencia.

 Si es así, el ataque a la democracia será completo. No voy a entrar en la cuestión de la retirada del acta a Rodríguez (que tiene sus propios problemas, pero analizarlo doblaría el tamaño de este escrito), pero temo que lo que veremos es que el acta ha sido retirada en consecuencia de una sentencia anulada. Es decir, legalmente, se habrá echado del congreso un representante elegido por los españoles que es legalmente inocente. Todo un logro para la democracia.

 Como ya he dicho, esta es la opinión de un profano. No dudo que cualquier abogado o jurista encontrará lagunas y omisiones en mi razonamiento. Sólo puedo reivindicar dos atributos importantes de mi opinión: la he formado sobre la sentencia y los textos jurídicos (y no sobre artículos de periódicos y redes sociales), y he expuesto mi razonamiento en su integridad, sin insinuaciones, mensajes entre líneas o inuendos. Mi análisis está aquí así como sus fuente. Que cada uno haga lo que quiera con ella.

 

 

 

 

Wednesday, 13 October 2021

Por qué una ley de violencia de género es necesaria

El argumento principal de la derecha y la ultraderecha en contra de leyes como la de la violencia de género es que hay que estar en contra de toda la violencia, sea quien sea la víctima. Dado que todas las víctimas son iguales, una ley como la de violencia e género que se aplica sólo a un determinado tipo de víctimas es injusta y discriminatoria.

Se trata de un argumento engañosamente sencillo y plano: ¿quien no está en contra de todo tipo de violencia? ¿Quien puede decir que no todas las víctimas merecen el mismo respeto? (La derecha no parece seguir su propio consejo cuando se trata de víctimas de la represión franquista, pero no quiero ir por este camino en este momento.)

Para justificar la necesidad de leyes de violencia de género, haré un paralelo con el terrorismo. Quiero aclarar que esto no quiere decir que la violencia de género es de la misma naturaleza del terrorismo, de hecho, como aclararé en breve, considero que es en varios aspectos ideológicamente y socialmente el opuesto del terrorismo. Me interesa el paralelo en cuanto se trata, en ambos casos, de formas muy específicas de violencia.

Que el terrorismo sea un tipo específico de violencia es ampliamente reconocido. Un terrorista no es movido por los móviles tradicionales del asesinato (dinero, venganza, etc.), de hecho, en el terrorismo reciente, muchas veces el terrorista ni siquiera conoce las personas que va a matar. Los terroristas, sobre todo los terrorista islamistas de los últimos años, a menudo no intentan huir de la justicia, de hecho, muchos de sus atentados son suicidas. La generalidad de los objetivos de los terroristas (no es posible prever donde un grupo golpeará) y la falta de efecto disuasorio de las condena (a un terrorista no le importa acabar en la cárcel) hacen de este tipo de violencia algo único, y hace muchos años que los gobiernos de todo el mundo han reconocido que esta unicidad necesita leyes específicas.

Por esto existen las leyes antiterrorismo: no porque la víctima de un terrorista sea de alguna manera "más víctima" que la víctima de un asaltador de bancos, sino porque el terrorismo es una forma de violencia específica que necesita ser combatida con instrumentos legislativos y culturales específicos. También las víctimas del terrorismo reciben una consideración diferente a las víctimas de otros tipos de violencia. Esto, otra vez, no quiere decir, claramente, que consideramos las otras víctimas, de alguna manera "víctimas de segunda". El reconocimiento a las víctimas del terrorismo es una manera de denunciar un tipo de violencia de especial relevancia social.

 

La violencia de género es, en varios aspectos, el antítesis del terrorismo. Allí donde la violencia terrorista (por lo menos la de este siglo) quiere matar a un gran número de personas anónimas, la violencia de género se dirige a una persona específica. La violencia terrorista busca sembrar el pánico en una población desconocida a través del asesinato de personas cualquiera. El miedo deriva de la constatación que "podía haberme pasado a mi". La violencia de género es violencia privada: el asesino conoce muy bien a la víctima, y casi siempre ha tenido una relación de pareja con ella. No busca el pánico general, sino la eliminación de una persona específica.

Pese a estas obvias diferencia, el paralelo sigue válido en cuanto se trata, en los dos casos de tipos específicos de violencia que se escapan al alcance de las leyes ordinaria y, especialmente, del efecto disuasorio de la la ley. A un terrorista no le da miedo ser capturado, y de hecho a veces se suicida con el mismo acto que cumple. Al autor de violencia de género tampoco le interesa ser capturado: muchas veces el culpable se suicida o se entrega a la policía. El normal funcionamiento disuasorio de la ley se quiebra aquí. ¿Qué disuasión puede representar la cárcel para una persona dispuesta a suicidarse con tanto de matar a su pareja?

A esto hay que añadir, en el caso de la violencia de género, el miedo de las víctimas potenciales a denunciar.

En los dos casos, terrorismo y violencia de género, nos encontramos frente a dos tipos de violencia que se escapan del marco de la violencia "normal", la violencia utilizada para conseguir un objetivo específico (un robo, una venganza, etc.). Esto hace que en los dos casos sea necesaria una legislación específica, que considere las características peculiares de estos tipos de violencia.

Una de las características de las leyes de violencia de género (ya sea en España o en otros países) es que tienen una fuerte componente no penal. Buena parte de estas leyes tienen que ver con la protección de las víctimas, con cambios culturales que las lleven a denunciar con más facilidad, etc. Se trata de características adaptadas al tipo especial de violencia a que se dirigen, de características que sólo se aplican al caso específico, y que no pueden por tanto ser recogidas por las leyes en contra de otros tipos de violencia.

Que la derecha acepte con entusiasmo la legislación antiterrorismo pero no la sobre la violencia de género es una cuestión ideológica, que nada tiene que ver con el funcionamiento del proceso legal.

 

  

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