Leo en un periódico que el 65% de los jovenes españoles quiere conseguir un trabajo de funcionario. Dada la situación del trabajo en el sector privado en España, la parte que no entiendo es que haya un 35% que todavía quiera trabajar en empresa. Trabajar por una empresa en España supone menos seguridad en el trabajo, un horario peor y todo por menos posibilidades de carrera y un sueldo igual o menos que él de un funcionario. La menor seguridad en el trabajo y el horario más largo con características del trabajo en empresas privadas en todo el mundo. Que estos problemas endémicos no se compensen con un sueldo alto y con la posibilidad de una carrera rápida para los mejores, es una distorción muy latina. ¿En esta situación, quien pondría el trabajo en empresa como su carrera ideal?
Las cosas no tienen porque ser así: la carrera de funcionario tiene, por supuesto, su atractivo, pero también puede tenerlo la carrera en empresa. Hay jóvenes que, por temperamento o historia personal, se sentirían llamados a una carrera de funcionario en cualquier situación económica. Pero hay muchos, muchísimos, que preferirían un trabajo en un ambiente, como se dice hoy, dinámico, competitivo, con posibilidades de ascenso y de dinero. Para conseguir a estos jóvenes, la empresa simplemente tiene que actuar según los principios que predica: basándose en el mercado.
El mercado del trabajo, en que las empresas se mueven se caracteriza por una doble competencia: la del sector público y la de las empresas extranjeras. Un principio elemental de la economía de mercado dice que cuando la demanda supera la oferta los precios suben; las empresas aplican este principio a sus productos: por coherencia y por su mismo interés, tendrían que aplicarlo a sus empleados también. Y mucho más si quieren subir al tren internacional de la innovación científica y tecnológica. La innovación no se hace con mileuristas desilusionados sin perspectivas de sueldo o carrera, sino buscando a los mejores, pagándoles bien, dándole libertad de acción y flexibilidad. Y también, claramente, pidiendo a cambio flexibilidad. Pero la flexibilidad la puede pedir sólo quien la ofrece y en esto las empresas españolas tienen mucho que aprender.
Hace un par de años estaba hablando con un empresario español que, al saber que yo había trabajado durante muchos años en el sector tecnológico en EE.UU. dijo algo como “claro, en EE.UU. es más fácil: encuentras a buena gente, que están dispuestos a trabajar mucho, incluso el fin de semana si se lo pides, y tienes mucha flexibilidad de gestionarlos, e incluso de despedirlos si procede”. Le contesté que todo eso era cierto, pero que también era cierto que un jovén ingeniero en su primer trabajo podía ganar entre 60.000 y 80.000 dolares al año (y esto hace años, cuando un dolar valía más que un Euro), si trabajaba bien doblaba su sueldo en cinco años y, si su proyecto funcionaba y era rentable, se llevaba a casa varios centenares de miles de dólares, y acciones de la empresa. En estas condiciones, claramente, se puede pedir flexibilidad, y es posible atraer a gente con la ganas y la capacidad de inovar. Si queremos un modelo de inovación basado en el mercado, hay que ser coherentes, aceptar sus premisas y sus consecuencias: no se puede hacer mercado a medias. Si las empresas necesitan flexibilidad y creatividad, tienen que ser flexibles y creativas.
Como ejemplo sacado de mi experiencia laboral, cuando trabajaba en la universidad en California, trabajaba mucho como consultor freelance para empresas, sobre todo en la fase de definición de nuevos proyectos. Las empresas veían en esto una manera rápida de conectar con la universidad y de emportar conocimientos del mundo de la investigación. Por lo que he visto, estas práctics resultan desconocidas en España. Una empresa, normalmente, sólo utiliza consultores para tareas muy especificas (instalar un nuevo programa) y, en este caso, el consultor siempre llega de una empresa de consultoría. Este tipo de contratación siempre se hace a alto nivel, y los responsibles técnicos de los proyectos no tienen ni el poder ni el presupuesto para contratar.
No es así que nos podemos enfrentar al mercado internacional de la inovación. El talento, la calidad, la creatividad, hay que ir a buscarlas y retenerlas, sea como sea: con dinero, libertad de acción, libertad de decisión, flexibilidad de horario, etc. Si no, los buenos seguirán marchandose.
La industria española, como dirían los Americanos, “talks the talk, but does't walk the walk”: se basa a menudo en un sistema tan rígido, burocrático y frustrante como él del sector público, sin sus ventajas de horario y seguridad del trabajo. En esta situacción los únicos que quedarán para trabajar en empresa serán los masoquistas y los que no han conseguido sacarse una oposición.
Wednesday, 24 September 2008
Monday, 30 June 2008
weburocracia
Acabo de terminar un innecesariamente largo proceso de entrega (a la ANECA, la agencia de evaluación del ministerio de ciencia) de la documentación para la evaluación del profesorado. He pasado por el penoso proceso de introducir los datos de mi currículo en la aplicación web de la ANECA, por él, igualmente penoso, de recoger documentación en papel para todo lo que había puesto en el currícolo y por él, más rápido, de pasar por un registro público y entregar todo. Un par de preguntas sobre el proceso se me presentan de forma espontánea.
La primera: ¿cual es la utilidad para el usuario de la aplicación web? La entendería si la aplicación web constituyera todo el proceso de solicitud y no tuviera que entregar nada: en este caso, gracias al web, podría hacer todo el proceso desde mi despacho y no tendría que desplazarme. Pero, así, de toda manera tengo que ir a un Registro para entregar los papeles. Entonces, ¿para que me sirve? Desde mi punto de vista las cosas serían más rápidas sin la aplicación web, ya que así sólo tendría que imprimir el currículo que ya tengo y entregarlo junto a los documentos. Con la aplicación web, el currículo que tengo no me vale, y he tenido que introducir a mano más de cien publicaciones, unos veinte cursos y no sé que más. No sólo la aplicación web no me ha quitado trabajo, sino me ha forzado a rehacer una cantidad considerable de trabajo que ya tenía hecho.
La segunda pregunta: pero, ¿porqué tengo que entregar certificados y copias de artículos junto al currículo? Sin esta entrega si que la aplicación web sería útil. Además de costar mucho tiempo e invalidar la web, esta entrega me parece un arcaísmo sin sentido hoy en día. Si la ANECA quiere averiguar que los candidatos no mienten en el currículo, un rápido vistazo al web es mucho más eficaz que una entrega de documentos. Ya que habéis decidido recurrir al web como instrumento de entrega, ¿porque no ser coherentes y recurrir al web también para verificar los datos del currículo? Sin considerar que, en estos días de procesadores de texto e impresoras láser de colores, a un candidato que quiere mentir en el currículo no le resultará demasiado difícil fabricar un certificado o una página de revista falsos.
Lo peor le ocurre a la gente como yo, que ha pasado la mayor parte de su vida profesional al extranjero. Para mucha de las cosas que he hecho en mi vida será imposible conseguir un certificado, porque las he hecho en EE.UU. donde este tipo de burocracia, y los certificados que van con ella, no existen. Resulta así que para la carrera en España, es más útil dar un seminario en una pequeña universidad española cualquiera, donde de dan un certificado, que al MIT, donde, por prestigioso que sea el sitio, el certificado no te lo dan. Menudos criterios de evaluación.
La primera: ¿cual es la utilidad para el usuario de la aplicación web? La entendería si la aplicación web constituyera todo el proceso de solicitud y no tuviera que entregar nada: en este caso, gracias al web, podría hacer todo el proceso desde mi despacho y no tendría que desplazarme. Pero, así, de toda manera tengo que ir a un Registro para entregar los papeles. Entonces, ¿para que me sirve? Desde mi punto de vista las cosas serían más rápidas sin la aplicación web, ya que así sólo tendría que imprimir el currículo que ya tengo y entregarlo junto a los documentos. Con la aplicación web, el currículo que tengo no me vale, y he tenido que introducir a mano más de cien publicaciones, unos veinte cursos y no sé que más. No sólo la aplicación web no me ha quitado trabajo, sino me ha forzado a rehacer una cantidad considerable de trabajo que ya tenía hecho.
La segunda pregunta: pero, ¿porqué tengo que entregar certificados y copias de artículos junto al currículo? Sin esta entrega si que la aplicación web sería útil. Además de costar mucho tiempo e invalidar la web, esta entrega me parece un arcaísmo sin sentido hoy en día. Si la ANECA quiere averiguar que los candidatos no mienten en el currículo, un rápido vistazo al web es mucho más eficaz que una entrega de documentos. Ya que habéis decidido recurrir al web como instrumento de entrega, ¿porque no ser coherentes y recurrir al web también para verificar los datos del currículo? Sin considerar que, en estos días de procesadores de texto e impresoras láser de colores, a un candidato que quiere mentir en el currículo no le resultará demasiado difícil fabricar un certificado o una página de revista falsos.
Lo peor le ocurre a la gente como yo, que ha pasado la mayor parte de su vida profesional al extranjero. Para mucha de las cosas que he hecho en mi vida será imposible conseguir un certificado, porque las he hecho en EE.UU. donde este tipo de burocracia, y los certificados que van con ella, no existen. Resulta así que para la carrera en España, es más útil dar un seminario en una pequeña universidad española cualquiera, donde de dan un certificado, que al MIT, donde, por prestigioso que sea el sitio, el certificado no te lo dan. Menudos criterios de evaluación.
Tuesday, 11 March 2008
Luz y sombra electoral
Desde aquí donde estoy (metafóricamente) sentado, bastante a la izquierda del partido socialista, los resultados de las elecciones del 11 de Marzo 2008 se ven rodeados de luz y sombra.
La parte positiva para la izquierda es clara: la derecha no va a gobernar España durante los próximos cuatro años. (Me imagino que desde el lugar simétrico al mío, a la derecha del PP, esta se verá como la sombra más oscura.) Pero desde aquí a decir que la izquierda española goza de buena salud, el paso es largo y peligroso.
Hay varias razones de preocupación. La primera es muy evidente si miramos a los números: la derecha gana votos y la izquierda no. El PP ha subido en porcentaje, escaños y número de votos y, ya que el PP es prácticamente el único partido de derecha en España, una subida del PP corresponde a una subida de la derecha. Por contra, el PSOE ha ganado sobre todo porque ha concentrado votos de izquierda, quitándolos a otros partidos minoritarios, cuyo papel se encuentra muy reducido después de estas elecciones. En términos absolutos, me parece ver un desplazamiento de votos hacia la derecha, y la izquierda ha conseguido ganar sólo gracias a esta compactación de votos. Me parece un dado preocupante, algo que tener en cuenta en los próximos cuatro años. La situación es analoga a la de uo que gasta más de lo que gana y que para llegar a fin de mes vende el coche. En realidad no ha aumentado sus ingresos, sino ha redistribuido su riqueza (transformandola de coche a efectivo). El juego puede funcionar una vez, pero ahora ya no hay coche: el próximo mes faltará ganar más.
Es cierto que el PP ha hecho una campaña electoral muy populista, explotando el terrorismo y el aflojamiento de la economía. En este último caso, me parece vislumbrar una incapacidad de comunicación que la izquierda tiene que corregir en los próximos cuatro años. El teorema económico de Rajoy no tiene mérito, y debería ser haber sido muy fácil desmontarlo. La economía española se afloja a causa de varios factores: una crisis econímica mundial y una crisis de la burbuja inmobiliaria. Pues, la crisis económica mundial se ha originado en EE.UU. y el gobierno de España no podía hacer nada para evitarla, independientemente de quien gobernaba. De hecho, la crisis econímica se ha originado a través de los mismos mecanismos de libre mercado que el PP asume como su ideología. En cuanto a la burbuja inmobiliaria, y a la especulación sobre el precio de la vivienda, las administraciones locales que más la han favorecido se encuentran en manos del PP, así que, si el gobierno es culpable, el PP lo es doblemente. Finalmente, una mirada a nuestro alrededor nos convencerá que España es uno de los países que menos se encuentran afectados por la crisis mundial, que sigue creciendo, aún si a un ritmo menor, y esto gracias, en parte a la acción del gobierno.
Todo esto para decir que había argumentos para responder rotundamente a los ataques del PP, pero el PSOE no ha sido capaz de utilizarlos propiamente. Algo que la izquierda tiene que corregir.
El segundo dado preocupante de los resultados es la derrota de los partidos "minoritarios" y el fortalecimiento del bipolarismo. Los afectados por este fenómeno son sobre todo ciertos partidos nacionalistas y Izquierda Unida. De todo esto se puede dar, en parte, una lectura en clave de política de las autonomías. El calo de Esquerra Republicana puede ser debido a su actitud frente al gobierno de España, y los electores pueden haber castigado su intransigencia. Esto es posible y, sin duda, ha sido un factor. Pero queda, sobre todo, la posibilidad del "voto útil". Frente a la posibilidad de una victoria del PP la izquierda ha decidido fortalecer el partido con más posibilidades de victoria, desplazando votos de los pequeños a los grandes. Si este es el caso (y habrá que analizar el voto con atención en los próximos meses) España podría moverse hacia un sistema bipolar casi puro, con dos partidos que se alternan al gobierno y los demás alejados del poder y de las decisiones. Ya la derecha no tiene prácticamente opciones fuera del PP. La izquierda podría encaminarse por el mismo camino.
Este camino representaría un empobrecimiento considerable del debate político en España, y un vaciamiento del proceso democrático. La democracia debería ser algo más que elegir el partido que se considera el mal menor. Un bipolarismo puro nos llevaría a una situación muy parecida a la de EE.UU., donde ha generado una "carrera hacia en centro" que ha vaciado los partidos de su personalidad política. Los electores de derecha (para los Republicanos) y de izquierda (para los Dem'ocratas) se consideran como adquiridos, y la acción de los partidos se dirige sólo hacia los precioso indecisos del centro. La consecuencia es que en EE.UU., en 2000, antes de las diferentes posiciones sobre la guerra en Irak, era prácticamente imposible distinguir los Republicanos de los Demócratas. Siguiendo el camino hacia el bipolarismo España está en riesgo de vaciar de manera análoga su sistema político. Hasta ahora la posibilidad que el PSOE perdiera votos a favor de Izquierda Unida ha favorecido una política social de alguna forma izquierdista del gobierno. Si los partidos pequeños desaparecieran, la vocación izquierdista del PSOE también será en peligro. A derecha podría suceder algo análogo.
El debate político de las elecciones de 2012 podría reducirse a decidir si preferimos un presidente con barba (Rajoy) o sin barba (Zapatero). No sería la vieja URSS de un solo partido, pero casi.
La parte positiva para la izquierda es clara: la derecha no va a gobernar España durante los próximos cuatro años. (Me imagino que desde el lugar simétrico al mío, a la derecha del PP, esta se verá como la sombra más oscura.) Pero desde aquí a decir que la izquierda española goza de buena salud, el paso es largo y peligroso.
Hay varias razones de preocupación. La primera es muy evidente si miramos a los números: la derecha gana votos y la izquierda no. El PP ha subido en porcentaje, escaños y número de votos y, ya que el PP es prácticamente el único partido de derecha en España, una subida del PP corresponde a una subida de la derecha. Por contra, el PSOE ha ganado sobre todo porque ha concentrado votos de izquierda, quitándolos a otros partidos minoritarios, cuyo papel se encuentra muy reducido después de estas elecciones. En términos absolutos, me parece ver un desplazamiento de votos hacia la derecha, y la izquierda ha conseguido ganar sólo gracias a esta compactación de votos. Me parece un dado preocupante, algo que tener en cuenta en los próximos cuatro años. La situación es analoga a la de uo que gasta más de lo que gana y que para llegar a fin de mes vende el coche. En realidad no ha aumentado sus ingresos, sino ha redistribuido su riqueza (transformandola de coche a efectivo). El juego puede funcionar una vez, pero ahora ya no hay coche: el próximo mes faltará ganar más.
Es cierto que el PP ha hecho una campaña electoral muy populista, explotando el terrorismo y el aflojamiento de la economía. En este último caso, me parece vislumbrar una incapacidad de comunicación que la izquierda tiene que corregir en los próximos cuatro años. El teorema económico de Rajoy no tiene mérito, y debería ser haber sido muy fácil desmontarlo. La economía española se afloja a causa de varios factores: una crisis econímica mundial y una crisis de la burbuja inmobiliaria. Pues, la crisis económica mundial se ha originado en EE.UU. y el gobierno de España no podía hacer nada para evitarla, independientemente de quien gobernaba. De hecho, la crisis econímica se ha originado a través de los mismos mecanismos de libre mercado que el PP asume como su ideología. En cuanto a la burbuja inmobiliaria, y a la especulación sobre el precio de la vivienda, las administraciones locales que más la han favorecido se encuentran en manos del PP, así que, si el gobierno es culpable, el PP lo es doblemente. Finalmente, una mirada a nuestro alrededor nos convencerá que España es uno de los países que menos se encuentran afectados por la crisis mundial, que sigue creciendo, aún si a un ritmo menor, y esto gracias, en parte a la acción del gobierno.
Todo esto para decir que había argumentos para responder rotundamente a los ataques del PP, pero el PSOE no ha sido capaz de utilizarlos propiamente. Algo que la izquierda tiene que corregir.
El segundo dado preocupante de los resultados es la derrota de los partidos "minoritarios" y el fortalecimiento del bipolarismo. Los afectados por este fenómeno son sobre todo ciertos partidos nacionalistas y Izquierda Unida. De todo esto se puede dar, en parte, una lectura en clave de política de las autonomías. El calo de Esquerra Republicana puede ser debido a su actitud frente al gobierno de España, y los electores pueden haber castigado su intransigencia. Esto es posible y, sin duda, ha sido un factor. Pero queda, sobre todo, la posibilidad del "voto útil". Frente a la posibilidad de una victoria del PP la izquierda ha decidido fortalecer el partido con más posibilidades de victoria, desplazando votos de los pequeños a los grandes. Si este es el caso (y habrá que analizar el voto con atención en los próximos meses) España podría moverse hacia un sistema bipolar casi puro, con dos partidos que se alternan al gobierno y los demás alejados del poder y de las decisiones. Ya la derecha no tiene prácticamente opciones fuera del PP. La izquierda podría encaminarse por el mismo camino.
Este camino representaría un empobrecimiento considerable del debate político en España, y un vaciamiento del proceso democrático. La democracia debería ser algo más que elegir el partido que se considera el mal menor. Un bipolarismo puro nos llevaría a una situación muy parecida a la de EE.UU., donde ha generado una "carrera hacia en centro" que ha vaciado los partidos de su personalidad política. Los electores de derecha (para los Republicanos) y de izquierda (para los Dem'ocratas) se consideran como adquiridos, y la acción de los partidos se dirige sólo hacia los precioso indecisos del centro. La consecuencia es que en EE.UU., en 2000, antes de las diferentes posiciones sobre la guerra en Irak, era prácticamente imposible distinguir los Republicanos de los Demócratas. Siguiendo el camino hacia el bipolarismo España está en riesgo de vaciar de manera análoga su sistema político. Hasta ahora la posibilidad que el PSOE perdiera votos a favor de Izquierda Unida ha favorecido una política social de alguna forma izquierdista del gobierno. Si los partidos pequeños desaparecieran, la vocación izquierdista del PSOE también será en peligro. A derecha podría suceder algo análogo.
El debate político de las elecciones de 2012 podría reducirse a decidir si preferimos un presidente con barba (Rajoy) o sin barba (Zapatero). No sería la vieja URSS de un solo partido, pero casi.
Tuesday, 13 November 2007
Cambio climático "Rajoy style"
Dos aclaraciones que quizás le puedan interesar a Mariano Rajoy. Cuando Rajoy dice que "ninguno me ha garantizado el tiempo que hará mañana en Sevilla. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?" confunde (o finge confundir) micro-previsiones con macro-previsiones. Nadie le podrá decir exactamente el tiempo que hará mañana en Sevilla, pero todo el mundo le podrá decir que en Sevilla en enero hará, medianamente, mas frío que en julio. Las previsiones de cambio climático son de la misma naturaleza: no sabemos exactamente de cuando saldrá la temperatura en Cuenca en el 2030, pero sabemos que, a causa de los gases de efecto invernadero, la temperatura saldrá globalmente de varios grados, y hay varias clases de previsiones (muy negras) sobre los posible efectos. Tomar en serio el cambio climático es una cuestión elemental de gestión de los riesgos: las previsiones no son detalladas, pero los riesgos son tan grandes que merece la pena tomarlos en serio. La urgencia de un problema depende también de sus consecuencias: una probabilidad del 50% de perder 10 Euros la puede ignorar hasta la persona mas prudente; una probabilidad del 50% de morir solo un idiota la ignoraría.
La segunda observación es sobre la caracterización de Al Gore como alguien "que no [ha] firmado el Protocolo de Kioto y [va] dando conferencias". Aquí también Rajoy es ignorante o finge serlo. Al Gore era vicepresidente de EE.UU. durante la presidencia de Bill Clinton, y no tenía autoridad para firmar ningún tratado. Ademas, Clinton sí que firmo el protocolo de Kioto; el problema fue que el congreso (con mayoría Republicana en aquellos entonces) no lo ratificó.
Uno no sabe que pensar, ni de que preocuparse más: de que el líder de la oposición sea de verdad ignorante sobre asuntos tan importantes y básicos, o que sepa muy bien come están las cosas, y las distorsiones con finalidades electoralistas. Uno sospecha que Rajoy no toma en serio el cambio climático sobre todo porque en 300 años no se presentará a las elecciones.
La segunda observación es sobre la caracterización de Al Gore como alguien "que no [ha] firmado el Protocolo de Kioto y [va] dando conferencias". Aquí también Rajoy es ignorante o finge serlo. Al Gore era vicepresidente de EE.UU. durante la presidencia de Bill Clinton, y no tenía autoridad para firmar ningún tratado. Ademas, Clinton sí que firmo el protocolo de Kioto; el problema fue que el congreso (con mayoría Republicana en aquellos entonces) no lo ratificó.
Uno no sabe que pensar, ni de que preocuparse más: de que el líder de la oposición sea de verdad ignorante sobre asuntos tan importantes y básicos, o que sepa muy bien come están las cosas, y las distorsiones con finalidades electoralistas. Uno sospecha que Rajoy no toma en serio el cambio climático sobre todo porque en 300 años no se presentará a las elecciones.
Policía y racismo
Es obvio para cualquiera que lea un periódico que la intolerancia y la violencia racista se están difundiendo de manera preocupante en España. Es una consecuencia embarazosa de la inmigración: es muy fácil ser tolerantes y condenar al racismo cuando no hay extranjeros. Más difícil es la praxis de estos buenos principios en una situación de diversidad racial y cultural.
La violencia racista es siempre condenable, pero lo es doblemente en el caso en que el agresor sea un agente de policía, como en el case reciente del adolescente de Vallecas, supuestamente golpeado y insultado por un agente.
Los agentes de policía tienen una posición peculiar en la sociedad. Por un lado, su trabajo les obliga a frecuentar criminales y gente de comportamiento no muy urbano; el tipo de gente que un ciudadano "normal" prefiere evitar. Por otro lado, los ciudadanos les entregamos a los agentes un poder considerable sobre nuestras personas, y nos privamos de casi todo derecho de defensa inmediata frente a sus actuaciones. Este poder es necesario por el trabajo de la policía, pero el poder siempre debe ir acompañado de la relativa responsabilidad.
Los peligros del trabajo de un policía han generado medidas legales, muy razonables, que consideran como circunstancia agravante de un crimen el hecho que la víctima sea un agente.
El poder que entregamos a la policía hace necesaria la medida simétrica: un crimen es más grave si el agresor es un agente de policía. La gravedad propia del crimen se aumenta por la traición a la confianza de los ciudadanos y de la ley que regula los poderes policiales, y por la odiosidad de un crimen cometido en contra de una persona que, por ley, ve drásticamente reducida su posibilidad de defensa personal en el momento de la agresión. Un crimen xenófobo cometido por un policía es aún más odioso porque la misión de la policía es aplicar la ley a toda persona sin discriminación.
Un agente es, primero, un ciudadano, y goza de todos los derechos legales de cualquier ciudadano, empezando por la presunción de inocencia. Al policía supuesto agresor de Vallecas se le debe dar todo derecho de defensa y, al ser proclamado inocente, el derecho de seguir su vida y su trabajo sin ninguna mancha en su honradez.
Pero, si fuese juzgado culpable de un crimen tan odioso, el castigo tendría que ser ejemplar: hasta más del castigo del imbécil que agredió una Ecuatoriana en un tren en Cataluña. Esto no es a pesar de ser policía, sino por ser policía.
Nosotros, los que le han entregado el poder de detenernos, de pararnos en la calle y de usar la violencia si necesario, lo exigimos.
La violencia racista es siempre condenable, pero lo es doblemente en el caso en que el agresor sea un agente de policía, como en el case reciente del adolescente de Vallecas, supuestamente golpeado y insultado por un agente.
Los agentes de policía tienen una posición peculiar en la sociedad. Por un lado, su trabajo les obliga a frecuentar criminales y gente de comportamiento no muy urbano; el tipo de gente que un ciudadano "normal" prefiere evitar. Por otro lado, los ciudadanos les entregamos a los agentes un poder considerable sobre nuestras personas, y nos privamos de casi todo derecho de defensa inmediata frente a sus actuaciones. Este poder es necesario por el trabajo de la policía, pero el poder siempre debe ir acompañado de la relativa responsabilidad.
Los peligros del trabajo de un policía han generado medidas legales, muy razonables, que consideran como circunstancia agravante de un crimen el hecho que la víctima sea un agente.
El poder que entregamos a la policía hace necesaria la medida simétrica: un crimen es más grave si el agresor es un agente de policía. La gravedad propia del crimen se aumenta por la traición a la confianza de los ciudadanos y de la ley que regula los poderes policiales, y por la odiosidad de un crimen cometido en contra de una persona que, por ley, ve drásticamente reducida su posibilidad de defensa personal en el momento de la agresión. Un crimen xenófobo cometido por un policía es aún más odioso porque la misión de la policía es aplicar la ley a toda persona sin discriminación.
Un agente es, primero, un ciudadano, y goza de todos los derechos legales de cualquier ciudadano, empezando por la presunción de inocencia. Al policía supuesto agresor de Vallecas se le debe dar todo derecho de defensa y, al ser proclamado inocente, el derecho de seguir su vida y su trabajo sin ninguna mancha en su honradez.
Pero, si fuese juzgado culpable de un crimen tan odioso, el castigo tendría que ser ejemplar: hasta más del castigo del imbécil que agredió una Ecuatoriana en un tren en Cataluña. Esto no es a pesar de ser policía, sino por ser policía.
Nosotros, los que le han entregado el poder de detenernos, de pararnos en la calle y de usar la violencia si necesario, lo exigimos.
Tuesday, 19 June 2007
Elecciones
Como socialista de toda la vida (y, un socialista muy de izquierda), los resultados de las elecciones municipales y autonómicas del 27 de mayo en España no me han sentado del todo bien. Nada de dramático. Gastronómicamente no se equivaldrían a una seria indigestión con viaje a urgencia. Más bien a una comida con demasiado ajo que has digerido bien pero que el día después de deja un cierto amargo en la boca.
Es cierto que quizá la mayoría de votos que ha recibido el Partido Popular (el mayor partido de derecha en España, para lectores no españoles) puede no implicar una victoria de su línea política nacional: el resultado nacional se debe en gran parte a la derrota socialista en Madrid, y que esta se debe, por la mayor parte, a la personalidad de los candidatos populares (y a la completa falta de personalidad y plan político de los candidatos socialistas). Sobre todo en el caso del alcalde Gallardón, la gente parece haber votado el alcalde más que el partido. Por lo menos, conozco a gente cercana a las posiciones del PSOE que, en estas elecciones, han votado al candidato popular a la alcaldía.
Aún si no consideramos demasiado los resultados de Madrid, la observación queda que el Partido Popular no ha perdido de forma espectacular. Es raro. En los últimos tres años el Partido Popular ha recurrido a todos medios para defender la hipótesis que el atentado en Madrid del 11 de Marzo de 2004 era obra de ETA o, por lo menos, que se había llevado a cabo con la cooperación de ETA. El proceso a los imputados ha demostrado que, por un lado, esta teoría no tiene ningún respaldo en las pruebas y, por el otro, testigos han dejado entender que en los primeros días después del atentado (con los Populares al gobierno) hubo presión política para buscar esta conexión. La campaña electoral de los Populares se ha centrado sobre todo en el tema del terrorismo, acusando repetidamente al gobierno por una política antiterrorista que es, más o menos, la misma que los Populares seguían cuando estaban en el gobierno, eso sí, con el apoyo de la oposición Socialistas: el gobierno de los Populares hizo una política muy activa de acercamiento de presos al país Vasco incluso en una temporada en que ETA seguía matando en atentados. Rajoy sabe muy bien, aún si no lo dice, que si un día llegará al poder y se darán las condiciones como en 2006, empezará a negociar con ETA, como lo hicieron Aznar y Zapatero, simplemente porque no hacerlo sería criminal.
Uno podría pensar que estas contradicciones, estas teorías de conspiración inexistentes, hubieran resultado en un castigo electoral, si no desastroso, por lo menos sensible. Así no ocurrió, y merece la pena preguntarse el porque.
Me imagino que habrá un gran número de personas, culturalmente y políticamente de derecha, que ven en los Populares su único referente posible. Quiero decir: con mis ideas muy de izquierda creo que yo nunca podría votar a un partido de derecha, y me imagino que habrá mucha gente que piensa como yo al revés: que nunca votaría a un partido de izquierda, hagan lo que hagan los populares. Es una gran ventaja para los Populares porque, mientras a izquierda hay dos partidos principales (el PSOE y Izquierda Unida) que pueden perder votos izquierdistas el uno en favor del otro, a derecha el único referente nacional es el Partido Popular, y una persona de derecha no tiene muchas alternativas: votar a los Populares o no votar.
Pero esto no llega a explicar todo: hay gente, genéricamente de centro, que sí cambia su voto de un partido a otro: si no la hubiera, el resultado de las elecciones sólo cambiaría con el cambio generacional. Esta gente no ha desertado el Partido Popular, a pesar de una política pre-electoral sin muchas bases racionales. En algunos casos la razón puede ser la desinformación. Por lo menos, esto es el caso de una señora que he oído entrevistar y que ha declarado, con dos co..., que el proceso del 11-M había definitivamente desmontado la teoría del PSOE (sic!) según la cual ETA era la responsable del atentado. Con esta gente, claramente, no se puede hacer mucho. Pero tampoco esto lo explica todo.
La solución puede ser mucho mas sencilla y preocupante. El tipo de política que tiene éxito depende, en buena parte, de los medios de comunicaciones que prevalen en una sociedad: hay una forma política típica de los periódicos, una de los libros, una de la radio, y una de la televisión. Políticamente, España ha entrado en todo en la época de la televisión y en televisión se hace política al estilo Americano: con más acusaciones que propuestas (y muy poco importa que las acusaciones tengan sentido o menos), con retórica vacía, con afirmaciones sin substancia (se afirma algo en el telediario de las 21 y se desmiente en él de las 8). El importante es atacar. La gente, sobrecargada de estímulos, recordará las acusaciones, y olvidará, por complicadas y poco mediáticas, las argumentaciones de la otra parte. Las afirmaciones
que quedan y que cuentan son breves y de gran efecto retórico. Que no tengan ninguna base real no es un problema, más bien una ventaja: el adversario se envolverá en una telaraña intentando contraatacar algo que no tiene sentido. El absurdo como figura retórica válida: es la política del sound bite.
Hace años que los Americanos no tienen una campaña electoral donde se hable de propuestas políticas, que están acostumbrados a candidatos que nunca hablan de si mismos, sino, siempre y sólo, de sus adversarios (en negativo, por supuesto).
Era sólo una cuestión de tiempo antes que la dominación televisiva sobre la vida social llegase al mismo punto en España. Somos, por fin, un país moderno.
Es cierto que quizá la mayoría de votos que ha recibido el Partido Popular (el mayor partido de derecha en España, para lectores no españoles) puede no implicar una victoria de su línea política nacional: el resultado nacional se debe en gran parte a la derrota socialista en Madrid, y que esta se debe, por la mayor parte, a la personalidad de los candidatos populares (y a la completa falta de personalidad y plan político de los candidatos socialistas). Sobre todo en el caso del alcalde Gallardón, la gente parece haber votado el alcalde más que el partido. Por lo menos, conozco a gente cercana a las posiciones del PSOE que, en estas elecciones, han votado al candidato popular a la alcaldía.
Aún si no consideramos demasiado los resultados de Madrid, la observación queda que el Partido Popular no ha perdido de forma espectacular. Es raro. En los últimos tres años el Partido Popular ha recurrido a todos medios para defender la hipótesis que el atentado en Madrid del 11 de Marzo de 2004 era obra de ETA o, por lo menos, que se había llevado a cabo con la cooperación de ETA. El proceso a los imputados ha demostrado que, por un lado, esta teoría no tiene ningún respaldo en las pruebas y, por el otro, testigos han dejado entender que en los primeros días después del atentado (con los Populares al gobierno) hubo presión política para buscar esta conexión. La campaña electoral de los Populares se ha centrado sobre todo en el tema del terrorismo, acusando repetidamente al gobierno por una política antiterrorista que es, más o menos, la misma que los Populares seguían cuando estaban en el gobierno, eso sí, con el apoyo de la oposición Socialistas: el gobierno de los Populares hizo una política muy activa de acercamiento de presos al país Vasco incluso en una temporada en que ETA seguía matando en atentados. Rajoy sabe muy bien, aún si no lo dice, que si un día llegará al poder y se darán las condiciones como en 2006, empezará a negociar con ETA, como lo hicieron Aznar y Zapatero, simplemente porque no hacerlo sería criminal.
Uno podría pensar que estas contradicciones, estas teorías de conspiración inexistentes, hubieran resultado en un castigo electoral, si no desastroso, por lo menos sensible. Así no ocurrió, y merece la pena preguntarse el porque.
Me imagino que habrá un gran número de personas, culturalmente y políticamente de derecha, que ven en los Populares su único referente posible. Quiero decir: con mis ideas muy de izquierda creo que yo nunca podría votar a un partido de derecha, y me imagino que habrá mucha gente que piensa como yo al revés: que nunca votaría a un partido de izquierda, hagan lo que hagan los populares. Es una gran ventaja para los Populares porque, mientras a izquierda hay dos partidos principales (el PSOE y Izquierda Unida) que pueden perder votos izquierdistas el uno en favor del otro, a derecha el único referente nacional es el Partido Popular, y una persona de derecha no tiene muchas alternativas: votar a los Populares o no votar.
Pero esto no llega a explicar todo: hay gente, genéricamente de centro, que sí cambia su voto de un partido a otro: si no la hubiera, el resultado de las elecciones sólo cambiaría con el cambio generacional. Esta gente no ha desertado el Partido Popular, a pesar de una política pre-electoral sin muchas bases racionales. En algunos casos la razón puede ser la desinformación. Por lo menos, esto es el caso de una señora que he oído entrevistar y que ha declarado, con dos co..., que el proceso del 11-M había definitivamente desmontado la teoría del PSOE (sic!) según la cual ETA era la responsable del atentado. Con esta gente, claramente, no se puede hacer mucho. Pero tampoco esto lo explica todo.
La solución puede ser mucho mas sencilla y preocupante. El tipo de política que tiene éxito depende, en buena parte, de los medios de comunicaciones que prevalen en una sociedad: hay una forma política típica de los periódicos, una de los libros, una de la radio, y una de la televisión. Políticamente, España ha entrado en todo en la época de la televisión y en televisión se hace política al estilo Americano: con más acusaciones que propuestas (y muy poco importa que las acusaciones tengan sentido o menos), con retórica vacía, con afirmaciones sin substancia (se afirma algo en el telediario de las 21 y se desmiente en él de las 8). El importante es atacar. La gente, sobrecargada de estímulos, recordará las acusaciones, y olvidará, por complicadas y poco mediáticas, las argumentaciones de la otra parte. Las afirmaciones
que quedan y que cuentan son breves y de gran efecto retórico. Que no tengan ninguna base real no es un problema, más bien una ventaja: el adversario se envolverá en una telaraña intentando contraatacar algo que no tiene sentido. El absurdo como figura retórica válida: es la política del sound bite.
Hace años que los Americanos no tienen una campaña electoral donde se hable de propuestas políticas, que están acostumbrados a candidatos que nunca hablan de si mismos, sino, siempre y sólo, de sus adversarios (en negativo, por supuesto).
Era sólo una cuestión de tiempo antes que la dominación televisiva sobre la vida social llegase al mismo punto en España. Somos, por fin, un país moderno.
Monday, 11 June 2007
¿Internet en casa?
Hace unos días, en ocasión del día mundial de internet, varios periódicos han lamentado el estado actual de la red en España: el acceso es demasiado caro, y la conexión es lenta. Más allá de la indudable existencia de estos fenómenos (y, quizás más serio aún, un servicio técnico de una lentitud típicamente latina), estos artículos cometen el pecado (muy común hoy en día, pero no por esto más excusable) de considerar el uso de la tecnología informática o electrónica como un valor absoluto, una variable independiente; de considerar la tecnología como un fin y no como un medio para alcanzar fines, sociales y culturales, que la trascienden.
Es decir, se asume que por el simple hecho de que una técnica exista su uso es un deber social y la falta de uso un problema que la sociedad debe solucionar. Todo esto sin tener en cuenta las costumbres y la cultura de una sociedad. La tecnología ya no se estudia en relación a la cultura en que se introduce, sino como un absoluto cuya adopción entusiasta y rápida es imprescindible: el imperativo tecnológico viene antes de cualquier otro tipo de consideración.
Esta es, creo, una manera incorrecta de operar. Más correcto, frente a una nueva maquina o dispositivo, sería empezar planteándonos el problema de su relación con la cultura y el estilo de vida españoles. El éxito de la telefonía móvil demuestra que una tecnología que se percibe como un reforzador de ciertas costumbres culturales es adoptada masiva y rápidamente.
En el caso de internet puede ser (no lo sé: el problema no se ha investigado mucho) que su presencia en casa no tenga una conexión tan directa con nuestra cultura, que se basa mucho en la interacción personal. España tiene (¿tenía?) una fuerte tradición de vida en la calle que, en cierta medida, va en dirección contraria a la difusión en las casas de un instrumento como internet que puede favorecer el aislamiento. Entre la calle y el http en casa, muchos españoles parecen preferir la calle. Muchos prefieren la vida real de su barrio a la alienación de second life.
Si este es el caso (y, repito, no lo sé), contrariamente a lo que nos impulsan los tecno-entusiastas es bien que la penetración de la red en el hogar sea lenta y superficial: no somos nosotros que debemos adaptarnos a la tecnología, sino ella a nuestro estilo de vida y, en caso de conflicto, la tecnología debe ceder el paso. La tecnología debe ser un instrumento para realizar más completamente nuestros ideales, nuestras aspiraciones y nuestra cultura, no debe ser una cama de Procuste en que tenemos que adaptar nuestra vida.
Muchas aplicaciones útiles de la red no necesitan su presencia masiva en nuestras casas, sino un buen acceso público en bibliotecas, centros culturales, cafés internet y, por supuesto, lugares de trabajo. El uso de aplicaciones internet que nos resultan útiles ya se está expandiendo y, con una mayor confianza en la red fomentada por la familiaridad, se expandirán aún más.
Pero, al final, si a los españoles le gusta más comprar billetes de avión en la agencia de viaje, ¿porque no? La tecnología debe darnos oportunidades y no quitarnos las que tenemos.
Para que la red sea útil no necesitamos crear una generación de reclusos incapaces de relaciones sociales sanas.
Las cosas, por cierto, no van bien. Las empresas ven un gran mercado en los individuos aislados que puede comprar de todo pulsando un botón y hasta la Real Academia Española, en su redacción propuesta para el término, avisa que «internet» debería escribirse con mayúscula. Como el nombre de Dios.
Es decir, se asume que por el simple hecho de que una técnica exista su uso es un deber social y la falta de uso un problema que la sociedad debe solucionar. Todo esto sin tener en cuenta las costumbres y la cultura de una sociedad. La tecnología ya no se estudia en relación a la cultura en que se introduce, sino como un absoluto cuya adopción entusiasta y rápida es imprescindible: el imperativo tecnológico viene antes de cualquier otro tipo de consideración.
Esta es, creo, una manera incorrecta de operar. Más correcto, frente a una nueva maquina o dispositivo, sería empezar planteándonos el problema de su relación con la cultura y el estilo de vida españoles. El éxito de la telefonía móvil demuestra que una tecnología que se percibe como un reforzador de ciertas costumbres culturales es adoptada masiva y rápidamente.
En el caso de internet puede ser (no lo sé: el problema no se ha investigado mucho) que su presencia en casa no tenga una conexión tan directa con nuestra cultura, que se basa mucho en la interacción personal. España tiene (¿tenía?) una fuerte tradición de vida en la calle que, en cierta medida, va en dirección contraria a la difusión en las casas de un instrumento como internet que puede favorecer el aislamiento. Entre la calle y el http en casa, muchos españoles parecen preferir la calle. Muchos prefieren la vida real de su barrio a la alienación de second life.
Si este es el caso (y, repito, no lo sé), contrariamente a lo que nos impulsan los tecno-entusiastas es bien que la penetración de la red en el hogar sea lenta y superficial: no somos nosotros que debemos adaptarnos a la tecnología, sino ella a nuestro estilo de vida y, en caso de conflicto, la tecnología debe ceder el paso. La tecnología debe ser un instrumento para realizar más completamente nuestros ideales, nuestras aspiraciones y nuestra cultura, no debe ser una cama de Procuste en que tenemos que adaptar nuestra vida.
Muchas aplicaciones útiles de la red no necesitan su presencia masiva en nuestras casas, sino un buen acceso público en bibliotecas, centros culturales, cafés internet y, por supuesto, lugares de trabajo. El uso de aplicaciones internet que nos resultan útiles ya se está expandiendo y, con una mayor confianza en la red fomentada por la familiaridad, se expandirán aún más.
Pero, al final, si a los españoles le gusta más comprar billetes de avión en la agencia de viaje, ¿porque no? La tecnología debe darnos oportunidades y no quitarnos las que tenemos.
Para que la red sea útil no necesitamos crear una generación de reclusos incapaces de relaciones sociales sanas.
Las cosas, por cierto, no van bien. Las empresas ven un gran mercado en los individuos aislados que puede comprar de todo pulsando un botón y hasta la Real Academia Española, en su redacción propuesta para el término, avisa que «internet» debería escribirse con mayúscula. Como el nombre de Dios.
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