Friday, 27 April 2012
Los inmigrantes, la sanidad, y los titulares.
Sunday, 25 March 2012
¿Derechos humanos o neocolonialismo?
Los días 13 y 14 de Marzo asistí a un seminario sobre “Democracia y Derechos humanos” organizado por la Universidad Autónoma de Madrid con la cooperación de Amnesty International. El seminario fue bastante interesante, se habló de las cosas que uno puede esperar en un seminario de este tipo: la historia filosófico-política de los derechos humanos, el papel de los derechos humanos en la educación, la crisis de las democracias. Todo interesante, todo según un guion bastante conocido. No surprises.
El segundo día, durante el debate que siguió la primera charla, un participante hizo una pregunta que removió bastante las cosas. Empezó como la típica pregunta en un país Latino: extremadamente larga (en estas latitudes, cada pregunta es una mini-charla), que empieza enmarcando un problema, enmarcando el discurso del poniente en ese problema, agradeciendo al poniente su intervención, resumiendo la intervención, resumiendo la historia de la filosofía occidental, resumiendo la carrera de quien pregunta, y así siguiendo. (A veces pienso divertido que mis colegas Americanos se marcharían en masse tras la primera pregunta: las preguntas Latinas son casi tan larga y retorcida como mis escritos.)
Hacia el final de la intervención, el “storm in the little philosophic teapot” (como diría Fodor); la pregunta incómoda: ¿son los derechos humanos otra forma encubierta de neo-colonialismo? Al fin y al cabo, se trata de una invención occidental, y de una invención bastante reciente (no llega a los trescientos años). El Occidente la ve como un valor universal, e intenta imponerla en todo el mundo. ¿No se trata de la definición misma de colonialismo cultural? El preguntante observó como algunas culturas precolombinas no tenían un concepto de derechos humanos individuales al estilo occidental, pero sí garantizaban a las personas como parte de un conjunto y en este conjunto se añadían derechos que los occidentales no reconoce, como los del medioambiente.
La cuestión es embarazosa, y la intervención generó mucho debate. El argumento preferido de quien contestó (incluso varios de los ponientes) fue que en realidad los derechos humanos son más que un concepto cultural que estamos exportando. Se trata de algo que forma parte de la naturaleza del ser humano. Es cierto que fue la Europa ilustrada quien enunció por primera vez los derechos humanos con la claridad que conocemos hoy, pero no por eso se trata de una invención del siglo XVIII. En realidad, las personas, por su naturaleza, tienen un concepto de derechos humanos. Los derechos humanos son parte de nuestro ser social, y la definición del siglo XVIII simplemente enunció lo que ya existía.
Me parece un argumento inválido. Los derechos "del hombre" (para la mujer habrá que esperar más tiempo) de tipo occidental surgieron en el siglo XVIII y no antes simplemente porque no podría darse un concepto de derechos humanos sin la idea moderna de individuo, una idea que empieza a desarrollarse en el siglo XVII. Para Aristóteles o para Santo Tomás, el discurso sobre los derechos humanos no habría tenido ni pie ni cabeza. En la síntesis medieval, el mundo era una pirámide con Dios en la cima, un puzle en que cada pieza cumplía una misión, la Ciudad terrena era un complemento de la Ciudad celeste, y cualquier violación del orden establecido no era una violación de los derechos humano, sino una ofensa a Dios. Incluso la duda de Antígona, al límite del concepto Griego de ciudadanía, no es una cuestión de dilema entre polis y derechos de la persona, sino un dilema entre dos grupos, la polis y la familia, en que el individuo está integrado y que, solos, le otorgan sentido.
Sólo con el individuo agente, con el individuo moderno, con la consideración de una sociedad como suma de individuos, en lugar del individuo como pieza del tejido social, sólo entonces se puede poner el problema de los derechos humanos. Foucault sostuvo (el L'ordre des choses) que el sujeto moderno nace a finales del siglo XVIII, con Kant. Con Kant el problema de la representación (que, nos cuenta otra vez Foucault, esta vez en Les mots et les choses, ya constituía el episteme de la época clásica) toma una dirección nueva: sólo podemos conocer el mundo así como lo experimentamos, a través de nuestro aparato categórico, y no cómo es de verdad. El sujeto racional asume un papel central en el problema del conocimiento. Al mismo tiempo, con Kant, el sujeto se desdobla. Por un lado, somos la transcendental unit of apperception (no sé cómo se dice en Castellano...), la fuente de las condiciones que hacen posible el conocimiento. Por el otro lado somos objetos de conocimiento, objetos en el mundo. Como objetos del conocimiento somos vinculados a las cadenas de la causalidad, como unidades trascendentales somos necesariamente libres (si no caeríamos en la antinomia de la razón práctica). Quizás es un poco exagerado declarar, como hizo Foucault, que hasta el siglo XIX el hombre no existía, pero parece claro que sin este estado dual del hombre, sin esta libertad transcendental a la base de los imperativos morales, tampoco se podría poner la cuestión de los derechos humanos. No es causalidad, claramente, que la primera declaración de los derechos del hombre se produjera también hacia finales del siglo XVIII, y que naciera en los mismos ambientes ilustrados de que Kant escribirá la filosofía.
Tampoco podemos decir que con el nacimiento del hombre moderno y con el problema de la libertad la cuestión de los derechos humanos quedara zancada. Bertrand Russell nos cuenta que Bentham dividió los artículos de la Déclaration des droits de l'homme en tres grupos: los ininteligibles, los falso, y los que tenían las dos características.
En resumen, los derechos humanos no son un hecho natural, no hay un gen de los derechos. Las sociedades más estables que la historia ha conocido no han tenido derechos humanos. Se trata de un hecho cultural, conectado con una concepción del individuo ilustrada y, por tanto, europea. Quien comenta que exportar los derechos humanos es un acto de neocolonialismo tiene buena parte de razón.
Por otro lado, incluso quien sostiene esta tesis estará dispuesto, de alguna manera, a admitir que existe algo en los derechos humanos que podemos considerar universal. El capitalismo es sólo un sistema económico, e imponerlo es un acto colonialista. Las religiones monoteístas son fenómenos culturales particulares. ¿Los derechos humanos son diferentes? ¿Tenemos el derecho en imponerlos? Nos encontramos en un camino muy estrecho entre el relativismo y el absolutismo. No hay que rechazar demasiado el relativismo: no nos olvidemos que la falta de relativismo es precisamente lo de que acusamos a los fundamentalistas. Pero, de alguna manera, creemos, honestamente, que los derechos humanos son diferentes. ¿Porque pensamos que sea licito para las poblaciones extra-Europea oponerse a la exportación del capitalismo, y no a la exportación de los derechos humanos?
Es posible que cada cultura con una historia bastante larga haya encontrado en su camino algún principio que se pueda considerar universal. Este principio es la contribución de esa cultura a la historia de la humanidad. Es muy probable que la cultura occidental tenga mucho que aprender en materia de relaciones sociales armoniosas, de justicia social, de igualdad, o de relación con el medio ambiente. Otras culturas, quizás, han encontrado soluciones en estos campos y deberían poderlas exportar. Quizás la cultura Europea ha encontrado, por casualidad histórica, el concepto universal de derechos humanos. Se trata de nuestra contribución a la historia de la humanidad.
Exportar los derechos humanos de tipo ilustrado es en parte un acto de violencia cultural, y buena parte el problema consiste en determinar quien tiene la legitimidad para cargarse de este acto. Tenemos, por ejemplo, todo el derecho a dudar de la legitimidad de los gobiernos occidentales. ¿Puede exportar derechos humanos quien ha apoyado a Pinochet, Trujillo o Suharto? La OTAN bombardeó Serbia en 1999 para defender los derechos humanos en Kosovo, al mismo tiempo en que apoyaba a Indonesia en su genocidio en Timor Este, al mismo tiempo que Turquía (miembro de la OTAN) intensificaba su ofensiva contra la población Kurda. Los EE.UU. invadieron Iraq para eliminar el mismo dictador que en los años '80 financiaban. Se negaba cualquier ayuda a misiones de paz en Sierra León, pero se financiaba con 1.000 millones de dólares el ejército Colombiano (e, indirectamente, los grupos paramilitares) y la represión anti-campesina en Guatemala.
Aún si admitimos la validez universal del concepto de derechos humanos, cualquier propuesta que venga de gobiernos con esta historia de actuaciones será vista, correctamente, como un acto de neocolonialismo.
Sólo con la creación de organismos internacionales, en que todas las culturas se encuentren, en que todas las culturas contribuyan a la definición de estos derechos, será posible que los derechos humanos sean reconocidos como derechos universales, por encima de las diferencias históricas y culturales.
Monday, 13 February 2012
Financiación privada, sin privados
incentivar cada vez más a las universidades que incrementan
El ministerio declara apertamente la fuente de estas ideas, que son "inspiradas al modelo USA (sic.)".
Estas palabras necesitarían un profundo debate social sobre las diferencias culturales entre España y EE.UU., sobre la distinta historia y el distinto papel social y cultural de las universidades en ambos países. Habría que abrir un debate político sobre la universidad pública, sobre el papel de la educación (¿cultural o mercantil? ¿formación de ciudadanos intelectualmente sofisticados o de técnicos de empresa?), sobre el conocimiento (¿bien público o de mercado?), sobre el papel de las humanidades (¿bien cultural o educación fuera del mercado?). Si, como decía el ministerio en 2010, la globalización es un hecho, habrá que discutir si hay para ella otra respuesta a parte de la aceptación completa y acrítica que se nos propone.
Pero, dejemos todo esto. Aceptemos, por amor de discusión, que el modelo Americano, con su relación estrecha entre Universidad e industria, ea incondicionalmente positivo, por lo menos para las facultades técnico-científicas, y ocupémonos por el momento sólo de estas, ya que el ministerio mismo no deja tan claro cuál será el papel de las humanidades en su visión mercantilista de la universidad. El problema es: ¿funcionaría en España un modelo parecido?
Hay buenas razones para pensar que no. En EE.UU. este modelo funciona por la presencia masiva de una industria de tecnología avanzada con un gran interés en el desarrollo de la investigación científico-tecnológica de base. Este interés no nace de necesidades puntuales y específicas, sino de la idea que una sociedad avanzada será, directa o indirectamente, beneficiosa para la industria. En 1993 trabajé en los laboratorios de IBM en San José, CA. Allí había, entre otros, un grupo de matemáticos que se ocupaba de teoría de la computación, y un grupo que se ocupaba de física teórica. En la universidad, IBM financiaba todo tipo de investigación de base, desde la teoría de los números hasta la etnometodología. La mayoría de las grandes empresas tecnológicas de EE.UU. tenían una política de financiación parecida. Sin una presencia masiva de este tipo de industria, y sin el tipo de inversión que esta industria representa, el modelo Americano hubiera sido inviable.
En España no existe una sólida de industria tecnológicamente innovadora. Las industrias españolas son, en máxima parte, usuarios de tecnología--incluso de tecnología muy avanzada--pero no son creadores. La industria española, así como se configura hoy, no invertirá en educación superior ni en investigación, simplemente porque no necesita doctores ni los resultados que estos puedan conseguir. Las industrias españolas pagarán para la educación de técnicos poco formados y poco pagados y para una investigación que reducirá la universidad un departamento de desarrollo de proyecto a bajo precio.
Los programas de la "Estrategia 2015" prevén una universidad al servicio de las empresas. En un país donde las empresas son tímidas, jerarquizadas y poco innovadoras esto supone bajar la calidad de la universidad a niveles mínimos. Ya tenemos una universidad que, a parte notable excepciones, no goza de gran prestigio mundial. La "estrategia 2015" nos hará desaparecer del mapa.
En nuestra situación económica y cultural, tendría mucho más sentido dar la vuelta al modelo Americano, desvinculando la universidad de las empresas tradicionales, incapaces de apoyar una universidad de alto nivel. En lugar de poner la universidad al servicio de las empresas, tendría mucho más sentido usar una fuerte inversión pública para transformar la universidad en un líder, en un invernadero para una nueva cultura del desarrollo y de la innovación.
Hay un precedente a que, con las debidas atenciones a las diferencias culturales y a los diferentes equilibrios entre público y privado, nos podemos inspirar: la Universidad de Stanford en los años '30. Construida en el medio de una zona, entonces, profundamente rural y en el medio de la gran depresión, Stanford formaba estudiantes demasiado preparados para su entorno económico. La Universidad usó sus contactos con mecenas y capital de riesgo para hacer lo que en España--a falta de una cultura del riesgo y de una verdadera burguesía emprendedora--se podría hacer con la ayuda del Estado: usar el conocimiento para cambiar su entorno. En el caso de Stanford, el resultado fue lo que hoy conocemos como Silicon Valley, en el caso de España, debería ser un nuevo modelo de desarrollo adapto a las circunstancias en que nos encontramos. El experimento podría funcionar o no (aceptarlo es parte de la cultura del riesgo que nos falta); cierto, no será peor que volver a fomentar la economía del ladrillo y la burbuja inmobiliaria como, parece, el gobierno está haciendo.
Copiar acriticamente el modelo Americano, que no funcionaría en nuestra situación y que incluso en EE.UU. ha entrado en crisis, destruirá la universidad sin ayudarnos a crear un modelo productivo moderno, y nos dejará en las manos de una industria arcaica y anquilosada.
Incluso para copiar hace falta un poco de sentido común.
Tuesday, 10 January 2012
Contra la crisis, vuelve la burbuja inmobiliaria
Este era un análisis compartido más o menos por todos: derecha, izquierdas, analistas, economistas, emprendedores.
En palabras, of course.
Ahora las medidas del gobierno: se penaliza el consumo con un impuesto que golpea sobre todo a la clase media (el 60% de la recaudación del aumento del IRPF provendrá de los sueldos inferiores a 53000 Euro). Se protegen los patrimonios improductivos, negándose a recuperar el impuesto sobre el patrimonio. Se aumenta el desequilibrio del sistema fiscal (España tiene una presión fiscal entre las más bajas en Europa, pero es sexta por imposición al trabajo): se desincentiva el trabajo y se incentiva la renta pasiva. Se elimina el ministerio de Ciencia, y se elimina, en práctica, la investigación con un recorte de 600 Millones de Euros. Tras dos años en que el gobierno Zapatero ha recortado o congelado, este recorte supone un golpe mortal a la investigación en España. Los mejores investigadores se marcharán (los que se marchan son siempre los mejores, ya que son los que más fácilmente encuentran trabajo en el extranjero). Los burócratas de la investigación, los que fuera de España no encontrarían nada, se quedarán.
El problema, en términos económicos, es sencillo: ¿queremos investigadores de calidad en España? Los investigadores de calidad son relativamente pocos, y todo el mundo intenta llevárselos. Para que se queden hay que darle una buena compensación económica (es curioso que un gobierno que se declara capitalista no aplique aquí una de las normas más básicas del capitalismo) y condiciones para poder hacer bien su trabajo. Si no se las damos, los buenos se irán, y nos quedaremos con los que el resto del mundo no quiere.
Una cosa (entre muchas, sin embargo) diferencia España de los países punteros de Europa, de los que han sufrido mucho menos la crisis: un modelo productivo basado en el conocimiento, una educación bien financiada y de calidad, y una gran consideración, económica y social para la investigación. En el medio de una crisis al principio de que estábamos más cerca de Grecia que de Finlandia, el gobierno ha decidido que la mejor solución es alejarnos de Finlandia y acercarnos a Grecia.
Finalmente, vuelve una de las estrellas de la burbuja inmobiliaria: la deducción por compra de vivienda, una de las medidas más contraproducentes del modelo fiscal español. Es una desgravación que sale muy cara: en 2008 llegó a costar más de 6.000 millones de euros. Es regresiva, porque beneficia más a las rentas más altas y se llega al absurdo de que el Estado subvencione, por ejemplo, mansiones de varios millones de euros si se trata de la “vivienda habitual”. Y además es injusta, porque realmente no ayuda a las familias, sino a las empresas del ladrillo: los vendedores acaban repercutiendo esa deducción en el precio final.
En definitiva, las medidas del gobierno miran a confirmar un modelo económico basado en la construcción. Justamente el modelo económico que nos ha llevado a la crisis.
Thursday, 13 October 2011
¿Socialdemocracia o Neoliberismo?
Claramente, en todo caso habrá que hacer cambios y ajustes relacionados con la situación actual, pero la base en que se insertarán estos cambios será una de las dos: la Socialdemócrata o la Neoliberal.
Para elegir nuevas alternativas no es mala idea echar un vistazo al pasado. Al fin y al cabo, como escribió Edmund Burke "those who don't know history are destined to repeat it." Y si miramos a como estos dos modelos han funcionado en el pasado, no cabe duda que el Socialdemócrata gana por KO técnico.
Falta no hace (no debería) recordar que fue el New Deal, un plan de inspiración casi Socialista que sacó EE.UU. de la última crisis comparable con la actual, la de 1929.
Tras la segunda guerra mundial, Europa fue, grosso modo, socialdemócrata desde 1948 hasta la década de los '80, y neoliberal después (España, en esto, es un caso aparte, a causa de la dictadura). En este periodo hubo quizás el incremento más grande en nivel de vida que se recuerde en la historia de Europa. La esperanza de vida aumentó de diez años, la educación hizo un salto impresionante, se impuso el acceso universal a la universidad y a la sanidad. En 1948 Europa era un continente pobre, con alta tasa de analfabetismo, y una presencia importante de enfermedades de infección. En 1985, tras 40 años de Socialdemocracia, Europa tenía la calidad de vida más alta del mundo.
En los mismos EE.UU. en los años '50, una de sus épocas de mayor prosperidad y desarrollo económico, los impuestos para las clases más pudientes llegaban al 65%.
Tampoco parece cierto que la bajada de impuestos sea necesaria para fomentar la inversión y el desarrollo económico: España y Grecia tienen una presión fiscal muy por debajo de la media Europea, Finlandia y Suecia muy por encima. A pesar de esto la industria se ha desarrollado y sigue invirtiendo mucho más en estos últimos dos países que en España o Grecia. Hay factores culturales mucho más importantes que los impuestos y. Si estos factores son presentes, las inversiones existirán independientemente de la presión fiscal. Si no son presentes, impuestos bajos resultarán simplemente en un desperdicio, en cuanto las clases adineradas no usarán el dinero para inversiones productivas. Esto es cierto sobre todo en España, país que nunca tuvo una burguesía emprendedora y donde muchas de las grandes fortunas están relacionadas con la antigua aristocracia terrera, y son improductivas.
El neoliberalismo ha sido, prácticamente siempre, un fracaso social. Incluso en EE.UU., el país en que se ha creado y en que se daban las mejores condiciones culturales y económicas para su éxito, la revolución neoliberal ha aumentado la pobreza, reducido la calidad de vida, reducido el acceso a la sanidad y a la universidad. La carga de trabajo y la inseguridad que el neoliberalismo ha supuesto para las clases pobres ha sido mencionada como causa determinante de la disgregación social que los EE.UU. viven desde los años ’80. El neoliberalismo empobrece la gente y destruye la sociedad.
En el mundo, el neoliberalismo ha creado un sistema en que el 1% más rico posee más riqueza que el 90% más pobre, en que un tercio de la población mundial vive en la pobreza. Claro, el neoliberalismo no ha inventado el hambre en el mundo, pero es cierto que desde 1980 el problema ha empeorado notablemente.
La elección parece ser entre un sistema que ha funcionado, que ha conseguido frenar la codicia de los mercado y hacer sí que trabajaran para el bien común, y un sistema que se ha basado en esa codicia, generando pobreza y desigualdad.
La única ventaja (importante) que tiene el sistema neoliberal es un aparato notable de propaganda. Como dijo un editorialista del New York Times: "El sistema ha convencido a los pobre que en realidad son ricos que están pasando una mala racha".
Lamentablemente, en la era de la televisión, la propaganda lo es todo, y por esto es muy probable que el sistema de la codicia y de la pobreza gane las elecciones en Noviembre.
Tuesday, 4 October 2011
¿Democracia?
Notamos que los recortes no se justifican por ser gastos inútiles. Ni siquiera la Sra. Aguirre o la Sr.a De Cospedal los justifican así, mucho menos el gobierno central. No se están recortando gastos que no sirven para nada (medida que, incluso en tiempos de crisis, tendría cierto sentido). No: se están recortando el gasto sanitario y el gasto en educación, que cierto inútiles no son, el primero teniendo que ver con nuestra salud, el segundo con nuestro futuro.
El el afán de recortar, se olvidan incluso los problemas económicos de España: muchos economistas y muchos institutos internacionales advierten que los recortes deprimirán la economía, impedirán la recuperación y, al contrario, generarán recesión. Además, en un momento en que todos los políticos reconocen que el problema principal de España es el paro, hay que notar que sólo los recortes en Madrid y Castilla La Mancha han generado casi 10.000 parados. Si esta es la manera con que las administraciones piensan resolver el problema más importante de España (según su misma admisión), no la entiendo.
En ciertas administraciones de derecha, los recortes y el ataque al estado de bienestar tienen una justificación ideológica, no cabe duda. Pero preocupa más la justificación del Presidente del Gobierno para los recorte que el impuso: "No podemos hacer otra cosas". El problema verdadero es que creo que Zapatero tenga razón.
Si por un lado la elección de que recortar es a menudo política (sanidad y educación para el PP), la decisión de recortar ya no está en mano de los políticos. Los mercados financiero, que tienen a los estados en su poder a través del control de la deuda, imponen y disponen. Hay que hacer recortes no porque pensamos, políticamente, que son útiles, no porque los Españoles han decidido que se trata de una medida necesaria para salir de la crisis. Hay que recortar, simple y llanamente, porque los mercados financiero lo quieren, y tienen el poder para imponer lo que quieren.
Si esto es cierto, entonces ya es tarde para luchar para defender nuestra democracia: ya la hemos perdido. En una democracia el poder está en el pueblo, pero si la justificación que nos ofrecen para los recortes es cierta (y yo creo que lo es), el pueblo ya no tiene el poder. Vivimos en un régimen de oligarquía económica, en que los bancos de inversión, las agencias de calificación, y organismos no-democráticos como el FMI tienen el poder decisiones, y la política (es decir, indirectamente, el pueblo) solo puede obedecer.
Thursday, 1 September 2011
La Europa de los mercados
La situación insostenible de una Europa de los mercados, sin una coherencia política, una Europa
que en los últimos veinte años ha desviado de sus mejores intenciones para convertirse en un mecanismo perfecto para los especuladores, en una entidad con una moneda única pero sin una política económica única.
Se ha dicho muchas veces que es necesario volver a una Europa en que la política prime sobre los mercados. Lo lejos que estamos de esta Europa lo revela la facilidad con que se está vaciando el
tratado político más emblematico de la Europa "de los ciudadanos", él de Shenghen sobre la libre
circulación, mientras que las clausolas del tratado de Maastricht que han contribuido a la
debilidad de los gobiernos frente a los especuladores no se ponen en discusión.
Economistas, intelectuales, periodistas y el movimiento 15-M han debatido en varios foros la
necesidad de recuperar del primato de la política, y se trata sin duda del debate más apasionante e importante de este otoño electoral. Pero, por el momento, la política parece desintersarse
del problema, sobre todo los hombres que se enfrentarán a las urnas para gobernar España.
Estamos entre el Sr. Rajoy, que habla sólo de recuperar la confianza de los mercados (sin decir como, e ignorando lo volátil y rapaz que es tal confianza: si les damos algo, los mercados siempre pedirán más), y un Sr. Rubalcaba que dice y no dice, pero que al final parece dispuesto a implementar sin discutirlo el plan de austeridad que los mercados exigen, y aprueba la reforma de la costitución. Los políticos, parece, prefieren hablar de otras cosas.
Un desarrollo separado fuera de Europa ya no es viable: el proceso de integración económica es prácticamente irreversible. Si no consegue fomentar una via política a la unidad Europea que la defenda del poder de los mercado, España tendrá que recitar, con mucha amargura, las palabras de
Ovidio: nec sine te nec tecum vivere possum. Pero no se tratará de amor, sino de pobreza.